Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 03 de julio de 2020
  • Actualizado 22:45

EL FIN DE SEMANA HUBO NORMALIDAD PESE A RESTRICCIONES

K’ara K’ara se descontrola y va a la cuarentena sin medidas de bioseguridad

La flexibilización comienza recién el lunes, pero ayer las calles estuvieron ocupadas por comerciantes y compradores, además de niños.

Una madre con su hijo sin barbijos en el mercado en la zona de Alto K’ara K’ara. DICO SOLÍS
Una madre con su hijo sin barbijos en el mercado en la zona de Alto K’ara K’ara. DICO SOLÍS
K’ara K’ara se descontrola y va a la cuarentena sin medidas de bioseguridad

La zona de K’ara K’ara, una vez más, protagoniza actos que van en desmedro de su población tras romper la cuarentena, pese al inminente incremento de casos de coronavirus COVID-19 en Cochabamba.

Hace más de una semana bloquearon el ingreso de la basura al botadero, dejando a la ciudad en medio de la contaminación por 10 días. Pedían flexibilizar las medidas para volver al trabajo y luego incrementaron su pliego petitorio en al menos 10 demandas como agua, canasta familiar, internet y otros.

Después de conseguir sus demandas, la normalidad volvió a este lugar. El comercio y el transporte siguieron su rutina diaria, incluso el fin de semana, donde rigen las prohibiciones de circulación.

El panorama es contrario a los mercados de la ciudad, donde los puestos permanecen cerrados en “día de cancha” (sábado). En un recorrido por estos centros de abasto se puede evidenciar la presencia de ambulantes con productos básicos como frutas y algunas verduras.

El paso de un vehículo, en medio de los comerciantes, ayer. DICO SOLÍS

El paso de un vehículo, en medio de los comerciantes, ayer. DICO SOLÍS 

LA SITUACIÓN En el ingreso a K’ara K’ara siguen los promontorios de tierra y piedras que por 10 días impidieron el paso, principalmente de los carros basureros desde la avenida Petrolera. Hay una cámara de desinfección para los vehículos que transitan por el lugar y un policía municipal, quien solo atina a mirar a quienes circulan sin ejercer ningún tipo de control. Lo mismo sucede más tarde con un grupo de tres policías en motocicletas que se acomodan en la avenida.

Más adentro, cerca del mediodía, los negocios están abiertos; hay ferreterías, tiendas, restaurantes y más. En el suelo, los comerciantes instalan sus puestos de venta de verduras. Pequeños promontorios que valen dos bolivianos son ofrecidos por las “caseritas”.

Al seguir avanzando, se llega al mercado zonal donde la situación no cambia. Son al menos tres cuadras de vendedores, a ambos lados de la vía e incluso en la parte central no solo con los artículos básicos de la canasta familiar. Se puede encontrar plásticos de todo modelo y tamaño, a precios accesibles, ropas de muñecas, menajes de aluminio y más. Alrededor están los negocios con diferentes ofertas.

Entre medio están los niños. El común es la falta de barbijos y medidas de bioseguridad.

Los vecinos argumentan el incumplimiento de la cuarentena a la necesidad económica que pasan muchas familias ante el abandono de las autoridades de todos los niveles. No pueden justificar la falta de uso de los implementos de seguridad para evitar los contagios, todo lo dejan a la conciencia de cada uno.

El malestar es constante tras las protestas que derivaron en el desconocimiento de algunos de sus dirigentes, peleas internas por intereses políticos y descontento tras la firma de un acuerdo que permitió levantar la protesta y el ingreso de la basura al botadero después de más de una semana. La pandemia quedó en segundo plano y desde el lunes, que comienza la flexibilización de la cuarentena, pero exigiendo las medidas de bioseguridad, la situación es incierta.