Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 05 de diciembre de 2020
  • Actualizado 14:28

Seis de 47 municipios de Cochabamba salvan del virus a su población mayormente anciana

Uso de retenes, organización, disciplina, prohibición de visitas entre familias, centros de aislamiento desde del primer día son la clave para mantener al margen a la pandemia.

En el municipio de Pasorapa se entregó paquete de alimentos como forma de ayudar a los pobladores.
En el municipio de Pasorapa se entregó paquete de alimentos como forma de ayudar a los pobladores.
Seis de 47 municipios de Cochabamba salvan del virus a su población mayormente anciana

Algunas autoridades intuyeron la gravedad del virus. Sabían que si no actuaban desde inicio y con premura, sus pueblos podrían quedarse sin habitantes porque en el área rural solo quedan los adultos mayores, niños y mujeres. Los jóvenes han migrado a otras ciudades y países.

De 47 municipios de Cochabamba, 42 están infectados. Solo seis han mantenido a raya a la pandemia y no han permitido que ninguno de sus pobladores se contagie.

La tarea no ha sido fácil, admiten tres de los seis alcaldes consultados. Implicó aplicar disciplina, involucrar a las organizaciones, habilitar centros de aislamiento con control desde el primer día, evitar las visitas entre familias y vecinos, determinar quiénes salen y entran a vender productos de primera necesidad y aumentar retenes con puntos de fumigación.

Los seis municipios que en cinco meses no tuvieron ningún caso confirmado de coronavirus, por tanto tampoco un deceso, son Tacopaya, Pasorapa, Alalay, Sacabamba, Villa Gualberto Villarroel o Cuchumuela y Raqaypampa.

ALALAY El municipio de Alalay viven 4.500 personas, de las que según datos del Servicio Legal Integral Municipal, SLIM, 1.200 son adultos mayores, es decir, el 28% de la población está entre los 60 a 90 años de edad. El resto está compuesto por niños y mujeres.

El alcalde Leovigildo Cayola supo de esa realidad desde un principio en el municipio - tercera sección de la provincia en Mizque- que tiene población adulta mayor porque los jóvenes se fueron de los pueblos a otras ciudades en busca  de trabajo a otras ciudades y países.

“Entonces necesitábamos tomar todas las medidas para que ninguno de nuestros habitantes falte en sus hogares”.

Cayola considera que la clave del éxito fue organizarse a partir del mismo día en que se anunció que el coronavirus había entrado a Bolivia. “Hemos tomado la decisión con las organizaciones y la sociedad civil trabajar en la prevención y hemos cumplido a cabalidad todas las medidas dictadas desde el Gobierno central”.

Alalay tiene dos ingresos y salidas. En ambos retenes se instaló personal contratado para controlar que todo vehículo y personas queden desinfectadas. Fumigaron, utilizaron lavandina y otros productos considerando que  la información era que la enfermedad era transportado por los pies, las llantas, dentro de los vehículos o la ropa. 

En cada retén había personal de salud controlando el uso de barbijos obligatorio, así como la temperatura de cada persona que se movilizaba. “A médicos y enfermeras les hemos equipado con todas las medidas de seguridad desde el primer día”.

Las trancas no estaban abiertas las 24 horas, sino solo de 8 de la mañana hasta las 16:00, tiempo suficiente para que la gente se abastezca de productos de primera necesidad. 

Actuaron sin necesidad de policías ni militares, pero con trabajo de concienciación con los pobladores. “Les hemos explicado a la gente que siendo un municipio con muy escasos recursos económicos no podríamos llegar a las clínicas ni hospitales de la ciudad porque estaban colapsados. Más bien entendieron y cumplieron”.

Se prohibió las visitas entre familias, entre vecinos y no se podía entrar a las casas. Identificaron quiénes podían abastecer de productos de primera necesidad y lo hacían solo cumpliendo las medidas recomendadas. 

“El libre tránsito habría provocado que cualquier persona llegue y salga sin cumplir el aislamiento y no lo podíamos permitir”.

Instalaron también un centro de aislamiento desde el primero día en la ex posta de salud. Una persona que llegaba al pueblo de otro municipio, departamento, o país estaba obligada a permanecer en confinamiento bajo estricta observación médica entre 15 días a ocho días, dependiendo del caso.

La labor requirió de un alto compromiso de los médicos, enfermeras y de los pobladores del lugar.

Alalay tiene un centro de salud y seis postas con 25 servidores entre médicos, enfermeras y personal administrativo.

