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  • Diario Digital | jueves, 09 de febrero de 2023
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PIDEN MÁS ÍTEMS

Intensivistas conviven con la agonía de pacientes COVID y con carencias

Son los médicos encargados de informar sobre estados críticos y fallecimientos de quienes no superan el coronavirus.
Especialistas en una unidad de terapia intensiva en Cochabamba.      DICO SOLÍS
Especialistas en una unidad de terapia intensiva en Cochabamba. DICO SOLÍS
Intensivistas conviven con la agonía de pacientes COVID y con carencias

Conviven con la agonía de los pacientes COVID-19.

Los médicos intensivistas son quienes reportan cada día a los familiares el estado de salud o el fallecimiento de los pacientes más críticos con coronavirus, COVID-19. Trabajan sin siquiera tomar agua por al menos seis horas, tiempo en el que tampoco pueden atender otras necesidades. Junto a un equipo de profesionales se hacen cargo de las situaciones más delicadas en las unidades de terapia intensiva (UTI).

Alejandra Espinoza es una de las ocho mujeres intensivistas, del total de 24 que hay en el departamento, según los registros de la Sociedad de Medicina Crítica y Terapia Intensiva de Cochabamba.

La médica trabaja en la actualidad en el hospital Univalle y en la clínica Arébalo. Realiza guardias de hasta 24 horas en el área COVID. Comienza su jornada a las ocho de la mañana.

“A veces estamos dentro con equipamiento de seis a ocho horas, a veces no podemos salir ni a tomar agua ni para ninguna necesidad personal, es la verdad”.

Estar adentro implica no quitarse el Equipo de Protección Personal (EPP).

“Nos deshidratamos. Sobre todo, salimos a tomar agua; comemos algo, pero a veces ni almorzamos.  Descansamos un poco y volvemos por otras seis horas adentro. Así es el ritmo de las guardias en área COVID”.

La salida e ingreso nuevamente a terapia intensiva conlleva prevención para los especialistas. Es necesario el cuidado desde el retiro del equipo. Hay áreas de aseo y cambio de implementos para retornar al área.

Espinoza trabaja desde la primera ola de la pandemia. Aseguró que es necesario cumplir los protocolos a cabalidad.

En las salas de terapia intensiva, el trabajo no se limita al funcionamiento de los equipos. Considerando que hay pacientes que requieren intubación, se trata de accesos invasivos, pronación y supinación (movilidad para que los pacientes mejoren la ventilación respiratoria).

“El trabajo es arduo adentro (…). El proceso de prono requiere un personal promedio de cuatro a cinco personas. Está el médico intensivista, las enfermeras, auxiliares de enfermería; a veces pedimos apoyo, depende del peso del paciente. Hay personas con sobrepeso; a veces tenemos que pronar pacientes de 150 kilos, que es un peso muerto porque está con drogas de sedación; y tomando en cuenta que está intubado, tenemos que controlar que el tubo no se nos mueva y los dispositivos invasivos tampoco”, describió la intensivista.

Esta colocación en distintas posiciones a los pacientes es necesaria cada 48 o 72 horas.

“El supino, que es ponerlos de nuevo boca arriba, implica el mismo trabajo, con un equipo de personas”, explicó.

Cuando Espinoza sale de la UTI, le toca, como a los demás intensivistas, dar informes a los familiares de los pacientes críticos, pocas veces por mejoras, a veces información delicada y, en los peores casos, sobre la muerte de quienes no resistieron al virus.

“Es difícil trabajar con esta situación. La angustia de los familiares se siente. No somos máquinas, somos humanos, muchas somos madres. Sentimos el dolor ajeno, el dolor de una madre que está perdiendo a su hijo”.

Los intensivistas deben contener a las familias y ser honestos ante la situación, sin falsas expectativas ante una enfermedad que implica el riesgo de perder la vida.

