Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 29 de octubre de 2020
  • Actualizado 04:06

EN LA ZONA SUROESTE DE LA CIUDAD

La cuarentena es peor sin agua potable, trabajo ni comodidad

Para familias como la de Regina Flores, la pandemia del coronavirus es sinónimo de falta de ingresos económicos. A eso se suman las precarias condiciones en las que vive.
Regina Flores junto a sus hijos, en el único cuarto que habitan   DICO SOLÍS
Regina Flores junto a sus hijos, en el único cuarto que habitan DICO SOLÍS
La cuarentena es peor sin agua potable, trabajo ni comodidad

La casa, alquilada, de esta familia es un cuarto de adobe con un pasillo pequeño que hace de cocina y un patio de tierra. En  la única cama, que está en una esquina, duermen cuatro personas; otras dos, en el piso.

Cuando la higiene es prioridad, en plena época de la pandemia por el coronavirus, COVID-19, y desde antes, en la zona de Maica Central no hay agua potable ni comodidades y muchas personas están sin empleo, como Regina Flores Fuentes, quien vive con sus cinco hijos de 13, 11, 9, 5 y 2 años y medio, y solo ella se hace cargo de todos.

Para llegar a su vivienda se debe bordear el enmallado suroeste del aeropuerto. Luego de tomar vías asfaltadas, un camino polvoriento conduce hasta la casa. Ahí, quien llega eleva la voz o da un grito: “¡Doña Regina!”; porque no hay puerta para tocar.

Sus vecinos tienen expuestos turriles con agua, cubiertos con telas y plásticos para que el líquido, que usan para beber y cocinar, no se contamine. Ella tiene afuera bañadores con agua y detergente, donde sus hijas lavan la ropa.

Una vecina de Maica Central, junto a los turriles en los que almacena agua.   DICO SOLÍS

Una vecina de Maica Central, junto a los turriles en los que almacena agua.   DICO SOLÍS


La situación de emergencia sanitaria llegó al lugar más con el nombre de “cuarentena” que de coronavirus o COVID-19, porque ahí no tienen cómo informarse adecuadamente. Esta familia recibe ayuda desde hace algunas semanas y ahora ya tiene un televisor, el refrigerador compuesto, una cocina pequeña y la promesa de más catres para dormir.

En la zona, la cuarentena es sinónimo de no poder ir a trabajar. Por lo demás, hay vehículos, con y sin autorización circulando, gente caminando sin barbijos y niños jugando en las calles, entre otras actividades.

Antes de la pandemia, Flores trabajaba limpiando diariamente una casa y lavando ropa cerca de la autoventa, y también en una pensión donde le pagaban cada día. Pero cuando se decretó la cuarentena, le dejaron sin empleo.

“Me han dicho que ya no hay trabajo. Entonces, no estoy yendo. Y el dinero no alcanza tampoco, no ganaba mucho”.

Durante varias semanas se quedó en su casa con sus hijos. Su familia, con una economía que desde antes ya era frágil, se vio más azotada con la pandemia; por fortuna no por la enfermedad, pero sí por una crisis económica.

Buscó ayuda y encontró a un grupo de voluntarios, que trabajan con el concejal Sergio Rodríguez, quienes le consiguieron algunos artículos, además del inicio de un negocio: la venta de maní.

Las hijas de Regina Flores, lavando ropa.   DICO SOLÍS

Las hijas de Regina Flores, lavando ropa.   DICO SOLÍS


 

Le llegó un televisor. Un refrigerador que estaba dañado desde hace dos años fue reparado y ahora conserva sus alimentos frescos. “Antes tenía que comprar poquita carne o verduras, para el día nomás, porque no había dónde guardar”.

Estuvo cocinando en un fogón, que todavía tiene el fondo del patio. Pero, le regalaron una cocina que ahora es de utilidad para todos.

En el único cuarto que habita esta familia de seis miembros había una sola cama. Ahí dormían cuatro y otros dos debían hacerlo en el suelo. Hace un par de días les comprometieron catres para cambiar esta situación.

Pero esta ayuda puede no ser suficiente para mantenerse. Es responsable de sus hijos y, además, debe pagar un alquiler de 100 bolivianos mensuales. Durante las primeras semanas de cuarentena, la falta de ingresos económicos fue amortiguada por los bonos que algunos de sus hijos recibieron. “Con eso hemos estado comiendo”.

La venta de maní también le ayuda en la actualidad. Se dedica a esta actividad durante las mañanas, deambulando en su zona. “La venta está bien nomás”.

Por ahora, parece estar tranquila.

Sin embargo, hay aspectos más difíciles de resolver, como el acceso al agua potable para garantizar la salubridad.

Al ingreso a esta vivienda hay un grifo. En el sector hay una red de agua que distribuye agua de un tanque donde se almacena agua de pozo, “pero no es para cocinar ni para tomar”. Utilizan esa agua para lavar la ropa y para bañarse.

Por eso, los vecinos tienen turriles para comprar agua de cisternas.

La familia de Regina Flores solo tiene un tacho en el que compran, a 1.50 bolivianos, y les dura tres días.

En la actualidad, en Maica Central, los vecinos no conocieron de ningún caso positivo de coronavirus. Saben que no deben salir y quienes no tienen ingresos económicos están en la incertidumbre.

Flores tampoco sabe qué hará cuando termine la cuarentena. “No sé cómo será después; por ahí ya no me van a llamar ni a la pensión tampoco”.

Voluntarios

Esta familia buscó ayuda y un grupo de voluntarios pudo encaminar incluso un negocio temporal.

Datos

10

La cuarentena debido a la pandemia por el coronavirus, COVID-19, ya está en su décima semana. Hace más de dos meses que las actividades económica de una cantidad incontable de familias están paralizada. Esto dificulta que puedan cubrir sus necesidades básicas.

28.3%

Las condiciones de necesidades básicas insatisfechas clasifican a la población en condición de pobreza. En el  de Cochabamba, tomando en cuenta una población de más de 600 mil habitantes, según el último censo, el 28.5% está catalogada como pobre, de acuerdo con los datos del instituto Nacional de Estadística (INE).