Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 03 de junio de 2020
  • Actualizado 18:08

Cobrar el bono del abuelo es una hazaña aún para el nieto

La mujer “forrada” en plástico para protegerse de cualquier contagio. OPINIÓN
La mujer “forrada” en plástico para protegerse de cualquier contagio. OPINIÓN
Cobrar el bono del abuelo es una hazaña aún para el nieto

Alejandro estuvo por mediodía en los zapatos de su abuelo. Preocupado por la salud del adulto mayor y para evitar un contagio por coronavirus ofreció cobrar por él, su renta en el banco.

La Ley 4200 de emergencia nacional por la pandemia autoriza a los parientes de los adultos mayores a realizar cobros de los beneficios en los bancos del país.

El pago de la Renta Dignidad y jubilaciones para las personas mayores empezó el jueves 2 de marzo. Ale madrugó y estuvo a las 6.30 de la mañana en el Banco Unión de las calles 25 de Mayo y Sucre. 

A esa hora, era el número 40 para ser atendido. Las puertas del Banco fueron abiertas a las 7 de la mañana. “Entro, sacan copias del documento de identidad y cuando llego a una Caja, el cajero me dice que la fotocopia debe tener la firma y huella del titular, es decir de mi abuelo. Discutí un poco porque en el comunicado decían que el Banco se encargaría de las fotocopias, pero nunca mencionaron las rúbricas. Finalmente tuve que volver a casa y hacer firmar a mi abuelo, además de su huella digital. Cuando salía por la puerta, los del mismo Banco me dijeron que vaya a la sucursal cercana a la casa de mi pariente que estaba por la final Panamericana (zona sur) porque, según ellos, estaba más vacía”.

Con la fotocopia firmada por el abuelo, Alejandro va a la sucursal de la Panamericana. “Llegué y me puse al final de una fila no tan larga. Estuve 20 minutos ahí. En eso, alguien dijo que era para al cajero. Reencaminé mis pasos, giré hacia el otro lado de la calle y encontré una cola de tres cuadras, casi todos ancianos sentados. Decidí volver a la central. Empecé de nuevo, otra fila, otra espera”. 

Mientras esperaba frente al sol, afuera sucedían muchas cosas en medio de la cuarentena. Una anciana estaba sentada en una silla de plástico blanca. Había protegido con lo que pudo su cuerpo. Llevaba una bolsa plástica estilo mameluco (enterizo), con capucha. De su rostro solo se veían sus ojos porque un barbijo le cubría todo. Sus pies estaban reforzados con nylon. 

“Al verla a la señora daba miedo”, cuenta Alejandro recordando el momento. 

A esa hora, la rabia y el cansancio hicieron presa del nieto. “Estaba furioso”.

En medio de la desesperación, cuatro vehículos policiales se fueron acercando con megáfonos y parlantes. Se escucha la pegajosa canción “Resistiré”.

“Resistiré para seguir viviendo

Soportaré los golpes y jamás me rendiré

Y aunque los sueños se me rompan en pedazos 

Resistiré, resistiré, resistirééé…”

Los oficiales sonreían y saludaban a sus ocasionales y cansados espectadores. Lo hacían con sus manos desde el interior de los vehículos grababan videos a las más del centenar que las personas que solo buscaban cobrar su beneficio económico.  

Después, Alejandro imgresa al banco. Finalmente pudo cobrar.