Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 31 de octubre de 2020
  • Actualizado 04:35

VARIOS PROYECTOS QUEDARON PARALIZADOS A RAÍZ DE LA PANDEMIA

Crisis ambiental asfixia a la Llajta y urge consolidar recuperación

Cada año se pierden más de mil hectáreas en el Parque Tunari. La contaminación del aire subió en relación al año pasado y aún no se concreta la limpieza de la laguna Alalay y del río Rocha.
Los incendios en el Parque Tunari siguen afectado la masa boscosa. DICO SOLÍS
Los incendios en el Parque Tunari siguen afectado la masa boscosa. DICO SOLÍS
Crisis ambiental asfixia a la Llajta y urge consolidar recuperación

Cochabamba recibe su 210 aniversario con varias de sus áreas verdes, lagunas, ríos y aire contaminados. El esplendor de aquellas riquezas naturales queda solo en el recuerdo de algunos poemas que rinden homenaje al valle qhochala.

El Parque Tunari perdió el último año más de 1.000 hectáreas de bosques. La laguna Alalay permanece llena de lodo y macrófitas, y el nivel de contaminación en el aire incrementó en relación al año pasado.

La socióloga y ambientalista Rocío Estremadoiro aseguró que los problemas medioambientales siguen vigentes en el departamento y que las instituciones públicas no concretaron ninguna mejora. “Otro año más que Cochabamba recibe su aniversario depredada, con una selva de cemento, cada vez más reducción de las áreas verdes, continua la tala de árboles y las obras que no contemplan adecuadamente el impacto ambiental”, afirmó Estremadoiro.

La pandemia del coronavirus paralizó la ejecución de proyectos relacionados con la recuperación de áreas protegidas y dificultó la atención de incendios en los bosques. Además, la falta de presupuesto es otro freno para ejecutar los planes.

“Creo que nos hemos olvidado que una de las características de Cochabamba era su entorno rico, generoso, diverso, lleno de árboles, de aves, de lagunas y con un río al que le cantamos, pero cotidianamente se le echa basura”, aseveró.

PARQUE TUNARI EN LLAMAS  Dos constantes en el Parque Nacional Tunari son, sin duda, los incendios y los loteamientos, que cada año reducen las 309.091 hectáreas que comprenden esta área verde.

Los últimos meses, las llamas consumieron gran parte de bosques y pastizales que están dentro del límite protegido. Pese a las denuncias de varios grupos ambientalistas y de rescate, el panorama no cambió.

El parque pierde más de 1.000 hectáreas anuales, según datos del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap). Sin embargo, solamente en julio se registraron 707 incendios y durante agosto alrededor de 500.

Otro problema que asfixia al Parque Tunari es el avasallamiento de loteadores que utilizan el terreno para realizar construcciones o ampliar el área agrícola. Esto afecta la zona de recarga acuífera que provee agua al departamento para consumo y riego.

De la misma forma, la destrucción de bosques incide en el incremento de contaminación del aire.

Según el Sernap, hasta el momento se perdió la mitad de la reforestación que se hizo en el parque y, si el panorama no cambia, se tendrá que impermeabilizar toda la recarga acuífera y se destruirá la masa           boscosa.

“Somos uno de los pocos departamentos que tiene la suerte de colindar con un parque nacional. No obstante, en lugar de agradecer esa bendición, lo que hacemos es destruirlo y quemarlo”, dijo Estremadoiro.

Desde que esa zona fue declarada área protegida, en 1963, diferentes instituciones se hicieron cargo de su cuidado, entre Gobernación, Alcaldía y Ministerio; sin embargo, la falta de coordinación entre ellas podría frenar los proyectos de recuperación.

El Senarp cuenta con un presupuesto anual de 310 mil bolivianos que, según indican fuentes de la organización, es insuficiente para combatir todos los problemas que aquejan al área verde.

Sobre el tema, el responsable del grupo de rescate Tunari Sin Fuego, Javier Bellott, aseguró que se debería tomar en cuenta las recomendaciones de expertos, quienes aconsejan instalar cámaras que tengan un sistema de comunicación satelital para hacer monitoreo. El uso de drones multipropósito que posibilite descargar bombas de agua y la aplicación de retardantes para dispersar el fuego en los bosques más frágiles.

“Hemos solicitado que se haga mejoramiento de las vías de acceso; no ha sucedido. Luego, que se hagan un sistema de manejo de bosques (…), pedimos cortafuegos y tampoco se ha tenido respuesta de ningún tipo de autoridad. Eso es preocupante”, dijo Bellott.

Asimismo, solicitaron la implementación de sistemas de recarga de agua para atender los incendios con más rapidez, pero no tuvieron resultados. “No hay interés de las autoridades para coadyuvar”, sentenció.

LAGUNAS CON LODO La laguna Alalay es otro de los emblemas cochabambinos que sufre las consecuencias de la contaminación y la falta de cuidado. Los últimos días, se vio el agua llena de desechos sólidos, lodo y macrófitas.

El director de Medio Ambiente de la Alcaldía de Cochabamba, Elvis Gutiérrez, aseguró que paralizaron los trabajos de recuperación de la laguna debido a la cuarentena que se decretó a raíz de la pandemia.

Las contrataciones y la parte operativa permanecieron detenidas, pero continuaron parcialmente los trabajos para controlar la contaminación, informó Gutiérrez.

“Necesitamos ponerle más énfasis en el proyecto a diseño final que ya estaba contemplado hace dos años”, reconoció.

