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  • Diario Digital | miércoles, 20 de octubre de 2021
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Luz Mary Zelaya, la tenaz mujer que logró un pabellón en la Feria

Luz Mary Zelaya, la tenaz mujer que logró un pabellón en la Feria

El nombre de su empresa hace honor al carácter de la presidenta de la Cámara Departamental de la Pequeña Industria de Cochabamba (Cadepia), Acerlife, o vida de acero.

Luz Mary Zelaya tiene una voz bien timbrada y el tono transmite seguridad. Como representante de la pequeña y microempresa en el directorio de Cadepia consiguió la construcción de un pabellón en el campo de la laguna Alalay, de la Feria Internacional de Cochabamba, Feicobol.

“Nadie creía en que se haría realidad, pero fruto del apoyo de personas y organizaciones, hoy el sector tiene donde exponer lo que hace.

Llegó a Cochabamba hace 11 años desde Irupana, provincia sud Yungas de La Paz. Vino con su niña que hoy es ya madre de familia.

Trajo planes, ideas y decisión de crecer. Su hermano le planteó crear una microempresa dedicada a los suplementos alimenticios para la salud, la buena nutrición, la belleza y el hogar.

Así nació Acerlife, una industria de energizantes en base a la proteína de soya y maca.

“Uní dos regiones, la maca de Patacamaya (La Paz) y la soya orgánica de San Javier, en Santa Cruz”, dice orgullosa del energizante que produce.

Conseguido el producto necesitaba promocionar, encontrar mercados. Optó por afiliarse a Cadepia. “Ahí empezó mi lucha”. Tras muchas gestiones y una huelga de hambre, hallamos, por un tiempo, espacio para ferias en la Plaza Colón.

Pero lo más fuerte vendría después. Hicieron gestiones para entrar a la Feicobol, les prometieron escucharlos, pero sin resultados. Ella exigió a su dirigente que recurrieran a la prensa para quejarse. Así la Alcaldía les escuchó. Les dio un espacio en comodato y Cadepia construyó.

Empieza la construcción

Cinco espacios

Antes de empezar la construcción del Pabellón de Cadepia en la Feicobol, les dieron cinco espacios que fueron compartidos entre 10. Al año siguiente, empezó la construcción. “Fue de a poco, por etapas, primero el piso, al siguiente año el tinglado. Se cuidó el presupuesto contratando a gente amiga que les donó 16.000 ladrillos. Luego se hizo la obra fina y el equipamiento.