Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 15 de abril de 2021
  • Actualizado 04:38

Crematorio está al tope y se advierte posible colapso

El horno nuevo no se utiliza; no es posible hacer mantenimiento porque está precintado por el proveedor.
El horno crematorio nuevo a la intemperie en el Cementerio General. NOÉ PORTUGAL
El horno crematorio nuevo a la intemperie en el Cementerio General. NOÉ PORTUGAL
Crematorio está al tope y se advierte posible colapso

A las 10:30 horas de este miércoles se cremaba el tercer cuerpo, de una persona víctima del coronavirus, COVID-19, de la jornada en el horno crematorio del Cementerio General de la ciudad de Cochabamba.

El administrador del Cementerio, Benedicto Gonzales, informé que en la actualidad se encuentran al tope con la cremación de cadáveres y que sí se registran más muertes diarias por el coronavirus, puede colapsar.

En el camposanto funciona solo el antiguo crematorio. Uno nuevo fue entregado en julio de 2020; pero, solo funcionó cinco meses. Requiere mantenimiento, pero no se puede hacer porque el proveedor precintó el equipo, debido a que no le pagaron; este pago está frenado por una denuncia de presión para hacer la cancelación. Además, por otro lado, hay un proceso por presuntas irregularidades en la adquisición del horno crematorio.

Gonzales lamentó esta situación.

“Nuestro horno antiguo está funcionando, pero no tiene la capacidad de atender más de cinco o seis cuerpos por día”, dijo. Informó que en la actualidad ya están con la “capacidad máxima”.

Explicó que la mayoría de los cadáveres corresponden a coronavirus y que, si hay otros cuerpos para cremar, deben trabajar desde la madrugada.

“Al ritmo que vamos en Cochabamba, de acuerdo con el informe del SEDES (Servicio Departamental de Salud), que están en crecimiento los contagios y los fallecidos, en Cochabamba vamos a volver a ver en los hospitales, en los centros de salud, muertos botados”.

En la actualidad creman entre cinco y seis diariamente. Cada cadáver se crema en un tiempo de dos horas a dos horas y media, por lo que trabajan de siete de la mañana a ocho de la noche. “Estamos haciendo doble turno. Y nuestro horno antiguo en cualquier momento también puede colapsar o arruinarse. Es una preocupación para nosotros”.

En 2020, en la situación más crítica en pandemia, y con los dos hornos funcionando, se cremaban entre 12 y 14 cuerpos, cuando además había muertos en hospitales y hasta en la vía pública.

El horno nuevo debía tener capacidad para 10 a 12 cadáveres al día, pero solo cremaba 5 y, en la actualidad, no funciona.

“Hay varios repuestos que hay que cambiar, que podemos hacerlo como técnicos, en el cementerio tenemos repuestos. Pero, la ley no nos permite, primero porque está dentro del margen de garantía de un año del equipo, y lo otro es que los tableros están presentados y no podemos tocar, romper un precinto es delito”.