“Tratamos de ser muy claros y sinceros con los familiares, y eso también es una angustia para ellos, porque saben que pueden fallecer en el momento (…). El paciente de terapia es muy activo. Hoy puede estar estabilizado y el día de mañana se descompensa”.

Los familiares reciben reportes cada día, incluso vía telefónica, cuando se trata de evitar más contagios.

SIN ESPACIO EN LAS CAMAS Los médicos intensivistas reciben cada día entre seis y 10 llamadas solicitando espacios en terapia intensiva.

“Vemos la desesperación de la población ante la negativa, porque lamentablemente estamos colapsados en terapia intensiva tanto pública como privada. Tenemos que dar la mala noticia de que no tenemos espacio físico. Lo vamos sufriendo desde la primera ola”, expresó Espinoza.

El jefe de Epidemiología del Servicio Departamental de Salud (SEDES), Yercin Mamani, informó en días recientes sobre la capacidad de respuesta que se tiene en el sistema de salud tanto en la parte pública, la seguridad social y los centros médicos privados. Manifestó que en el sistema de salud público hay 18 camas de unidades de terapia intensiva, entre el hospital Viedma, el Hospital del Norte, el Gastroenterológico, el Maternológico Germán Urquidi y el Pediátrico Manuel Ascencio Villarroel.

Acotó que son 40 camas de unidades de cuidados intensivos, entre los hospitales del Norte y del Sur, Maternológico, Pediátrico, Cuschieri y Viedma.

En el sistema privado, informó que hay 14 clínicas con 46 unidades de terapia intensiva 22 unidades de terapia intermedia.

Y en lo que concierne a la seguridad social, son 27 camas con terapia intensiva.

“La realidad la hemos mostrado desde el año pasado, sabiendo que el sistema público tiene solo 18 camas de terapia intensiva para atender a una población que ya ha sobrepasado los 2 millones de habitantes. Tenemos que reflexionar”, expresó el intensivista Vladimir Mamani.

Los médicos intensivistas informaron que con la entrega de nuevas camas para los hospitales del Norte y del Sur, se alcanzaría más de 80 unidades de terapia intensiva y que con las más de 30 de terapia intermedia en el sistema de salud, superan la centena.

Los profesionales informaron que entre el 5% y hasta el 20% de los pacientes con coronavirus puede llegar a terapia intensiva y, en la actualidad, no hay espacios.

Hay elevada tasa de mortalidad en pacientes críticos: fallecen hasta ocho de cada diez

El presidente de la Sociedad de Medicina Crítica y Terapia Intensiva de Cochabamba, Álex Ortega, informó que la agresividad del coronavirus, COVID-19, hace que la tasa de mortalidad sea elevada, llegando hasta un 80% de los pacientes que ingresan a la unidad crítica.

“De 10 pacientes que ingresan, entre 7 y 8 fallecen, a pesar de todo lo que se haga y todos los esfuerzos que implementemos en la unidad”.

El intensivista José Antezana dijo que las terapias intensivas devastadas e improvisadas no son las mejores y que son como una olla de presión.

Explicó que de cada 100 personas infectadas con coronavirus cinco requerirán mínimamente oxígeno y de ellos algunos necesitarán terapia intensiva, área en la que estarán entre 10 y 14 días.

“Si en 10 días se infectan mil personas, 50 van a requerir camas; de esos 50, tres van a requerir terapia intensiva. Si así van a ir sumando, nunca vamos a poder contener todo”, lamentó.

Antezana, quien trabaja en el hospital Viedma, explicó que, en ese establecimiento médico, debido a la estación de oxígeno y por el personal con el que cuentan, no atienden a más de cinco pacientes en terapia intensiva.

“Nuestra supervivencia ha sido mayor al 70%. Es decir, cuando se maneja bien los casos con buenos respiradores, con un equipo multidisciplinario, se puede lograr más cosas”, dijo.

