Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 01 de octubre de 2022
  • Actualizado 16:26

EN SIPE SIPE

Lark'a allay, la tradición que integra comunidades y previene desastres

Los varones remueven la tierra de una acequia principal por la que circula el agua para riego. Las mujeres hacen un banquete para compartir luego del arduo trabajo. 
Un grupo de comunarios con herramientas para cavar la acequia.            NOÉ PORTUGAL
Un grupo de comunarios con herramientas para cavar la acequia. NOÉ PORTUGAL
Lark'a allay, la tradición que integra comunidades y previene desastres

Cada Lunes de Pascua, desde la época de la hacienda en Cochabamba, el tradicional Lark’a allay (cava de acequia, por su traducción del quechua) deja a algunos comunarios de Sipe Sipe “(…) embarrados. Las caras ni siquiera se pueden reconocer”, contó Ernesto Vargas, un lugareño.

Siguiendo esta costumbre, a principio de esta semana los hombres de Vinto Chico, Quiroz Rancho, Caramarca y Payacollo, entre otras comunidades, removieron la tierra de una acequia principal del Valle Bajo para que en el transcurso de este año el agua llegue hasta terrenos agrícolas.

Si ese canal está en buenas condiciones, los desastres (inundaciones, por ejemplo) se evitan y el agro, que es principal sustento de muchas familias sipe sipeñas, está garantizado.

Algunos tramos de esa acequia principal tienen hasta seis metros de profundidad, por lo que los pobladores, blindados con palas, tienen que poner “mucho esfuerzo” para que queden limpios.

PROCESO Cada gota de sudor derramada es compensada con un casco de chicha o guarapo de uva y un banquete preparado por las mujeres de la zona.

Rosa Guzmán, una comunaria, dijo que, desde la época colonial, el Lark’a allay es como una fiesta. Ese día, las mujeres están “afanosas” porque tienen que preparar sus mejores recetas. 

Llevan lambreado de conejo, ají de pollo criollo e, inclusive, matan corderos unos días antes. La comida es servida en ch'illamis (bañadores de cerámica), “no en platos individuales”, porque la intención es compartir con todos.

Las personas esperan esta fecha sin importar el trabajo duro que implica. Más bien van con desbordante emoción porque pueden reencontrarse con amigos, parientes, vecinos y otros comunarios que no ven hace tiempo. Según el comunario Sabino Camacho, hay gente que incluso llega desde otros departamentos o países para participar del Lark’a allay.

Todos van con su chicha o guarapo porque es un trabajo “muy sacrificado”, remarcó otro poblador, Máximo Quiroz.

HISTORIA Rosa contó que en la época de hacienda los patrones asistían al Lark’a allay con sus colonos para limpiar la acequia desde Vinto Chico hasta Suticollo. Para ese trabajo "el patrón" (dueño de la hacienda) hacía elaborar chicha y comida de fiesta.

Luego de la Reforma Agraria, las comunidades sipe sipeñas dejaron de depender de estos patrones, pero sus habitantes dieron continuidad a esta tradición ancestral, manteniendo la fecha, Lunes de Pascua. “Aunque llueva o pase lo que sea, ese día se tiene que cavar”.

La ejecución de esta actividad está en manos de dirigentes comunales denominados “cabecillas”, que rotan la función cada año. Ellos organizan a los comunarios en suyus, que es la distancia en metros que cavarán.

Jacinto Guzmán dijo que el rol de ingreso a la cava se mantiene desde la época de la hacienda, hay personas que incluso sin saber leer conocen de memoria la nómina.

Gracias a esta tradición ancestral, Caramarca previene desastres y garantiza su vocación agrícola.