Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 26 de septiembre de 2022
  • Actualizado 00:02

Jóvenes de varios municipios hacen de guardianes de 40 árboles de la avenida Uyuni

Alrededor de 20 personas llevan casi 40 días de vigilia para evitar que talen a los más de 40 árboles que se entienden al costado del río Rocha. Piden que la Alcaldía busque alternativas para que la construcción del corredor vehicular Quintanilla no dañe áreas verdes.
Varias personas durante la protesta que se realizó hace semanas para impedir que la construcción avance. DICO SOLÍS
Varias personas durante la protesta que se realizó hace semanas para impedir que la construcción avance. DICO SOLÍS
Jóvenes de varios municipios hacen de guardianes de 40 árboles de la avenida Uyuni

Desde que comenzaron las obras de la segunda parte del corredor vehicular Quintanilla, un grupo de activistas ambientales se apostó en la avenida Uyuni y Melchor Urquidi para resguardar a los más de 40 árboles que permanecen en ese sector y que serán afectados por la construcción.  

Estos guardianes son, en su mayoría, jóvenes llegan desde diferentes municipios del departamento solo para cuidar a las especies y protestar pacíficamente para que la obra busque otras alternativas que no generen impacto ambiental negativo.

La integrante del colectivo No a la Tala de Árboles, Rocío Estremadoiro asegura que las personas se sumaron poco a poco, sin necesidad de pertenecer a un grupo, solo bajo la consigna de salvar la vida de estos árboles.

“No solo son personas del centro, vienen de Quillacollo, Colcapirhua y otro lugares más. Lo interesante es que es gente que no vive en el barrio, sino que llegan de todas partes para cuidar a los árboles. Es interesante ver cómo los jóvenes están pensando en el medioambiente”, cuenta Estremadoiro.

Cochabamba cuenta con un 2.58% de cobertura arbórea, según el Plan Maestro de Reforestación de la Alcaldía, lo que preocupa a este sector porque las áreas verdes se reducen cada vez más en el departamento. “Tenemos una ciudad deforestada, casi desértica. Tanto la población como la gestión pública hemos hecho esto a Cochabamba porque se nos metió en la cabeza que la concepción de desarrollo es una ciudad sin árboles, llena de autos, contaminada, con un río que es la cloaca colectiva o con lagunas que se están secando”, enfatiza.

Durante la primera parte de la obra, el colectivo denunció una serie de atentados al medioambiente ya que talaron árboles o trasplantaron otros que finalmente murieron. Se perdieron varios jacarandás. “En esas condiciones, nos parece un despropósito que se sigan sacrificando áreas verdes”, dice.

El número de personas que hace la vigilia varía según los días. En ocasiones llegan a más de 60, pero, en otras, el grupo se reduce hasta 10. Sin embargo, establecieron turnos para cuidar la zona y se valen del arte para resistir todas las jornadas. Cantan, bailan, componen poemas y dialogan entre ellos sobre la importancia de defender la naturaleza.

La labor es ingrata. Daniela Orihuela, miembro del colectivo Lucha por la Amazonía Boliviana, es una de las mujeres que se estableció desde el primer día para cuidar las especies. Comenta que muchas veces los insultan, no reciben apoyo ni respaldo, pero que, pese a eso, solo tienen el objetivo de proteger al medioambiente.

“La gente es muy indiferente frente a la lucha ambiental, no solo es ahora en el tema de los árboles, sino en todas las otras movilizaciones que hubo antes. No nos damos cuenta que Cochabamba es una ciudad sumamente contaminada”, asegura Orihuela.

Pese al trabajo que hacen, los malos comentarios son parte de su día a día. “La gente, cada que pasa en sus movilidades, nos insulta sin saber que nosotros estamos haciendo esto por todos. Todos tenemos cosas que hacer, estudiamos, trabajamos, pero sacamos tiempo para estar ahí”, afirma.

Uno de los momentos críticos que le tocó atravesar durante este tiempo fue cuando solo quedaron cuatro personas haciendo vigilia, lloró y pidió que se sumaran más porque podían perder la batalla. Recibió una respuesta favorable y el movimiento cobró fuerza otra vez. Algunos vecinos los ayudan y a veces les dan comida, pero no suele pasar seguido.

El movimiento comenzó con unas cuantas mujeres que comenzaron a poner carteles con lemas que resaltaban la importancia de las especies. Así, poco a poco, se sumaron más autoconvocados, que comparten la convicción de servicio y responsabilidad con la naturaleza.

“La gestión pública debería tratar a los árboles como tesoros porque eso es lo que son. Estamos en la zona para velar que las obras no dañen a los árboles, pero tampoco a sus raíces porque es una forma de condenarlos a la muerte”, indica Estremadoiro.

Una de las características del movimiento es el uso del arte. Entre todos comparten sus habilidades y hacen más llevadera la situación. “Cada quien hace lo que puede, estamos con turnos para encarar la vigilia. También, espontáneamente, se ha hecho material de incidencia, como videos, escritos y se ven otras estrategias. Es horizontal, no hay nadie que esté guiando esto”.

Los jóvenes explotan al máximo su creatividad y buscan alternativas para generar conciencia en la población. “Lo lindo es que es una iniciativa de los ciudadanos que, sin que nadie les guíe o les diga, hacen muchas cosas talentosas. Han pintado las calzadas, unos pasacalles mostrando las aves que viven ahí, hubo conciertos y otras expresiones artísticas y otros.”, comenta Estremadoiro.

Piden que se les entreguen los papeles de la obra porque son documentos públicos y quieren estudiarlos para conocer el impacto ambiental real que tendrá la construcción; además, que busquen alternativas que no afecten las áreas verdes ni los árboles. Mientras tanto, siguen luchando, cual guardianes, para salvar la vida de los árboles de la avenida Uyuni.

Screen Shot 2020-12-26 at 00.05.22 copyScreen Shot 2020-12-26 at 00.06.12