Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 28 de septiembre de 2020
  • Actualizado 04:37

Desinfección de calles y túneles sanitizantes; ¿Es el remedio peor que la enfermedad?

¿Es necesario desinfectar tan seguido las vías y los lugares públicos? ¿Las personas pueden exponerse a los desinfectantes sin que les causa algún problema de salud? ¿Los túneles sanitizantes son efectivos? 
Una persona pasa por una cabina de desinfección instalada en el Banco Prodem. NOÉ PORTUGAL
Una persona pasa por una cabina de desinfección instalada en el Banco Prodem. NOÉ PORTUGAL
Desinfección de calles y túneles sanitizantes; ¿Es el remedio peor que la enfermedad?

A pie, en camionetas o tractores, da igual, la carga es la misma y el objetivo también: matar al temible virus que tiene un nombre que hace honor a su rareza, SARS-CoV-2, y que puede estar en el cemento o pavimento de las calles, en las paredes de las casas, en los asientos de los parques, o, también, por qué no decirlo, suspendido en el aire; aunque los científicos todavía no se ponen de acuerdo sobre este tema. ¿Su instrumento? Termonebulizadores fijos o portátiles que pulverizan el agua mezclada con un químico que sale en forma de nubes húmedas o gotas para desinfectar los lugares con una mayor afluencia de personas y donde pueda habitar el “asesino” invisible. 

No son las únicas armas contra el virus. Túneles sanitizantes instalados en edificios públicos y mercados tiene la misma misión. Varios nebulizadores lanzan un químico desinfectante diluido en agua sobre la persona que pasa por su interior.

Tampoco hay que olvidarse de aquellas que portan unas cuantas personas que recorren mercados y calles para realizar, a cambio de un boliviano, una “desinfección” individual -con un pulverizador de presión- que rocía a todo el cuerpo con un “virucida” diluido en agua.

Un funcionario de EMSA utiliza un termonebulizador para desinfectar un vehículo. CREDITO- EMSA

Un funcionario de EMSA utiliza un termonebulizador para desinfectar un vehículo. CREDITO- EMSA

Todo esto parece parte de una película futurista sobre la invasión de un agente “maligno” a la Tierra. Pero no es así. Hace más de 100 días que millones de terrícolas estamos luchando contra el nuevo coronavirus con las “armas” que disponemos por ahora: distanciamiento social, higiene corporal y, claro, desinfección constante; hasta que la ciencia y la medicina descubran la fórmula y el método para neutralizarlo. 

De la noche a la mañana, los productos de limpieza que contienen amonio cuaternario, hipoclorito de sodio, alcohol al 70% y clorhexidina se han convertido en nuestros mejores aliados para intentar mantener alejado al temible virus. Las desinfecciones constantes por toda la ciudad y en el área rural, dan una sensación de mayor seguridad. 

Pero, hay algunas dudas que rondan por la cabeza de muchos –en la mía también- y que, hoy, trataremos de disiparlas con la ayuda de un ingeniero químico, un otorrinolaringólogo, una alergóloga, una dermatóloga y el propietario de una empresa de desinfección. 

¿Es necesario desinfectar tan seguido las calles y los lugares públicos? ¿Las personas pueden exponerse a los desinfectantes sin que les cause algún problema de salud? Las cabinas sanitizantes son efectivas? 

“La situación actual amerita que haya una desinfección constante para evitar la propagación de la COVID-19”, responde, sin dubitar, el ingeniero químico Jaime Antezana. El uso de productos virucidas –añade el especialista- no debiera causar problemas en las personas, a excepción de las alérgicas. Pero, una mala preparación de la dilución y una concentración incorrecta sí pueden ser nocivas para la salud. Para explicar mejor esto, parafrasea: “La diferencia entre un medicamento y un veneno es la dosis”. 

Es en este punto donde sale a relucir la necesidad de que exista un protocolo que regularice la limpieza viaria de los espacios urbanos y rurales para la desinfección del nuevo coronavirus, para proteger tanto a la persona que desinfecta como al ciudadano, y que determine –claramente- el procedimiento para preparar las diluciones adecuadas en cada tipo de químico.

Desde un punto de vista médico, la figura cambia un poco. La exposición a los diferentes desinfectantes, tanto en el domicilio como en la calle, sí tiene algunos efectos directos sobre el sistema respiratorio y dermatológico, aunque la mayoría suelen ser temporales.

Sequedad y escozor de la mucosa de la nariz, flujo nasal y tos, son las reacciones del sistema respiratorio de las personas -que son sensibles y alérgicas- ante la exposición a este tipo de desinfectantes, explica el otorrinolaringólogo Eric Villagra. 

Dos personas con mochilas rocían un desinfectante a un %22cliente%22 en una calle del centro de la ciudad. NOÉ PORTUGAL

Dos personas con mochilas rocían un desinfectante a un %22cliente%22 en una calle del centro de la ciudad. NOÉ PORTUGAL

Lo preocupante es que –según él- la mitad de la población de  Cochabamba tiene rasgos alérgicos. Lo bueno es que, en la mayoría de los casos, los efectos son temporales, porque el organismo tiene un proceso de autolimpieza y depuración.  

Para la alergóloga Nelva Guillén, la sobreexposición a estos químicos puede dañar la piel y provocar dermatitis de contacto, eritemas, enrojecimiento, escozor y descamación de la dermis, así como otro tipo de reacciones. Hace pocos días, una de sus pacientes tuvo una crisis de asma, después de haber inhalado el olor que desprende el hipoclorito de sodio o, más conocida como, lavandina.

Y es que, algunos de estos líquidos bactericidas y virucidas, son más fuertes que otros, como explica Fernando Chacón, gerente de la empresa de limpieza y desinfección ABIN, por eso es importante saber cuál se debe utilizar y qué precauciones hay que tomar.
“El hipoclorito de sodio puede quemar la piel e irritar el aparato respiratorio; mientras que, el amonio cuaternario no es nocivo, pero si llega a tener contacto con los alimentos, hay que lavarlos bien”.

Finalmente, la dermatóloga Magda García y la alergóloga Nelva Guillén hacen énfasis sobre el uso de las cabinas sanitizantes. Coinciden en la importancia de que se utilicen los desinfectantes adecuados y de que la exposición de las personas no debe ser muy elevada. 

Para evitar cualquier complicación, Guillén sugiere vestir blusas o camisas manga larga, gorros y barbijo, y que, cuando uno pase por las cabinas intente no inhalar el líquido y cerrar los ojos.  

Sobre este tema, nueve organizaciones vinculadas a la toxicología de cinco países, sostienen que es mejor no utilizar este tipo de dispositivos de rociado de sustancias químicas, por tratarse de un procedimiento que implica riesgos para la salud de las personas cuando inhalan los aerosoles que se generan durante su aplicación.

Finalmente, García recomendó no utilizar los servicios “express” de personas que desinfectan en la calle. No se sabe qué están utilizando ni en qué concentración. Y como dice el ingeniero químico Jaime Antezana: “La diferencia entre un medicamento y un veneno es la dosis”.