Cochabamba, martes 20 de agosto de 2019

Bob Dylan y la generación beat: una relación especial

El autor de “Blowin’ in the wind” tuvo nexos con dos de los escritores fundamentales del movimiento literario estadounidense: Jack Kerouac y Allen Ginsberg.
| Pablo Retamal N. culto.latercera.com | 30 jun 2019


En 1975, en medio de la gira Rolling Thunder, aprovechando que el tour se encontraba en la región de Nueva Inglaterra, Bob Dylan realizó una particular visita: el cementerio de Lowell, Massachusetts. Ahí, acompañado de un amigo, el poeta Allen Ginsberg, visitó la tumba de Jack Kerouac. En el lugar, el músico le dijo al vate que deseaba ser enterrado en un sepulcro sin nombre.

La escena, relatada en el libro Bob Dylan, la biografía (Reservoir books, 2001), de Howard Sounes y que además es parte del documental de Martin Scorsese Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan’s Story, recientemente estrenado en Netflix, muestra algo que no era casual. Durante su juventud, el cantante había sido un ferviente admirador de la novela En el camino, escrita por Kerouac. “Ese libro había sido como una Biblia para mí”, cuenta el autor de “Like a Rolling Stone” en su autobiografía titulada Chronicle.

Sounes complementa la información y narra en la biografía: “Bob y la mayor parte de sus amigos leían En el camino, así como Aullido, de Allen Ginsberg, y Un Coney Island de la mente, de Lawrence Ferlinghetti”.

Ocurre que cuando era adolescente, Dylan pensaba que las letras de las canciones que escuchaba eran ajenas a lo que pasaba. Entonces, la temática de la novela lo terminó atrapando, porque trataba lo que a él le gustaba: cosas reales, callejeras. “Seguía encendiendo la radio, probablemente más por un hábito sin sentido que por cualquier otra cosa. Lamentablemente, todo lo que se tocaba no reflejaba más que leche y azúcar, y no los temas reales de Jekyll y Hyde de la época. Las ideas de En el camino, Aullido y Gasolina que indicaban un nuevo tipo de existencia humana no estaban allí, pero ¿cómo podrías haber esperado que así fuera? Los singles de 45” eran incapaces de ello”, argumenta el cantautor en la citada autobiografía.

Además, a Robert Allan Zimmerman le había encantado el poema “Mexico City Blues”, también de Kerouac. Según el sitio de la Sociedad histórica de Nueva Inglaterra, fue el mismo Dylan quien le contó a Ginsberg que alguien le entregó el poema en St. Paul en 1959. “Me sorprendió”, dijo, y que fue la primera poesía que leyó que estaba escrita en su propia forma de expresión.

De ese modo, Dylan sentía una cercanía con la escritura de Kerouac. Una manera de entender el mundo más en contacto con lo “real” y no confinado en el academicismo.

En el camino

Hasta hoy, Jack Kerouac es considerado uno de los autores clave de la llamada Generación Beat (que completaban otros nombres como William S. Burroughs y el mismo Ginsberg). El nombre se refiere a un grupo de escritores estadounidenses de la segunda mitad del siglo XX que, si bien escribieron obras muy distintas entre sí, compartían el ánimo de ir contra lo establecido. Había un cuestionamiento a los valores imperantes en la sociedad estadounidense, un lenguaje cercano, referencias a la poesía, las drogas, el jazz, y el relato sin tapujos de vida sexual y la visibilización de lo homosexual.

Para el escritor suizo Jean-François Duval, autor de Kerouac y la generación Beat (Anagrama, 2013), este movimiento no tiene tanto que ver con lo literario, sino que es más una actitud hacia la vida. “La generación Beat, como movimiento literario, no ha existido nunca. Sin embargo, esta inexistencia —¿es que no procede todo del Gran Vacío?, se preguntaba Kerouac— ha permitido la construcción de una ficción verdadera, que hoy llamamos convencionalmente ‘generación Beat’ y cuyos actores, lejos de formar un ‘núcleo’, como se ha dicho, nunca han representado sino una nebulosa muy dispersa: desde un punto de vista literario, no se distingue a primera vista qué pueden tener en común un Ginsberg, un Burroughs, un Kerouac, un Corso, un Snyder, un Ferlinghetti, etcétera. Al contrario, cada una de sus obras muestra tal singularidad y tal originalidad que no se pueden englobar todas en una única denominación. Tienen un solo punto en común: por muy diversas que sean, todas ellas proceden de la fuerte afirmación de una individualidad que se permite expresarse como tal, lejos de los cánones literarios del momento. La característica principal del ‘movimiento beat’, si existiera, sería su sorprendente disparidad. Es, de hecho, la marca de los nuevos tiempos, pues ya nadie desea para sí el conformismo que modelaba al individuo en las sociedades anteriores”, indica el helvético.

Nacido en Lowell, Massachusetts, en 1922, Jack Kerouac comenzó a escribir en su juventud tras servir en la marina mercante de los Estados Unidos. Escribió En el camino en 1951, aunque recién se publicó seis años más tarde. La novela narra tres viajes de dos amigos, Sal Paradise y Dean Moriarty, a través de los EEUU y México. Paradise y Moriarty no son otros que el mismo Kerouac y Neal Cassady. La escritura espontánea, las referencias a la cultura popular, a la marginalidad, a los bajos fondos y la romantización de los viajes hicieron que la obra fuese tomada como un referente para el movimiento hippie. Entre otras, Kerouac también escribió las novelas Los subterráneos (1958) y Los vagabundos del Dharma (1958), en esta última desarrolló otro de sus intereses: el budismo (…).



Periodista



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