Cochabamba, martes 20 de agosto de 2019

Damiana Zambrana: “El fútbol es mi vida”

TEXTO: NICOLE ANDREA VARGAS FOTOS: AYAR WARI/ DAMIANA ZAMBRANA | | 28 jul 2019

Con solo ocho años se dirigía a las canchas de su barrio acompañada de sus dos hermanos Rubén y Jhonny. Allí tomaban una pelota de trapo y comenzaban a jugar fútbol. Era su rutina diaria y su distracción favorita. Poco a poco se dio cuenta de que estar en contacto con el balón la atrapaba, la llenaba de vida y le permitía soñar.  
Su afición no era bien vista, le llegaban muchos comentarios hacien-do referencia a que ese “no era un deporte para mujeres”, que debía dejarlo y dedicarse a otra cosa. Ella no hizo caso, no podía, ya era parte de su vida “para siempre”

Damiana Zambrana Castro tiene 45 años y dirige el equipo femenino del Club Aurora desde hace una década, aunque ella comenzó pa-teando la pelota con esa casaca hace más de 20 años.  
PASIÓN Y LUCHA
Sus principales recuerdos de infancia se remontan a la zona de Quintanilla, donde vivía junto a sus padres, Lucio Zambrana y Paulina Castro, y sus seis hermanos; ella es la menor.
Las travesuras y las tardes de fútbol junto a Rubén y Jhonny evocan su memoria cada vez que piensa en su niñez.
Su paso por el colegio también fue importante para ella. Allí participaba de todos los torneos interco-legiales con el equipo de futsal         femenino.
Con el pasar del tiempo, Damiana se abrió paso en este deporte, aunque no fue nada fácil. Antes de tener éxito tuvo que superar muchas barreras, incluida la negación de que jugara por parte de su padre, a quien, después de pedirle confianza, le demostró lo lejos que pudo llegar y hoy él es uno de sus principales fanáticos.  
Cuando tenía 18 años, mientras jugaba en un torneo de barrio, Mario Niño de Guzmán la invitó a unirse al club cruceño Facetas Deportivas. Por ese entonces, Santa Cruz era el departamento que más impulsaba el fútbol femenino, precisamente ahí fue donde surgió la primera liga boliviana de mujeres.
Después de dos años en el oriente del país, su amiga Elvira Ortiz le contó que en Cochabamba el club Aurora estaba requiriendo jugadoras para su selección femenina. Si dudarlo volvió para probar suerte y en 1998 se hizo parte oficial del equipo de sus amores, la que es su casa hasta hoy

Dedicación y entrega son las palabras que guiaron a Damiana durante toda su carrera. Bajo la misma lógica, ella supo cuando era momento de dar más. “A mis 30 años dejé de jugar para dar chance a otras jugadoras nuevas. Sabía que era momento de enseñar lo que había aprendido”

De esa manera comenzó su carrera como entrenadora. A medida que avanzó el tiempo se percató de que necesitaba aumentar su conocimiento profesional en el área, así que        estudió en la Escuela Superior de Fútbol de Cochabamba en 2013.
“Es un sueño realizado. Nunca olvidaré las palabras de mi entrenador Calú. Me dijo ‘el fútbol nunca la tiene que dejar, usted tiene que dejar al fútbol´. Eso se clavó en mi mente hasta el día de hoy, por eso decidí   estudiar y sacar mi título”, asegura.
LESIONES Y DESMOTIVACIÓN
“Yo tuve lesiones muy fuertes y quise dejar el fútbol para siempre”, cuenta Damiana.
Las cicatrices que marcan su cuerpo son memorias de sucesos que la llenaron de dolor y le hicieron pensar en abandonar las canchas.  
La primera lesión fue una rotura múltiple de ligamentos y fractura de tibia que la dejó ocho meses fuera.  
Un segundo accidente se suscitó cuando se estrelló contra el poste del arco y su mentón quedó enganchado en las redes. Un cicatriz de 15 centímetros es el resultado.
“Ellos pensaron que me había muerto porque el impacto fue muy fuerte, caí al piso inconsciente y la sangre brotaba a montones”. El tercer incidente fue mientras jugaba un partido con el equipo Unitepc. Después de que una de las jugadoras le pusiera barrera cayó y se fracturó la muñeca.
La fortaleza de Damiana no se vio solamente en las canchas de césped. En la intimidad de su vida, también vivió momentos llenos de tristeza y desolación que tuvo que superar para salir adelante.
La imposibilidad de ser madre fue algo que la marcó. “Yo me dediqué más a mi trabajo y al fútbol, y dejé que el tiempo pase. Hice el intento de ser mamá, pero hay cosas en la vida que a veces uno no entiende”.  
Damiana tuvo un fracaso cuando estaba embarazada de gemelos. “Fue muy doloroso y duro el haberlos perdido. Después de eso ya no quise       intentar más”, cuenta.
El fútbol estuvo en sus mejores y peo- res momentos, para ella es su refugio y su desahogo.
EL SUEÑO CONTINÚA  
Damiana superó mucho obstáculos a lo largo de los casi 22 años con los que está inmersa en el fútbol profesional, entre ellas la discriminación y la falta de apoyo. A pesar de eso, su amor por el balompié sigue intacto. La relación que tiene con sus “chicas” hace que todo valga la pena.
“Ahora el fútbol femenino está creciendo, pero es reciente. Para que pueda expandirse tenemos que abrir más escuelas para niñas, enseñarles   a los padres de que esto no es malo”, añade.
La falta de apoyo económico también es un tema importante. “No se puede vivir de esto. No percibimos un centavo. Yo lo hago por el amor a mi equipo”.
Damiana estudió Mercadotecnia
y es ejecutiva de ventas de la Cervecería Boliviana Nacional hace más de 20 años. Con mucha disciplina combina a la perfección sus dos labores. “Me gusta mucho administrar mis tiempos. Siempre he tenido mucho apoyo de mis jefes”, dice.  
Firme, con una sonrisa en el rostro y el corazón lleno de sueños, anhela seguir trabajando por el deporte que tantas alegrías le ha dado: “la lucha por conseguir espacios continúa todavía. La idea es que esto crezca y se muestre. El apoyo tiene que venir desde la Federación Nacional de Fútbol”

“Para mí es un sueño realizado, lo digo de todo corazón. No hay palabras para describirlo. Las entrenadoras nos hacemos por nuestras chicas. Gracias a esas niñas somos lo que somos”, finaliza entre lágrimas. l



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