Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 13 de octubre de 2019
  • Actualizado 18:55

EN COCHABAMBA, 26 MUJERES HAN SIDO ASESINADAS EN 2015. LOS AGRESORES RECURREN A LOS PUÑOS, PATADAS Y CUCHILLOS PARA “RETOMAR SU PODER”

El 81% de víctimas de feminicidio perdió la vida a golpes y puñaladas

El 81% de víctimas de feminicidio perdió la vida a golpes y puñaladas



En Cochabamba, 26 mujeres han sido asesinadas por la violencia machista este año. El 50 por ciento de ellas fue asesinada a golpes y el 31 por ciento , a puñaladas. Las demás fueron estranguladas y asfixiadas. En el 90 por ciento de los casos, los feminicidas tenían o tuvieron una relación sentimental o familiar con las víctimas y antes de matarlas las sometieron a una violencia psicológica, física, económica y en muchos casos sexual.

El feminicidio, es la expresión más brutal en la escalada de violencia en contra de la mujer, y según la investigadora social Susana Velásquez, “pone al desnudo el menosprecio masculino por el más sagrado derecho que tiene una mujer como ser humano, el derecho a la vida. El disponer o arrebatarle la vida a una mujer tiene explicaciones diferentes a las que normalmente encontramos en otras formas de violencia con distintos escenarios.

La violencia feminicida es un acto extremo de la violencia de género que se ampara en el abuso de poder, persigue someter y controlar a las víctimas, con repercusiones que se miden en daños físicos, psicológicos, sexuales o patrimoniales y que pueden terminar con las muertes de esas víctimas.

En el 60 por ciento de los feminicidios ocurridos en Cochabamba este año, las mujeres habían decidido terminar sus relaciones con sus agresores. Unas optaron por separarse, divorciarse, pero solo en dos casos habían denunciado la violencia psicológica y física sufrida antes. Los agresores sienten que pierden el control sobre sus víctimas y extreman mecanismos para retomar el poder con palabras, amenazas, golpizas y finalmente ataques mortales. Un estudio de casos de feminicidios en América Latina advierte que la violencia es más grave cuando la pareja está separada o en trámite de separación, porque el agresor no acepta la separación impuesta por la víctima y hay evidencia de acoso en las últimas semanas.

Si bien existen diversos tipos de feminicidas y no hay un solo perfil para describirlos, el investigador Lundy Bancroft identificó características generales de los hombres agresores:

• Son personas controladoras.

• Se sienten con mayor status sobre la mujer.

• Tienden a la dicotomía de los hechos.

• Confunden el amor con el abuso.

• Son manipuladores.

• Se esfuerzan en mantener una adecuada imagen pública.

• Sienten que sus abusos están justificados.

• Niegan y minimizan los abusos.

• Son personas posesivas.

El 30 por ciento de los maltratadores habituales, según los investigadores Dutton y Golant, podría ser definido como personas que enfrentan fases cíclicas, emocionalmente inestables, que cometen actos de violencia de forma esporádica, centrando toda su ira en la pareja con la que están emocionalmente ligados. Sufren altos niveles de celos, de depresión, de ira y ansiedad. Son violentos durante sus relaciones íntimas, ambivalentes.

Generalmente, los agresores adultos han estado expuestos a la violencia en la infancia, ya sea como víctimas, como observadores o como protagonistas de esa violencia. “La observación reiterada de los hijos del maltrato a la mujer, por parte del marido, tiende a perpetuar esta conducta en los matrimonios de la siguiente generación”.

De niños crecen aprendiendo que la violencia es un recurso “eficaz y aceptable” para hacer frente a las frustraciones del hogar. Las niñas aprenden a su vez que deben aceptarla y vivir con ella. Por ello soportan insultos, desvalorización, amenazas, aislamiento y agresiones físicas a lo largo del tiempo.

Pero el ciclo de la violencia no termina con una petición de perdón. Una vez que ocurre el primer episodio de maltrato, y a pesar de las muestras de arrepentimiento, crece la probabilidad de nuevos episodios y por motivos cada vez más insignificantes.

El ciclo de la violencia tiene tres fases según la investigadora social Leonore Walker. La primera es la Acumulación de tensión, en la que el agresor acumula sentimientos relacionados con la frustración de algún deseo, provocación o simplemente molestia. La segunda fase es la Explosión o descarga de la violencia y se manifiesta con la conducta o acción de maltrato. Esta varía en intensidad y duración, solo se detiene cuando el agresor lo decide. La tercera fase es el Arrepentimiento. El hombre pide perdón y la mujer se lo concede porque tiene expectativas de que él cambie. En la práctica, esta petición de perdón suele funcionar como una especie de reforzamiento intermitente ya que la esperanza de cambio de la mujer es vista por el agresor como un “premio” que ella le da, no como una oportunidad para cambiar. Y nuevamente, el agresor vuelve a la fase de acumulación de tensión, y así reinicia el ciclo.

Agresores

Cómo detectar a un potencial feminicida

Los agresores, cuando se convencen de que es inminente que sus parejas los dejarán, enfrentan el Síndrome de Pérdida Inminente que es el conjunto de reacciones disfuncionales, una especie de duelo inadecuado, matizado por la rabia, frustración, depresión, regateo, actitud hipervigilante, intimidación y chantajes.

Enojo vs vulnerabilidad

La incapacidad de hacer un duelo saludable se complica con actitudes ambivalentes de perseguir el retorno de la mujer a quien se maltrata y si ella se mantiene firme en su decisión de no regresar con él contribuye al incremento de la frustración y enojo que el agresor proyecta hacia la mujer, a quien define como la causante del mismo. En este escenario, la vulnerabilidad de la mujer aumenta, y la carga de enojo tiende a explotar con diferentes niveles de severidad, en ocasiones con resultados que pueden ser trágicos.

