Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 28 de enero de 2020
  • Actualizado 20:11

EL LUGAR SIGUE EN ESCOMBROS

El hotel quemado de Arturo Murillo es vigilado por los lugareños

La infraestructura sufrió destrozos durante los conflictos que se extendieron por más de un mes.
REDACCIÓN
Twitter: @Opinion_Bolivia

El hotel Victoria, propiedad del ministro de Gobierno, Arturo Murillo, sigue reducido a cenizas. En sus ambientes quedan como mudos testigos catres quemados, puertas destrozadas, vidrios rotos y muebles inservibles.
En la cocina solo quedaron algunos utensilios y el restaurante está reducido a cenizas, producto del incendio que produjo una muchedumbre entre la noche del 10 de noviembre y la madrugada del día siguiente.
El lunes 11 de noviembre, Murillo, cuando aún era senador, denunció mediante redes sociales que una turba atacó un hotel de su propiedad en la región del Trópico, Villa Tunari, dejando en “cenizas el trabajo de 20 años, según reportó en esa oportunidad la agencia EFE.
Ese día, Murillo denunció que sus familiares tuvieron que huir a la selva para salvar sus vidas. El 17 de noviembre, ya investido como Ministro, anunció el rescate de ocho personas.
OPINIÓN accedió a las instalaciones de este hotel y pudo evidenciar los daños causados por el fuego que consumió la mayor parte de la infraestructura hotelera.
En la visita que realizó este medio al hotel, se pudo evidenciar, además de los daños materiales, que existe celo por parte de algunas personas que, aparentemente, vigilan el lugar para evitar que curiosos se acerquen.
Cuando el fotógrafo de este medio ingresó al hotel, un hombre llegó en motocicleta para, aparentemente, vigilar a los visitantes. Si bien esta persona no mencionó palabra alguna, se dio la licencia de tomar fotografías a los circunstanciales foráneos.
Después de algunas averiguaciones, se pudo confirmar que la persona que había llegado en motocicleta es una especie de “vigilante sindical”.
La ola de violencia que se desató en el país, desde el 21 de octubre pasado, un día después de las elecciones generales, dejó al menos 34 personas fallecidas y centenares de heridas.
Las turbas quemaron viviendas particulares de autoridades y de sus familiares, así como estaciones policiales, además de destruir cámaras de vigilancia, pasarelas y jardineras, entre otros, dejando daños económicos valuados en millones de bolivianos. DICO SOLÍS
REDACCIÓN Twitter: @Opinion_Bolivia El hotel Victoria, propiedad del ministro de Gobierno, Arturo Murillo, sigue reducido a cenizas. En sus ambientes quedan como mudos testigos catres quemados, puertas destrozadas, vidrios rotos y muebles inservibles. En la cocina solo quedaron algunos utensilios y el restaurante está reducido a cenizas, producto del incendio que produjo una muchedumbre entre la noche del 10 de noviembre y la madrugada del día siguiente. El lunes 11 de noviembre, Murillo, cuando aún era senador, denunció mediante redes sociales que una turba atacó un hotel de su propiedad en la región del Trópico, Villa Tunari, dejando en “cenizas el trabajo de 20 años, según reportó en esa oportunidad la agencia EFE. Ese día, Murillo denunció que sus familiares tuvieron que huir a la selva para salvar sus vidas. El 17 de noviembre, ya investido como Ministro, anunció el rescate de ocho personas. OPINIÓN accedió a las instalaciones de este hotel y pudo evidenciar los daños causados por el fuego que consumió la mayor parte de la infraestructura hotelera. En la visita que realizó este medio al hotel, se pudo evidenciar, además de los daños materiales, que existe celo por parte de algunas personas que, aparentemente, vigilan el lugar para evitar que curiosos se acerquen. Cuando el fotógrafo de este medio ingresó al hotel, un hombre llegó en motocicleta para, aparentemente, vigilar a los visitantes. Si bien esta persona no mencionó palabra alguna, se dio la licencia de tomar fotografías a los circunstanciales foráneos. Después de algunas averiguaciones, se pudo confirmar que la persona que había llegado en motocicleta es una especie de “vigilante sindical”. La ola de violencia que se desató en el país, desde el 21 de octubre pasado, un día después de las elecciones generales, dejó al menos 34 personas fallecidas y centenares de heridas. Las turbas quemaron viviendas particulares de autoridades y de sus familiares, así como estaciones policiales, además de destruir cámaras de vigilancia, pasarelas y jardineras, entre otros, dejando daños económicos valuados en millones de bolivianos. DICO SOLÍS
El hotel quemado de Arturo Murillo es vigilado por los lugareños

El hotel Victoria, propiedad del ministro de Gobierno, Arturo Murillo, sigue reducido a cenizas. En sus ambientes quedan como mudos testigos catres quemados, puertas destrozadas, vidrios rotos y muebles inservibles.

En la cocina solo quedaron algunos utensilios y el restaurante está reducido a cenizas, producto del incendio que produjo una muchedumbre entre la noche del 10 de noviembre y la madrugada del día siguiente.

El lunes 11 de noviembre, Murillo, cuando aún era senador, denunció mediante redes sociales que una turba atacó un hotel de su propiedad en la región del Trópico, Villa Tunari, dejando en “cenizas el trabajo de 20 años, según reportó en esa oportunidad la agencia EFE.

Ese día, Murillo denunció que sus familiares tuvieron que huir a la selva para salvar sus vidas. El 17 de noviembre, ya investido como Ministro, anunció el rescate de ocho personas.

OPINIÓN accedió a las instalaciones de este hotel y pudo evidenciar los daños causados por el fuego que consumió la mayor parte de la infraestructura hotelera.

En la visita que realizó este medio al hotel, se pudo evidenciar, además de los daños materiales, que existe celo por parte de algunas personas que, aparentemente, vigilan el lugar para evitar que curiosos se acerquen.

Cuando el fotógrafo de este medio ingresó al hotel, un hombre llegó en motocicleta para, aparentemente, vigilar a los visitantes. Si bien esta persona no mencionó palabra alguna, se dio la licencia de tomar fotografías a los circunstanciales foráneos.

Después de algunas averiguaciones, se pudo confirmar que la persona que había llegado en motocicleta es una especie de “vigilante sindical”.

La ola de violencia que se desató en el país, desde el 21 de octubre pasado, un día después de las elecciones generales, dejó al menos 34 personas fallecidas y centenares de heridas.

Las turbas quemaron viviendas particulares de autoridades (oficialistas y opositoras) y de sus familiares, así como estaciones policiales, además de destruir cámaras de vigilancia, pasarelas y jardineras, entre otros, dejando daños económicos valuados en millones de bolivianos.

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