Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 18 de noviembre de 2019
  • Actualizado 18:32

LA TERAPIA PUEDE DURAR ENTRE TRES MESES Y VARIOS AÑOS

Cuatro entidades ayudan a víctimas de violencia sexual

Niñas y adolescentes afectadas por este delito abandonan el tratamiento porque los procesos de recuperación son largos y la Defensoría no tiene el personal suficiente.
Cuatro entidades ayudan a víctimas de violencia sexual


Al menos cuatro instituciones del municipio de Cochabamba brindan apoyo integral a víctimas de violencia sexual, con terapias que pueden extenderse entre algunos meses y un par de años.

La jefa de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia del municipio de Cochabamba, Raquel Nogales, informó que los casos que no pueden atender por falta de personal los derivan al Centro Especializado de Prevención y Atención Terapéutica (CEPAT), de la Gobernación, a la Fundación una Brisa de Esperanza o a Mosoj Runitas.

Nogales señaló que de los 508 casos que atendió la Defensoría en mayo, 26 estaban relacionados con violencia sexual (7 violaciones, 17 abuso sexual, 1 estrupo y 1 violencia sexual comercial).



ESPERANZA La Fundación una Brisa de Esperanza (FUBE) atendió, desde 2004, a 1.796 víctimas de violencia sexual, señaló la coordinadora de esta institución, Verónica Roque.

Esta entidad tiene la posibilidad de ayudar cada año a por lo menos entre 100 y 130 víctimas.

La gestión 2018 recibió 138 casos y este año ya atendió a 53 víctimas de violencia sexual, niñas, niños y adolescentes.

Esta fundación tiene, según Roque, un equipo de psicólogas, abogadas y trabajadoras sociales, que realiza el abordaje con la víctima y la familia desde el momento en que llegan a sus instalaciones de la calle Junín 271, entre Colombia y Ecuador.

La mayor parte de los casos de violencia sexual (85 por ciento ) son cometidos por familiares o personas cercanas a las víctimas, por lo que el abordaje debe tomar en cuenta la ruptura familiar que se produce cuando se conoce el hecho.

La trabajadora social acompaña a la víctima en ese proceso de ruptura familiar y se encarga de apoyar en la parte educativa y de salud, si es necesario.

La abogada ve la parte legal y acompaña a la familia para sentar la denuncia en la Fiscalía, hasta las acciones del juicio oral.

El área de psicología del FUBE brinda a las víctimas terapias individuales, grupales y ocupacionales, de acuerdo a la evolución que tiene la niña o adolescente.

En terapia ocupacional, las víctimas escogen lo que quieren hacer. Hay actividades en repostería, peluquería, bordados, clases de guitarra y baile, entre otros.

Esta terapia alternativa ayuda, según Roque, a que las víctimas recuperen el control de sus cuerpos, que lo pierden cuando el abusador comete el delito.

“En esta terapia no se habla específicamente sobre el hecho ocurrido”.

En las terapias grupales, la psicóloga reúne a niñas y adolescentes para hablar sobre sexualidad, la importancia de la comunicación asertiva, las relaciones familiares, temas que, muchas veces, son escogidos por las participantes. “Lo importante de estas actividades es que las niñas y adolescentes sepan que no son las únicas víctimas, y cuando se sienten fortalecidas, ellas piden hablar con la psicóloga”.

El objetivo de esta fundación es, mediante las acciones terapéuticas, reconstruir los proyectos de vida de las víctimas, porque muchas de ellas quedan resquebrajadas, sin esperanza de seguir viviendo o con la idea de abandonar la escuela.

FUBE apoya también en la parte educativa a las niñas y adolescentes, para que ellas puedan concluir la secundaria e ingresar a la universidad, con el objetivo de conseguir trabajo y mejorar sus condiciones de vida. La terapia varía en cada caso, porque, además de la víctima, se trabaja con la familia, que en algunos casos brinda apoyo a la niña o adolescente, y en otros la culpa de lo que sucede.

Adolescentes que fueron atendidas por la Fundación en 2006, regresan, ya mujeres, porque les vuelve la angustia y los recuerdos de lo que les sucedió, y necesitan apoyo, “porque, lamentablemente, la violencia sexual les marca de por vida”.