Una cuestión de poder

Mientras más desempoderado se siente un hombre, mayor es su necesidad de controlar.

Puños y cuchillos vs. mujeres

Las estadísticas sobre la forma en la que han sido asesinadas las mujeres en Cochabamba, no son distintas de las estadísticas registradas en otros países como España, República Dominicana, Brasil, Argentina y otros.

El 50 por ciento de las 26 mujeres asesinadas en Cochabamba fue muerta a golpes y el 31 por ciento , a puñaladas. La psicóloga clínica forense del IDIF, Lorena Cox, ya explicó que un feminicida íntimo no es una persona que planee asesinar, sino que es alguien que no logra controlar su ira y su afán de tener control sobre alguien más frágil, porque no ha desarrollado frenos inhibitorios, ni capacidad de contención a través de la educación. Por ello comienzan con insultos, pellizcos, golpes y la violencia escala cada vez más, hasta que su ira explota por los motivos más insignificantes y en un momento de desborde, son capaces de matar. Por eso, muchos de ellos, al percatarse de su crimen, optan por quitarse la vida.

¿Por qué las mujeres víctimas de violencia no abandonan a sus agresores y se exponen a morir?

Cuando se lee una noticia sobre un nuevo feminicidio, es común preguntarse por qué las mujeres soportan tanta violencia y no abandonan a sus parejas antes de ser asesinadas. Es fácil juzgarlas y caer en el facilismo de concluir que les gusta vivir así.

A ninguna mujer le gusta ser insultada, humillada, vejada o golpeada. Pero cuado han caído en la trampa del ciclo de violencia, les es muy difícil salir de allí.

Muchas mujeres no logran frenar el maltrato porque han sido sometidas por los agresores, desde antes, a un sistemático proceso de condicionamientos hasta aislarlas del mundo y tornarlas dependientes emocional y económicamente de ellos.

La psicóloga Mary France Irigoyen enumera varios de los mecanismos que los agresores emplean para ello: el lavado de cerebro o manipulación ejercida sobre la mujer para someterla y controlarla, el aislamiento de sus familias, de sus amigos, de sus trabajos. Además, controlan la información que recibe su pareja y se dedican a sumirla, primero, en un estado de dependencia económica para finalmente debilitarlas física y psicológicamente, con el fin de desarrollar en ellas una dependencia emocional total.

El 92 por ciento de las mujeres asesinadas en Cochabamba este año, jamás había denunciado el maltrato. Sus familias, amigos y vecinos fueron quienes confesaron que las asesinadas eran víctimas de continua violencia. El director de la FELCV, Alejandro Pozo, recordó que la Ley 348 que garantiza a las mujeres una vida libre de violencia en Bolivia prevé que no solo las víctimas denuncien el maltrato, sino también gente de su entorno, precisamente porque se sabe que las víctimas no denuncian por la dependencia económica y emocional hacia sus agresores.

El trauma de sobrevivir a un intento de feminicidio en las mujeres

Mariana (nombre cambiado) sobrevivió a un ataque brutal de su expareja este año y asegura que el trauma que le dejó esa experiencia ha sido tan terrible, que ni siquiera puede salir de su casa sola pues sufre ataques de pánico al oír ruidos fuertes. “Soy profesional, estudié, pero no sé cómo él me envolvió en una relación tan dependiente que me hizo dudar del amor de mi familia, de mis amigos y me alejó de todos. De pronto estaba sola y solo lo tenía a él que me hacía sentir fea, inservible, insuficiente, hasta que me apuñaló al salir de una fiesta, porque un hombre me había preguntado la hora, solo entonces me dí cuenta del abismo en el que había caído y gracias a Dios mi familia corrió a rescatarme”. La exposición al trauma de la violencia deja secuelas emocionales y físicas que se manifiestan a mediano y largo plazo. Dentro de los síntomas más frecuentes de las mujeres que sobreviven a violencia se encuentran: quejas somáticas, dolores de cabeza, insomnio, sensaciones de choque cardiovascular o arritmias cardíacas, hiperventilación, síntomas gastrointestinales, dolores pélvicos, pecho y espalda.

Hay mujeres que han sido intimidadas por sus parejas con un arma de fuego en la cabeza y ésto les ha producido un estrés postraumático que no las deja llevar una vida normal. “En estas víctimas las secuelas afectan su cuerpo y su alma. Sufren trastornos clínicos de ansiedad y de depresión graves, pueden caer en el abuso de alcohol o sustancias psicotrópicas, buscar autolesionarse (dañarse a sí mismas) e incluso tratar de quitarse la vida”, describe la psicóloga clínica Lorena Cox. Desarrollan el síndrome de la mujer maltratada. Si estas víctimas sobrevivieron a puñaladas o a traumatismos craneales, padecen secuelas físicas permanentes que las dejan discapacitadas o lesionadas. Además, por la dependencia emocional y económica que tienen de su agresor, vuelven con ellos y continúan exponiéndose a formar parte de la lista de mujeres asesinadas.

Datos.



23 por ciento de las 26 mujeres asesinadas fue violada antes por sus verdugos.



12 por ciento de las 26 mujeres víctimas de feminicidio en Cochabamba fue estrangulada. El resto fue asfixiada, de acuerdo a los datos registrados por OPINIÓN y CUÁNTAS MAS?