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  • Diario Digital | jueves, 22 de febrero de 2024
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REINVENCIÓN

Es albañil y construir la tumba de su esposa le permitió volver a trabajar

Felipe López estuvo desempleado desde febrero. La pandemia frenó su actividad, pero ahora expone su habilidad en el cementerio de K’ara K’ara.
Felipe López junto a la tumba que él construyó para su esposa.     DICO SOLÍS
Felipe López junto a la tumba que él construyó para su esposa. DICO SOLÍS
Es albañil y construir la tumba de su esposa le permitió volver a trabajar

Entre los promontorios de tierra, cada uno de una persona fallecida recientemente, aparece y desaparece Felipe López mientras levanta piedras o acomoda el fierro al que le empieza a dar forma para construir una tumba en el cementerio de K’ara K’ara, al sur de la ciudad de Cochabamba. Son las nueve y media de la mañana y él está, ahí, trabajando desde hace una hora; se quedará todo el día.

Es constructor. Tiene 55 años, tez morena, cabello gris. Es amable y se muestra satisfecho porque tiene trabajo, después de haber estado varios meses desempleado.

López construyó la tumba de su esposa, los dolientes de otras familias vieron su trabajo y le pidieron construir otras tumbas. Así se reinventa en su oficio.

El cementerio de K’ara K’ara, en la zona sur, no tiene muro perimetral. Está casi al lado del centro de la salud de la zona, a un lado de la avenida asfaltada que conduce hasta el relleno sanitario, cerca de la construcción de un módulo policial, delante de una cancha deportiva y es visible desde la carretera que conecta con el Valle Alto del departamento.

En este cementerio, entre 2020 y 2021 se llenaron entre tres y cuatro filas con decenas de tumbas. Las cruces identifican a los fallecidos y las fechas denotan muertes diarias desde el año pasado, época de pandemia. Algunos dolientes informaron que varios murieron con COVID-19 y otros con “sospecha” de esta enfermedad. Las autoridades municipales reconocen que cementerios como este se reactivaron debido a la cantidad de fallecidos de coronavirus.

Ahora es el área de trabajo de López.

En la actualidad, él vive solo, en la zona de Pampa San Miguel, cerca de los bloques de la Villa Suramericana. Tiene tres hijos, dos están en Argentina y uno en Chile; mantienen contacto permanente a través del celular.

El 24 de octubre de 2020, murió su esposa, Nieves Flores Monte.

Ella tenía un negocio en el Trópico del departamento; allá enfermó con coronavirus, COVID-19, entre septiembre y agosto del pasado año. Superó la enfermedad y llegó después a la ciudad, a modo de descansar; “estaba bien”. Pero, a las pocas semanas, una noche se sintió mal y fue auxiliada por un compadre, porque su esposo había ido a trabajar al campo. Al día siguiente, cuando retornó su esposo Felipe, ella ya había fallecido.

Él expresa que su esposa tenía presión alta y que el sobrepeso también le habría jugado mal luego de haberse enfermado con COVID. Eso la habría conducido a su fallecimiento.

La especialidad de este constructor es la obra fina. Su empleo más reciente fue en un edifico en la zona de Muyurina. Pero, esa obra concluyó en febrero, y desde entonces quedó sin empleo.

Sus hijos no pueden llegar desde el exterior debido a las restricciones por la pandemia. Solo uno de ellos estuvo en Cochabamba y le pidió a su padre que construya una tumba “bonita” para su madre. Los hijos de esta pareja se encargaron de los gastos y su papá fue el constructor.

“Mis hijos me mandaron dinerito, me pidieron que haga para su mamá; es su cariño”.

Antes de empezar el trabajo, esperó un tiempo, porque era necesario que la tierra asiente. Y hace unas semanas construyó.

“Compré material y empecé a hacerlo (…). Aquí hay uno parecido. He sacado el modelo de ahí porque me gustaba”, expresa y señala una tumba con cerámica en tono azul.

Eligió, para la tumba de su esposa, azulejos en colores verde lechuga y negro. El nombre “Nieves Flores Monte” está escrito con letras doradas y debajo dice “recuerdo de sus hijos”. Hay flores a dos pisos y un espacio con césped natural en el centro.

“Esta es mi primer trabajo”, expresa López con cariño.

La obra le demandó cuatro semanas.

El resultado final llamó la atención de otros dolientes, y le pidieron que también construya las tumbas para sus difuntos.

“Yo domino la obra fina, por lo que no es difícil. Hay que ingeniarse nomás (…). Ahora, esto me ayuda, porque hoy en día en la ciudad se vive con plata”.

En el cementerio de K’ara K’ara hay al menos tres constructores realizando trabajos similares entre las decenas de tumbas nuevas.

En este camposanto hay caminos de ripio que son accesos para vehículos. A un costado está el auto de López, que le compró su hijo, uno blanco tipo taxi, con el maletero abierto, donde está el material para construir.

El material para tumbos de este estilo requiere de al menos 2.500 bolivianos y su trabajo, que es minucioso y detallado, demanda un monto similar. Es el único ingreso que capta en esta época.

“La gente me dice qué modelo quiere, y como hay varios en el cementerio suelen pedir según lo que ven”, describe.

Acota que se necesita mucha paciencia.

Por ahora, es su principal actividad diaria. El trabajo que edifica, en la actualidad, está a pocos metros de dónde fue enterrada su esposa.