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  • Diario Digital | martes, 26 de mayo de 2020
  • Actualizado 01:42

HISTORIA DE UN NIÑO BRILLANTE

Inti será bachiller a los 13 y anhela ser médico y abogado

La familia Rojas Saldías no tiene recursos. Una universidad privada le ofreció una beca al hijo mayor.
Inti será bachiller a los 13 y anhela ser médico y abogado

Cuando el paceño Adalid Rojas y la cruceña Ñeca Saldías se casaron, no imaginaron que Dios los iba a bendecir con tres hijos varones tan inteligentes y aseguran que están muy agradecidos y orgullosos de ellos.

La familia vivió en Santa Cruz. Adalid egresó de la carrera de Derecho e hizo cursos para ser Técnico en Computación, pero no pudo hacer su tesis ni titularse porque tuvo que trabajar muy duro para mantener a su familia.

Escogieron lo nombres de sus hijos po el significado que tienen y porque creen que los nombres imparten carácter y destino. Inti Wara Wiñay significa “sol, estrella, eterno, brillante, hermoso”.

Dos años después de su nacimiento, llegó al mundo un bebé al que nombraron Wiñay Alax Inti que significa “por siempre a la altura del sol”, que hoy tiene 11 años y está en primero de secundaria.

El tercer hijo, Kompa Wiñay Marka, nació hace seis años. Su nombre significa “piedra mágica de la ciudad nueva o naciente”, y cursa el segundo de primaria. Los tres son muy inteligentes, pero los últimos dos, aunque tienen la posibilidad de hacerlo, no quieren saltar cursos como su hermano Inti. “Pasar clases con chicos tan grandes es feo, molestan, se burlan”, explica Wiñay Alax.

El más pequeño, Kompa, agrega que, si él deja su curso, no podrá ayudar a sus compañeros con las tareas. Los papás no han querido forzarlos y respetan su decisión de continuar sus estudios a su ritmo, aunque saben que son tan brillantes como Inti. Ellos también nacieron con solo seis meses de gestación.

“Mi esposa solo se alimentaba de quinua, amaranto, tarhui, frutas y verduras durante sus embarazos. Eso se antojaba. Supongo que eso influyó, pero también la genética. Mi madre, la abuela de ellos, aunque era una mujer del campo que jamás pudo estudiar y no leía ni escribía, con tan solo ver mis libros de matemáticas se daba cuenta de cómo hacer ejercicios complejos y me explicaba cuando yo era estudiante. Si ella hubiera estudiado, sería una genia”, comenta Adalid.

Sobre Inti, cuenta que en estos años no ha dejado de ser “una esponjita” que lo absorbe todo. “Siempre está buscando aprender, quiere adelantarse a todo. Es bueno en el fútbol, le encanta el ajedrez, y una vez, un muchacho le dio por primera vez un cubo de rubik. Lo miró por unos segundos por los seis lados y dijo: ‘Esto es puro algoritmo’, y lo armó rapidito”.

Entre las anécdotas que todos recuerdan con risas está la de un profesor que era nuevo en el colegio Juana Azurduy. Cuando él vio a Inti entrando al cuarto curso de secundaria, junto a compañeros que le llevaban más de medio metro de estatura, lo frenó y le dijo: “Hijito, ¿dónde vas? Ándate a tu curso, por favor”.

Los compañeros se reían y, aunque Inti le dijo que ese era su curso, el profesor lo llevó a la Dirección, pensando que no quería obedecer. Inti añade que al principio fue difícil que sus compañeros se acostumbren a la diferencia de edad y le decían “cabeza”, pero ahora todo está bien. En cambio, Wiñay y Kompa se ganaron el cariño de los amigos de su edad porque los ayudan a hacer trabajos, les explican las materias y juegan sin brechas en la edad.

Padres venden trancapechos para pagar alquiler e internet

Adalid Rojas y Ñeca Saldías están concientes de la capacidad intelectual de sus hijos y se esfuerzan mucho por darles la posibilidad de acceder a las herramientas necesarias para que investiguen y puedan aprender de todo.

Sin embargo, los recursos son insuficientes. Ñeca vende trancapechos y Adalid refrescos en el mercado Belén Tokio, al oeste de la ciudad. Los cinco viven a dos cuadras del mercado en dos cuartos alquilados por 900 bolivianos. Además, invierten 160 bolivianos en internet “para quelos chicos puedan investigar”. Adalid cuenta que todo lo que ahorró por años se le fue en una cirugía y terapias, pues, cuando Ñeca sufrió los dolores de parto para dar a luz a su segundo hijo, Wiñay Alax, el niño no se colocó en posición y los médicos lo sacaron de las piernas con fórceps. “Le lastimaron la columna vertebral. Tuvieron que operarlo y estuvo enyesado durante un año y medio. Luego hubo años de costosas terapias, pero quedó muy bien y hoy hace deporte”, dice mientras abraza a sus hijos. Sin embargo, la ayuda llega. “Aparecen ángeles como Julia Valdivia que nos llevó a la universidad y se logró una beca”, dice emocionado. Si otra universidad quiere ofrecer una beca en Medicina, para Inti, u otro tipo de ayuda para esta familia, puede llamar a Adalid Rojas al 63954717.