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  • Diario Digital | miércoles, 22 de mayo de 2024
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GANADOR DE DECENAS DE DISTINCIONES, EL ARTESANO VIAJABA A SESENTA FERIAS DE ALASITAS CADA AÑO

“Los muebles me abrieron camino”

“Los muebles me abrieron camino”



Delfín Serrudo toma pequeños trozos de madera de pino, los pega y clava. En pocos minutos tiene roperitos, estantes y una gran variedad de mueblecitos listos para ser lijados y barnizados. El carpintero está próximo a cumplir medio siglo de trabajo. De los sesenta viajes anuales que realizaba hace unos años, hoy asiste a once ferias de Alasitas en todo el país, excepto Pando.

Su taller de unos cuatro por cuatro metros, está abarrotado de pequeños muebles, trozos de madera y más de media docena de diplomas de asistencia a ferias nacionales e internacionales.

Las herramientas que usa son martillo, alicate, cepillo y lijadora. La caladora es lo que Delfín más aprecia, herencia de su padre que también le enseñó el oficio.

“Cierro mis ojos y creo un mueble”, dice Serrudo, quien cada año presenta una novedad. Hay coleccionistas de sus muebles que también se exhiben en museos de La Paz, donde ganó premios durante doce años.

Para esta gestión, lo nuevo es el televisor de pantalla plana. El 2011 eran las computadoras.

“Cuando me siento a trabajar me olvido de todo. Si algo me sale bonito, sigo hasta terminar”, señala. Su horario de trabajo era de 8 a 23 horas y su esposa le ayudaba en el barnizado, así como en las ventas.

En su mejor época, Delfín producía un promedio de 50 muebles por día. Hoy llega a 30 diarios. Con la ayuda de su hijo o de un operario produjo hasta diez mil muebles al año. Era necesario, pues en Tarija un año vendió seis mil unidades. El mercado de La Paz le demandaba unos dos mil muebles y Cochabamba, mil.

Serrudo exhibió su artesanía en Perú, Brasil y Argentina.

Comenzó a los trece años con artesanías y luego su padre le siguió porque los pequeños muebles se vendían mejor. No entra mucha madera y se usa material reciclado de las cajas de manzana que llegan de Chile y Argentina.

En las primeras Alasitas que participó en 1963, Serrudo vendió 600 muebles rústicos. “Los muebles me abrieron el camino. Son mi vida, pero al año pienso jubilarme”, afirma.

Las artesanías de Serrudo aún tienen mucha demanda. “Con esto eduqué a mis seis hijos que son técnicos medios y me hice mi casita”, dice satisfecho.