Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 22 de septiembre de 2019
  • Actualizado 14:59

EMPRENDIMIENTO

40 apicultores urbanos ayudan a romper mitos con 5 productos

Cada uno tiene un promedio de tres colmenas en las zonas de la laguna Alalay, Taquiña y Maica. Alertaron de al menos siete amenazas a las abejas y su producción.
40 apicultores urbanos ayudan a romper mitos con 5 productos


En Cochabamba hay al menos 40 familias que practican la apicultura urbana, es decir que tienen un promedio de tres colmenas, cada una, con miles de abejas para producir la miel y otros alimentos ricos en proteínas y que dan energía.

Los apicultores se encuentran en constante lucha contra los mitos de los consumidores por su nivel de pureza y las cerca de siete amenazas que enfrentan los insectos voladores en la ciudad. Las cajas o colmenas se encuentra en inmediaciones de la laguna Alalay, Taquiña y Maica.

El apiario Los Olivos está cerca del aeropuerto y sus propietarios, ambos ingenieros agrónomos, destacan la inteligencia de las abejas, su trabajo, organización y forma de comunicación, entre otras cualidades. Su mayor logro fue ver los resultados de la polinización en la producción orgánica de duraznos y zapallos que tienen, desde hace cinco años, que comenzaron a dedicarse a esta actividad. Su conocimiento va más allá del proceso de elaboración de la miel y otros productos. En cada venta recuerdan los beneficios y proponen, por ejemplo, un frasco para la tos que incluye limón, jenjibre, clavo de olor y otros ingredientes. Los dolores articulares y la talla baja también tienen solución con otros preparados conocidos como el “levantamuertos” y una mezcla de miel y polen.

Carla Pereira, una de las propietarias de Los Olivos, contó que se tienen cinco productos para la venta. Está la miel de un kilo, medio y 3/4. Sus precios son de 50, 25 y 18 bolivianos. El propóleo viene en presentaciones de 30cc. en spray y gotero de 18 y 17 bolivianos, respectivamente. El polen es de 50cc y está en 17 bolivianos. El panel tiene un precio de 30 bolivianos y los preparados en 27, de medio kilo. Otros servicios que ofrecen son la polinización, es decir, llevan las colmenas a los lugares en los que existe producción y trabajan como “caza abejas”, que implica el rescate de los enjambres que atemorizan en la ciudad con su presencia por las picaduras.

En otros países su uso se amplía con la apitoxina, que es la cosecha de veneno, y la obtención de cera, para los tratamientos de belleza.

El trabajo en la casa de Gerardo Fuentes y su esposa Carla es poco o nada riesgoso. Se toman las medidas de seguridad necesarias y los resultados son buenos. Obtienen cada dos meses alrededor de 90 kilos de miel. La cosecha dura como máximo 10 minutos para obtener este rico producto.

La pureza de la miel es la constante cuestionante por la cristalización. Aclararon que no afecta y solo requiere de un baño maría para recuperar su valor. Se debe hervir el agua y sacar de la hornilla para luego poner el envase dentro y esperar a que se diluya. Por otro lado, recomiendan pruebas caseras como echar una cuchara en un vaso de agua o sobre una superficie seca y si no se disuelve o esparce, quiere decir que es pura.

Apuntes

La realidad

En cada colmena viven 30.000 abejas y una reina que pone alrededor de 2.000 huevos por día. Su tiempo de vida es de 5 años, pero solo uno es productiva. Las otras hembras son las obreras que viajan hasta 5 kilómetros a la redonda para recolectar néctar de las flores y su promedio de trabajo es de 3 meses. Todos estos insectos son foráneos, es decir importados y que pueden o no ser agresivos. Vienen de África y Europa. Los nativos, sin aguijón, se extinguieron.

La reina tiene un tratamiento especial desde la alimentación. A su alrededor, las obreras controlan su temperatura y se comunican por feromonas.



Las amenazas

Se identificó la desaparición de las abejas por la deforestación; el mal manejo de las colmenas por la falta del alimento adecuado; las enfermedades, que las llevan a alejarse de las demás para morir y evitar el contagio; plantas foráneas como la llamarada de bosque que tiene flores naranjas con polen venenoso; monocultivos y la transformación del paisaje con presencia masiva del ficus verde, que no produce nada. Los pesticidas son los más mortales.