Los miembros de la Sociedad de Medicina Crítica y Terapia Intensiva recordaron que, a nivel mundial, no existe un medicamento que tenga un resultado al 100 por 100 en esta enfermedad.

“Estamos dependiendo de algunos medicamentos que definitivamente están en estudio”, sostuvo Ortega.

Sobre las vacunas, expresó que tampoco se tiene certeza total de su seguridad pero que es algo que se necesita ante la complicada situación. Se trataría de la mejor estrategia.

Médicos intensivistas miembros de la Sociedad de Medicina Crítica y Terapia Intensiva de Cochabamba.    MELISSA REVOLLO

Pandemia sin oxígeno ni ítems ni contratos para especialistas

La médica intensivista Alejandra Espinoza trabajó desde que inició la pandemia. Estuvo en el hospital Viedma, Univalle y Arébalo.

“Ahora estoy trabajando solo en privadas, esperando la contratación de las públicas. Han suspendido los contratos en diciembre; estaba en el Viedma y hasta ahora no activan ni contratos ni ítems, y estamos muchos colegas a la espera”.

El presidente de la Sociedad de Medicina Crítica y Terapia Intensiva de Cochabamba, Álex Ortega, informó que hay 24 intensivistas en el departamento que pertenecen a esa institución.

“Es bastante mermado, porque en Cochabamba deberíamos tener un intensivista por cada 10 mil habitantes, pero difícilmente vamos a llegar a eso. Dentro los planes de contingencia lo que se debe hacer es el trabajo en equipo con otras especialidades y eso es lo que se está haciendo. Algunas UTI están manejadas por intensivistas y de la mano de colegas internistas, cardiólogos. Es la única forma de tratar de salir de esto”, sostuvo el especialista.

“Estamos en una batalla probablemente sin armas suficientes”.

Explicaron que en las terapias intensivas debiera haber un promedio de seis intensivistas para la atención de lunes a viernes.

La intensivista Espinoza enfatizó que en terapia intensiva no se requiere solo equipos, sino recurso humano, entre intensivistas, licenciadas en enfermería, fisioterapeutas, kinesiólogos respiratorios, personal de limpieza y otros.

“Las máquinas son algo que tiene extremada demanda. Pero, los respiradores mecánicos, por sí solos, no van a disminuir la mortalidad en una unidad de terapia intensiva”.

MÁS CARENCIAS Ortega agregó que los intensivistas son “la mano de obra” para tratar de sacar adelante a los pacientes de las unidades críticas.

“No tenemos medicamentos, no tenemos instrumentos o dispositivos que puedan llegar a suplantar parcial o totalmente el trabajo del intensivista”.

En los centros médicos también hay carencia de oxígeno medicinal, por lo que se declararon alertas rojas, con riesgo de que los pacientes mueran.

Ortega manifestó que la ocupación de camas no es garantía o fianza en la atención de pacientes para su recuperación.

El intensivista Vladimir Mamani manifestó que intentar paliar la situación actual “es imposible dadas las condiciones de infraestructura, equipamiento, recursos y personal que está trabajando en los sistemas públicos y de la seguridad social”.

Acotó que el tema pasa también por las políticas de salud, que no han sido del todo favorables. “Estamos pagando una factura de lo que no hemos hecho en los últimos 20 o 30 años (…). Peregrinar por oxígeno, por medicamentos es una realidad que no se la deseamos a nadie; es muy penoso verlo”, dijo el especialista.

Añadió, además, que ningún medicamento, ni los antivirales van a cambiar en un 100 por 100 el curso de la enfermedad.

“Esa es una realidad que también tenemos que tener presente”.

La intensivista Vanessa Fuentes pidió a la población reflexionar sobre la situación.

“Estamos sobresaturados en todas las terapias, no abastecemos, somos pocos los terapistas que estamos entrenados, especializados en esta carrera (…). Estamos con la población. Quiero que comprendan y vean nuestro lado”.