Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 07 de diciembre de 2022
  • Actualizado 00:04

EL COMBINADO TEUTÓN LOGRÓ CONQUISTAR SU CUARTA COPA MUNDIAL APROVECHANDO EL ÚNICO ERROR DEFENSIVO QUE TUVIERON LOS ARGENTINOS EN EL SEGUNDO TIEMPO DE LA PRÓRROGA. ALEMANIA LLEGÓ A LA FINAL MOTIVADA LUEGO DE LA HISTÓRICA GOLEADA A BRASIL POR 1-7

Vuelve a reinar el mítico poder alemán

Vuelve a reinar el mítico poder alemán



El último pitido de Razolli no se escuchó, porque el ruido festivo era ya por entonces ensordecedor. Pero tampoco hizo falta. Todo el mundo supo en qué momento se produjo la conclusión del partido (cuando Gotze irrumpió a espaldas de De Michelis). El Maracaná se convirtió en un polvorín incontrolado de ilusiones y celebraciones.

Mario Gotze acabó, en el minuto 113, con la enorme incertidumbre de un descarnado duelo, luchado hasta la extenuación. Cada uno con sus armas. Argentina compareció con su fútbol mancomunado, prolijo, solidario, cuidadoso de conservar su blindaje, pero escaso de audacia. Alemania, que llevó el peso del partido, desarrolló su juego ornamentado, de trazo corto y elaborado. Pero pese a la nítida brecha cualitativa existente, fue mérito argentino que el duelo no se resolviera con antelación ni de acuerdo al diferencial de potencia y contenido futbolístico. Mucho le costó a Alemania dotar de profundidad a su superlativa posesión. Y sin profundidad anduvo escaso de oportunidades.

Siguiendo la órbita de Mascherano, Argentina se plantó cerca de su pórtico, pero no dudó, cuando tuvo la oportunidad, de desplegarse en estampida. Messi arrancó con ímpetu y desafió en carrera a los zagueros alemanes, Lavezzi abría surco por la izquierda (donde Howedes sufría sin la ayuda de Ozil) e Higuaín estaba al acecho.

La fórmula era simple: tapar todas las vías, meter presión y, al recuperar la pelota, sacarla larga y correr en velocidad en búsqueda de espacios. Los fallos de Higuaín y las irrupciones de Messi metieron susto en el cuerpo de Alemania, que ofreció sus primeros momentos de duda.

Pero la salida, por lesión, de Kramer (sustituto de urgencia del lesionado Khedira) recompuso a Alemania. Low dio entrada a Schurrle, que respaldó mejor la tarea de Howedes, y Ozil se fue de media punta, donde tiene mejor panorama.

Argentina ya no tuvo vía libre para salir. Además, Ozil conectó con Lahm, para cuyas subidas Argentina no tuvo respuesta.

El cambio de sistema de Sabella

Tras el descanso, Sabella quiso ser más ofensivo y quitó a Lavezzi para ganar profundidad con Agüero. El equipo mutó a un 4-3-1-2 que, por ráfagas, tuvo fogosidad y se diluyó en cuanto los volantes se quedaron sin combustible. Ante el poder físico alemán, el dibujo de Sabella desnudó a Messi, prisionero de un sistema que lo tiene de eje constructivo (escaso de ayudas) cuando él es, por antonomasia, insaciable depredador.

Mientras Argentina se derretía, apenas sostenida por sus corsarios, Alemania seguía en pie. Muller merodeaba, Kroos trazaba, Schurrle amenazaba. Sabella dio entrada a Palacio y a Gago para reforzar la marca y ganar en salida, pero al precio de debilitar el carril de Zabaleta. Por ahí filtró Schurrle, perseguido por Palacio (¿dónde fue Gago?), desbordó a Zabaleta, metió el centro que Gotze calzó con categoría. Grito celestial en el Maracaná.