“La terapia que reciben en el centro les permite vivir con esta situación y les demuestra que ellas pueden continuar con sus proyectos de vida”.

FUBE atiende a estas víctimas sin costo alguno y cuando se trata de otras acciones, como apoyo médico o la publicación de un edicto, ayuda de acuerdo a sus posibilidades.



DERECHOS La Defensoría de la Niñez y Adolescencia brinda también atención integral a víctimas de violencia sexual, con psicólogas, abogadas y trabajadoras sociales, y su primera actuación está orientada a restituir los derechos de las niñas y adolescentes.

Tras realizar el primer abordaje, la Defensoría envía el informe al Ministerio Público, con la denuncia respectiva y hace el seguimiento del proceso.

El área social se encarga de evaluar en qué lugar se encontrará mejor protegida la víctima, porque generalmente el agresor es un familiar o alguien cercano a ella.



PREVENCIÓN La Defensoría trabaja en prevención de la violencia sexual con varios equipos que llegan con material didáctico hasta la unidades educativas, institutos, iglesias y barrios donde hay presencia importante de niños.

Profesionales especializados

Ocho psicólogas de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia se graduarán a fin de año en una especialidad para abordar a las víctimas de abuso sexual.

La jefa de esta repartición, Raquel Nogales, señaló que las profesionales se especializan en una “terapia breve” para el tema de abuso sexual, lo que permitirá realizar el abordaje en entre tres y ocho meses.

“Esta terapia es muy efectiva y la vamos a empezar a aplicar (una vez que se gradúen las psicólogas)”.

Una terapia, según Nogales, puede durar años, por lo que algunas víctimas abandonan el tratamiento y la Defensoría no tiene el personal suficiente para hacer el seguimiento. “Como institución pública tenemos un problema estructural, la falta de personal y de recursos económicos, porque si bien conseguimos resultados, no son tan visible como construir un puente. Eso nos imposibilita, muchas veces, poder concluir un proceso de terapia”, dijo.

Los efectos persisten hasta la

edad adulta

En el Policlínico de Atención Integral en Salud de Especialidades (PAISE) de la Caja Nacional de Salud se atiende aproximadamente un paciente cada dos meses por abuso sexual, “pero se debe precisar que los pacientes no llegan específicamente por haber sufrido violencia sexual”, afirmó la psicóloga de la institución, Mgr. Cinthia Isabel Mariscal Gonzales.

Agregó que a medida que se va desarrollando el tratamiento, “sale a la luz” que una de las causas de los trastornos en sus conductas es haber sufrido abuso sexual en su niñez.

Tras la primera entrevista, se elabora un programa de intervención, se toman las pruebas y se realiza el tratamiento, que generalmente es una sesión por semana, dentro de la psicoterapia breve.

Después, se realizan las sesiones de control “para ver si la persona está fortalecida y si ha podido superar su problemática”. Una sesión de terapia dura, como promedio entre 30 y 45 minutos, cuando el asegurado está solo, pero si llega acompañado, con algún familiar, puede extenderse hasta una hora y media.

El PAISE recomienda a las víctimas de violencia familiar (psicológica, física, sexual o económica) hacer la denuncia que corresponde, que podría ser los Servicios Legales Integrales Municipales, a la Defensoría si se trata de un niño, niña o adolescente o a la FELCV.

“Si se necesita un tratamiento más especializado, se los puede orientar para que vayan a instituciones como la Fundación una Brisa de Esperanza, que atiende a pacientes víctimas de violencia sexual”.

En los casos que se atiende, uno de los porcentajes más altos es la disfunción familiar y “a medida que avanza la terapia, se descubre que el paciente, en algún momento de su niñez, ha sido víctima de abuso sexual”.

Y si no ha recibido tratamiento oportuno, repercute en el desarrollo de su vida, ya sea personal, familiar o marital, porque le llevan a tener problemas de entendimiento con la pareja, promiscuidad y temores que repercuten en tener una relación inadecuada con su pareja, e hijos que tienden a sobreproteger.