Cochabamba, martes 20 de agosto de 2019
LECTURAS SUTILES

El gritólogo

| Gustavo Dessal Psicoanalista y escritor Madrid-España gustavodessal@gmail.com | 30 jun 2019

A este manicomio global por el que me intereso no paran de llegar pacientes. Resulta que ahora existe una profesión nueva: el gritólogo (screamologist). Todavía no hay muchos, pero aumentarán conforme la evolución tecnológica lo requiera.

Un gritólogo es -como su nombre lo indica- un experto en el estudio del grito humano. Hasta hace poco tiempo a nadie se le había ocurrido analizar científicamente este fenómeno, pero los desarrollos en materia de reconocimiento de voz lo proclaman como el último grito (con perdón de la redundancia) de la moda high tech.

Se trata de traducir en algoritmos qué es exactamente un grito, algo que los gritólogos consideran (primer error, como cabía esperar) una vocalización “no discursiva” (“non-speech”) y distinguir, por ejemplo, el grito de dolor,

el de miedo o el de la excitación sexual. Para ello algunos expertos, como el Dr. Poeppel —neurocientífico del Instituto Max Planck y la New York University— han realizado una serie de experimentos consistentes en grabar centenares de gritos y analizar su frecuencia acústica y los distintos parámetros físicos en los que puede descomponerse el sonido. El objetivo es que mediante la Inteligencia Artificial los robots puedan distinguir la clase de grito del que se trata.

En consonancia con la teoría del lenguaje que todas estas investigaciones manejan, se le supone al grito un significado que le es inherente por sí mismo. Tengamos en cuenta que el grito es concebido como un residuo primitivo, filogenético, de los orígenes biológicos del hombre, y por lo tanto conectado con la noble tierra de la Naturaleza.

La premisa de que a cada grito le corresponde una frecuencia física acorde con su tipo es una prueba más de que la ciencia procede mediante un recorte (no puede ser de otro modo), en este caso la exclusión del Otro, lo que en el campo subjetivo es paso obligado para que el sentido pueda constituirse. Es el Otro -por ejemplo

la madre- quien “decide” el significado del grito del niño, y su decisión no es azarosa, sino que responde al lugar

y la función que la criatura humana ocupa en su deseo.

¿Cómo harán las máquinas para

interpretar el grito? Los gritólogos no están llegando por ahora a un consenso. Encuentran complicaciones

inesperadas, como ser que el goce

y el dolor a veces se funden y se confunden. ¿Y para qué sirve todo esto? Se podrá aumentar la seguridad en las calles, reconociendo un grito de dolor o de pánico.

La seguridad y el bienestar de todos es el argumento que por defecto viene instalado en la publicidad de estos experimentos. Claro que al Maléfico se le ocurrirán otros usos.

Una máquina de torturar (Kafka inven- tó una, pero hoy puede mejorarse mucho) modelo “Premium”, provista de reconocimiento y medición del grito, tendría un uso militar de indudables ventajas. Son épocas de mudanza: surgen los gritólogos, y en un tiempo no muy lejano se escribirá la historia del último torturador. Habrá máquinas para todos los oficios.



NOTA: Para cualquier consulta o comentario contactarse con la responsable

de esta columna, la psicóloga Claudia

Méndez Del Carpio, al correo electróni- co claudiamen@hotmail.com o al celular/ WhatsApp 62620609. Visítanos en Facebook como: LECTURAS SUTILES



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