Entre los planes que están pendientes para recuperar Alalay, está la construcción de una zanja de coronación, una franja de agua al noreste y el acueducto de aducción de los residuos que llegan contaminados desde Misicuni. “Esos tres proyectos, yo creo que estabilizarían la laguna, además del dragado que tendría que reencaminarse para que, de una vez, se consolide”.

En el caso de la laguna de Coña Coña, actualmente la Alcaldía está en proceso de licitación para realizar el mantenimiento de obras y comprar maquinaria, como botes y oxigenadores. Después del dragado que se hizo el año pasado, se logró una profundidad de dos metros y medio, pero el espacio aún no está libre de polución. Para el diseño final se necesitan 73 millones de bolivianos.

Gutiérrez indicó que el agua que llega desde Sacaba está contaminada, por lo que se requiere hacer un tratamiento integral entre municipios. “Si tienes una laguna en proceso de recuperación y tienes la alimentación de agua contaminada, obviamente el problema estará presente siempre”.

Sobre el tema, la bióloga Olga Ruiz explicó que, un indicador para conocer el estado del agua de las lagunas, son las aves migratorias que llegan cada año. En el mes de agosto, se vio flamencos visitando Alalay; sin embargo, no había más especies que, normalmente, llegan en esta época, lo que podría ser un referente de que la polución sigue presente en altos niveles.

COCHABAMBA ASFIXIADA Durante la cuarentena rígida en el departamento, una de las pocas noticias buenas que hubo fue la disminución de la contaminación ambiental. Sin embargo, luego de que se flexibilizara la medida y los vehículos puedan circular otra vez, el nivel se incrementó, incluso por encima del registro del 2019.

Según los datos de la Red de Monitoreo de Calidad del Aire (MoniCA) de Cochabamba, en la parte norte de la ciudad se contabilizó una contaminación de 44.6 microgramos por metro cúbico (ug/m3), lo que representa un 37% más que el año pasado.

En la parte sur, cerca del parque Kanata, se calculó 64.7 ug/m3, que suma un 29.6% más en relación al 2019. Además, por la zona del aeropuerto se registró 79.7 ug/m3, que significa el incremento de un 43.6%.

El responsable de MoniCA, Alaín Terán, aseguró que el panorama actual de contaminación se debe al ingreso de humo de los incendios —registrados tanto en Cochabamba como en la parte oriental del país— y del parque automotor que contempla más 250 mil vehículos que queman combustible fósil.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que el límite de contaminación tendría que ser 50 ug/m3. Cochabamba supera esos límites, lo que ocasiona problemas de salud y afecta a los que sufren enfermedades cardiovasculares, infecciones respiratorias o tienen asma. 

RÍO ROCHA EN EL ABANDONO En la misma línea de las lagunas, se encuentra el río Rocha. Contaminado, con planes de dragado estáticos y sin consolidar de la anhelada recuperación. Del cause “turbión” que lo caracterizaba, solo quedan aguas residuales. 

El director de Recursos Naturales y Medioambiente de la Gobernación, Samuel Cari, afirmó que los proyectos planificados para limpiar y mejorar el río quedaron paralizados a causa de la pandemia del coronavirus y el recorte presupuestario que significó. Recién se retomarían en 2021, una que vez que los municipios del eje metropolitano que tienen influencia directa sobre el Rocha ajusten su Plan Operativo Anual (POA). 

Cari afirmó que preveían aplicar el Plan Director de emergencia que consistía en la coordinación de todos los implicados en la recuperación del río, pero al final no se pudo concretar. “Algunos lo van a hacer (dragado) por el tema de inundaciones, pero la idea era hacerlo de manera general”, reconoció.

Por su parte, el director de la fundación Gaia Pacha, Rodrigo Meruvia, indicó que el panorama de esta afluente es preocupante, según los estudios que hicieron desde el 2018. “El grado de contaminación del río Rocha no ha cambiado debido a que no se han hecho obras importantes. Las plantas de tratamiento descentralizadas, o funcionan a una capacidad mínima o todavía no se han concluido y están en planificación. Esto hace que todavía tengamos una calidad muy mala en el agua”, indicó Meruvia. 

Mientras pasa la pandemia, Cari afirmó que están haciendo trabajos de seguimiento a los residuos que se depositan en el río. Tienen identificado varios mataderos y empresas industriales que botan sus desechos. Además, están planificando un monitoreo del río en coordinación con el Ministerio de Medio Ambiente y Agua. “Se tienen las reuniones de la región metropolitana Kanata para seguir tratando este tema”, dijo. 

Meruvia aseguró que el problema de este cause proviene desde hace 25 años y que el crecimiento poco planificado de los municipios incidió en su condición actual. “Peor no podría estar, eso significaría que desaparezca el rio Rocha y se vuelva solo un desague de aguas residulares”, enfatizó. 

Aseguró que las lluvias mantienen viva la corriente, ya que limpian, en parte, los residuos que se acumulan. Sin embargo, si las sequías aumentan eso podría cambiar. 

“Lo que falta, más allá de una planificación, son actividades concretas, empezar a realizar las plantas de tratamiento que están planificadas hace cuatro o cinco años. Falta trabajo mancomunado y el tema político ha hecho mucho daño. Hay una pulseta que va por otros intereses en desmedro de la calidad ambiental de Cochabamba”, concluyó.  

Tanto Bellott como Estremadoiro y Meruvia coincidieron en que la falta de coordinación y voluntad política deriva en la crisis medioambiental que sufre el departamento y que, en otro aniversario más, no ha cambiado.