Cayola anuncia la compra de una ambulancia la próxima semana. El municipio maneja un presupuesto total de 1.200.000 para todas las partidas.

PASORAPA El municipio de Pasorapa, ubicado en la provincia de Campero, contrató personal médico, enfermeras y administrativos desde marzo, el mes que empezó la pandemia en Cochabamba.

En este tiempo, se presentaron ocho casos sospechosos, pero todos fueron descartados.

El alcalde de Pasorapa, Jaime Mendieta, explica que tras llegar a consensos con organizaciones decidieron aislar al municipio. Se cerraron todos los accesos de ingreso y salida, determinaron los horarios y días en los que los productores agrícolas podrían abastecer, cada vehículo que entraba de Valle Grande, Saipina, Peña Colorada, Omereque o Aiquile era fumigado. 

 Desde abril, todas las personas que volvían al pueblo debían someterse a aislamiento ya sea en sus domicilios hasta por 21 días con estricto seguimiento médico con atención a cualquier síntoma.

Mendieta admite que no todos aceptaron de buena gana las medidas, pero trabajaron de forma muy cercana con el Comité Operativo de Emergencia, COE, que involucra a organizaciones y han comprometido la participación del 90% de las instituciones públicas, privadas y sin fines de lucro. “Se formaron brigadas de información para tareas de concienciación con tareas de seguridad y seguimiento”. 

Pasorapa tiene una población de 6.699 habitantes que vive en una extensión de 2.290 kilómetros cuadrados. Su situación es similar al municipio de Alalay. La gente es adulta y con al menos dos enfermedades de base. “Si llega la enfermedad, los ancianos serían los más afectados”.  

La Alcaldía instaló salas de aislamiento con 22 camas para posibles casos. Compró equipamiento como monitores cardíacos, camillas y otros.

“Sabíamos que si de alguien se complicaba su salud no podríamos llegar a lograr una atención en hospitales de segundos o terceros niveles porque no hay espacio. Entonces era como dejarlos morir y no lo podíamos permitir”.    

Mendieta teme las consecuencias de una medida que se asumió el sábado pasado, cuando en otra reunión del COE se decidió flexibilizar la cuarentena, abrir el paso a más días y horarios.

Se formaron comités locales de emergencia a nivel de subcentral campesina que se dedicarán a continuar con los controles.

La Alcaldía hará seguimiento, pero en el área urbana.

La flexibilización consiste en permitir el ingreso de productores de lunes a viernes, igual que los comerciantes, cuando antes solo tenían entrada jueves y viernes.

Mendieta dice que durante las últimas semanas advirtió que la gente migrante está retornando a Pasorapa, quizá presionada por la falta de trabajo en las ciudades. “Eso de alguna manera nos alegra porque reactivarán la ganadería y agricultura”. 

“A partir de la flexibilización, la gente puede sentirse muy confiada y segura y quizá tengamos problemas. Es una medida de momentos contradictora, pero tenemos que mover la economía. No podemos seguir restringiendo la comercialización de productor.

La Alcaldía también otorgó paquetes de alimentos solidarios a la población.

SACABAMBA Es un municipio de la provincia Esteban Arce, también del Valle Alto de Cochabamba. El éxito de mantener al margen al COVID-19 radicó en bloquear los ingresos y salida del pueblo. Promontorios de tierra impidieron el paso por varias partes y solo dejaron libre los sitios que podían controlar con ayuda de Seguridad Ciudadana (policías) y subcentrales regionales.

El alcalde, José Manuel Tordoya, explicó que se han puesto trancas donde una enfermera controlaba a todos y se hacía fumigación. “Había que preguntar de dónde venía una persona, a dónde iba, su familia. Personas extrañas no se ha dejado ingresar”.

Tiene 5.400 habitantes, también una mayoría población adulta. “Los jóvenes se han acercado hacia la ciudad. Son personas mayores las que han quedado”.

Sacabamba tiene cinco ingresos desde Arani y Punata, pero en varios echaron tierra en el camino y las autoridades se dedicaron a la socialización de las medidas sanitarias.

No salir a la ciudad era uno de los principios. También se gestionó canastas familiares como forma de paliar la necesidad de las personas. Los comerciantes tenían que ganarse la confianza para ingresar sus verduras frescas y las ferias zonales se han abierto muy poco.

El municipio maneja un presupuesto anual de 6.400.000 bolivianos.