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  • Diario Digital | jueves, 06 de octubre de 2022
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El presidente electo Trump, una sorpresa total

El presidente electo Trump, una sorpresa total


El polémico magnate Donald Trump pulverizó todos los pronósticos en 2016, al ganar primero la candidatura republicana a la Casa Blanca y vencer después en los comicios presidenciales más imprevisibles que se recuerdan en EEUU. La asombrosa elección de Trump —novato de la política, dueño de un imperio de hoteles y casinos, exestrella del programa de telerrealidad "The Aprentice" ("El aprendiz") y antiguo playboy— no tiene parangón en la historia de EEUU. El triunfo del multimillonario neoyorquino en las elecciones del 8 de noviembre frente a la demócrata Hillary Clinton, que no anticipó casi ninguna encuesta, conmocionó a su país y al resto del mundo.

La magnitud de la sorpresa quedó plasmada de forma especialmente gráfica en la portada del diario británico The Daily Mirror, que publicó una imagen de la Estatua de la Libertad, con nubarrones amenazadores de fondo, cubriéndose el rostro con las manos en señal de dramática incredulidad, junto al titular "¿Qué habéis hecho?".

Ni sus interminables escándalos (que habrían fulminado a un candidato convencional) ni la oposición de su propio partido ni el menosprecio de la prensa ni el desatino de los sondeos impidieron el meteórico ascenso de un candidato por el que nadie daba un centavo cuando se postuló a la Presidencia el 16 de junio de 2015.

Contra viento y marea, Trump hizo caso omiso a sus numerosos detractores y prometió "ganar, ganar, ganar" para "hacer a EEUU grande de nuevo", su famoso lema de campaña. El empresario no dudó en jugárselo todo a una carta: dar "voz" a millones de estadounidenses que, desde hacía tiempo, confesaban en las encuestas su enojo con la clase política tradicional, a la que veían recluida en su burbuja de Washington lejos de la ciudadanía. Con la "incorrección política" por bandera y un discurso populista, xenófobo y ultranacionalista ("EEUU, primero"), el magnate se erigió en azote de un "establishment" que encarnaba Clinton y que consideraba "corrupto".

Trump movilizó a legiones de seguidores (votantes de clase blanca trabajadora azotados por la crisis económica) en sus multitudinarios mítines y estableció con ellos una relación directa con el uso compulsivo de Twitter. Fiel a esa estrategia, el empresario peleó por la candidatura presidencial contra nada menos que 16 aspirantes, entre ellos adversarios tan reputados como Jeb Bush o Marco Rubio. A comienzos de año, Trump llegó al ciclo de elecciones primarias republicanas como favorito y acabó imponiéndose a sus rivales en los meses sucesivos, para sorpresa —una vez más— de la clase política, los analistas y la prensa. El hoy Presidente electo ganó la nominación presidencial con una cifra récord de más de 14 millones de votos, pese a una campaña trufada de insultos a grupos como las mujeres, los hispanos, los musulmanes, los afroamericanos y hasta los discapacitados. Pero nada pasaba factura al explosivo candidato, coronado como aspirante a la Casa Blanca en la Convención Nacional Republicana de julio, donde pintó un panorama sombrío de EEUU y se presentó como el salvador. A partir de ahí, Trump se enzarzó con Hillary Clinton en una de las campañas presidenciales más desagradables que ha vivido EEUU, como evidenció la crispación de sus tres debates. Con los sondeos en contra, el multimillonario hizo de su campaña una montaña rusa de polémicas, como la sonada emisión de un video de 2005 en el que se le escuchaba hacer comentarios sexuales sobre las mujeres con un lenguaje ofensivo.

Clinton, que se veía cada vez más cerca de convertirse en la primera mujer en alcanzar la Presidencia de EEUU, se frotaba las manos hasta que el FBI, a solo 11 días de los comicios, anunció la reapertura de la pesquisa del escándalo por el uso indebido de sus correos electrónicos cuando era secretaria de Estado (2009-2013). El inesperado anuncio del FBI, que dos días antes de las elecciones sorprendió otra vez al informar de que daba carpetazo definitivo al caso, dio oxígeno a Trump, que llegó a la recta final de la campaña pisándole los talones a Clinton. El día de los comicios, a medida que avanzaba el recuento de votos, el mapa electoral de EEUU empezó, de repente, a teñirse de rojo (color republicano).

Obama deja un pobre legado

El presidente de EEUU, Barack Obama, deja un legado controvertido y amenazado por su sucesor, Donald Trump, sobre todo su reforma sanitaria y los acercamientos a Cuba e Irán, junto con un sonado fracaso en Siria y la derrota en los tribunales de sus políticas migratorias. Obama, que hizo historia en 2009 al convertirse en el primer presidente negro de EEUU y dejará el Despacho Oval en enero, tenía puestas sus esperanzas en la candidata demócrata, Hillary Clinton, para dar continuidad a sus políticas, pero le descolocó, como a casi todos, la victoria de Trump. Cuando se pregunta a los expertos, la mayoría coincide en que la reforma sanitaria promulgada en 2010, que establece la obligatoriedad de contar con un seguro médico, ha sido el mayor logro del actual Presidente.