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  • Diario Digital | jueves, 09 de febrero de 2023
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VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

El drama de las niñas violadas que son obligadas a ser madres

El drama de las niñas violadas que son obligadas a ser madres



Un estudio del Cladem en Bolivia y 13 países, revela cómo niñas de 9 a 14 años son afectadas con una maternidad infantil forzada. Lidian con traumas, pobreza y la estigmatización.

Mariana tenía 10 años cuando su padrastro comenzó a violarla, amenazándola con matar a su madre si es que ella le contaba algo. La pequeña, que ya menstruaba, quedó embarazada. Fue su mamá la que notó que su vientre aumentaba de volumen, pero pensó que estaba llena de parásitos. 

La llevó a un hospital de la zona sur y le confirmaron que estaba embarazada. La niña le contó que su padrastro la vejaba mientras ella se iba a trabajar. La mujer sentó la denuncia ante la Policía, pero el padrastro se dio a la fuga y no ha sido detenido hasta la fecha

En julio de 2014, cuando Mariana acababa de cumplir 11 años, dio a luz a una bebé de dos kilos de peso. Mariana medía 1,39 centímetros y pesaba 34 kilos. Sus caderas eran estrechas y su útero no se había desarrollado plenamente. Los médicos le dijeron que su vida corría riesgo, pero la familia de su madre resolvió que el embarazo estaba muy avanzado y había que dejarlo completarse. Mariana lloró durante todo su embarazo porque no quería ser mamá. “Yo quiero jugar”, decía.

La madre de Mariana cuenta que su nieta cumplirá dos años en julio. “Prácticamente es mi hija porque Mariana no quiere saber de ella. Mis hermanas querían que ella le dé leche a la bebé, pero no tenía leche en sus pechitos. Mariana tuvo muchas crisis de llanto, incluso le tiene terror a los hospitales. Al final le dije que sería su hermanita y a todo el mundo le dijimos que es mi wawa. En la escuela es enojona, llorona. Es muy doloroso lo que ha pasado, ninguna niña debería pasar por este trauma”, asegura la madre y abuela de 34 años.

En Bolivia se han dado y se siguen dando muchísimos casos similares, pero no existen datos oficiales sobre la cantidad de niñas que se embarazan y las que dan a luz.

El 18 de marzo fue presentado en Cochabamba un reciente estudio de El Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (Cladem).

El estudio se llama “Niñas madres: Maternidad infantil forzada en América Latina y el Caribe” fue realizado en 14 países y entre ellos Bolivia.

Al Cladem le preocupa la invisibilización de los embarazos infantiles, que muchas veces son confundidos con las gestaciones adolescentes, porque afectan a niñas de 9 a 14 años que fueron violadas por alguien de su entorno familiar, en la mayoría de los casos.

El estudio recoge evidencias que permiten visibilizar esta realidad silenciada en la región y pretenden promover el debate instalando el concepto de la maternidad infantil forzada. En la presentación, la directora de la Oficina Jurídica para la Mujer, Julieta Montaño, expresó que no es lo mismo vivir un embarazo a los 17 o 18 años que a los 9 o 10. Tampoco se puede comparar la maternidad a los 18 años con una maternidad a los 11. Las consecuencias de un embarazo forzado en niñas alcanzan a su salud, a su educación y a su situación en la comunidad. De acuerdo al estudio que engloba a Bolivia, las niñas que se convierten en madres sufren un escaso desarrollo debido a la edad, anemias, náuseas, vómitos, infecciones urinarias, preeclampsia, ruptura de membranas, partos prematuros. En cuanto a su salud mental, sufren de depresión, ansiedad, estrés postraumático o tentativa de suicidio. Entre los efectos sociales y económicos, el estudio encontró que al menos la mitad de las niñas madres abandona la escuela. Y son casi condenadas a la pobreza porque para ellas disminuyen las posibilidades de inserción en el mercado laboral.

En la comunidad, persiste una cultura de estigmatización de las niñas abusadas, de las que quedaron embarazadas o fueron madres. Y para colmo, el Estado ni siquiera diseña políticas de prevención del embarazo infantil forzado y la maternidad infantil forzada.

Algunos datos

¿Qué es la maternidad infantil forzada?

Es aquella que no fue buscada ni deseada. Generalmente, el embarazo es fruto de violaciones sexuales incestuosas en los hogares o entorno de las víctimas, pero luego el Estado y sus familias las obligan a convertirse en madres.

2 millones de niñas

menores de 14 años dan luz en el mundo, cada año. De mantenerse la tendencia actual, esta cifra llegará a los tres millones en 2030.

60.690 niñas menores

de 14 años fueron convertidas en madres el año 2012 en los 14 países de la región de América Latina y el Caribe.

El abuso sexual

es en Bolivia, América Latina y el Caribe, la causa principal del embarazo infantil. Los embarazos infantiles forzados muestran la situación de violencia de las niñas.

Ausencia e ineficacia

Las maternidades infantiles forzadas muestran la ausencia o la ineficacia de las políticas estatales de prevención.

Carencia de

estadísticas

La carencia de estadísticas es una confirmación de la indiferencia del Estado y requiere una atención urgente.

Embarazo infantil es tortura

El estudio, luego de mostrar 14 casos en los que niñas embarazadas fueron separadas de sus madres y encerradas sin comunicación en centros estatales de sus países para garantizar que den a luz, concluye que el embarazo y la maternidad infantil forzada son una forma de tortura, trato cruel, inhumano y degradante. Por ello, señala Julieta Montaño, que se deben incorporar como delitos el embarazo infantil forzado y la maternidad infantil forzada. Para ello, es necesario contar con un marco jurídico coherente. Cuando el abuso sexual es cometido por el padre, tío, hermano o entorno de la niña “debe ser considerado una agravante” en el Código Penal. “Se deben diseñar programas de salud reproductiva que respeten la voz de las niñas y su autonomía reproductiva, facilitando el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo”.

El silencio y la indiferencia del Estado lo agrava todo

La reacción estatal frente a los embarazos infantiles es diversa y va desde el silencio y la indiferencia. En algunos países de la región se proveen de servicios de salud reproductiva que no indagan las causas del embarazo.

Otros optan por el tratamiento escandalizado de la “emergencia” hasta el encierro para garantizar la continuidad del embarazo, con control estricto y la prohibición de visitas de familiares y amistades. En Bolivia no existen datos oficiales sobre cuántas niñas se embarazan o tienen partos.

Mucho menos sobre las causas de los embarazos, el número desagregado por edad, morbilidad y mortalidad de niñas. Esto muestra la indiferencia hacia un tema tan delicado. Las relaciones sexuales con niñas se consideran una violación, pero no existen políticas reales que ayuden a frenar este drama que solo crece cada día más.

Violaciones a niñas quedan impunes en Bolivia

En nuestro país, la violación sexual contra una menor de 14 años se sanciona con 20 a 25 años de cárcel. Si el agresor fuese padre, padrastro, tío o alguien del entorno familiar, la pena alcanza a 30 años de prisión. Sin embargo, esto ocurre en el papel. La violencia sexual contra las niñas es cada vez más frecuente y no todos los casos son denunciados y aquellos que lo hacen, no son encaminados judicialmente a través de un proceso que conduzca a una sentencia.

Un número ínfimo de denuncias termina en condenas (2 por ciento ). La impunidad es altísima y es el caldo de cultivo para que los incestos vayan en aumento y las familias obliguen a las víctimas a ser madres siendo niñas. “Si el embarazo dura nueve meses, la maternidad dura toda la vida y las transforma de manera trascendental”.