Cochabamba, domingo 21 de julio de 2019

El Turista, el fotógrafo que recolectó la historia a través de imágenes

El cochabambino dedicó toda su vida a recorrer los más inhóspitos lugares de Bolivia para capturar la vida a inicios del siglo XX. Además, fue corresponsal durante la Guerra del Chaco registrando los hechos más relevante del conflicto bélico.
FOTOS: FUNDACIÓN TORRICO ZAMUDIO/ AYAR WARI | TEXTO: NICOLE ANDREA VARGAS | 16 jun 2019

El Turista junto a su perro Lorenzo.

“Tiene la pasión por los viajes pedestres y largos; no se amedrenta ni con el frío; le es tan igual marcharse cara al furioso y despiadado viento de la meseta andina que estropea su rostro, que sentirse anegado en sudor en cualquier barranco del trópico…Tan pronto se encarama sobre una roca donde solo se posan las águilas y los cóndores, como sobre un árbol, para sorprender con el objetivo de su máquina fotográfica, cualquier panorama estupendo o cualquier detalle de la sombra umbría. Las fotografías de Rodolfo Torrico Zamudio, son únicas; no solo porque su audacia de explorador le permite ascender a cualquier picacho nevado de los Andes, o a reptar entre los matorrales de las selvas del Chapare, sufriendo el ataque de los sanguinarios mosquitos y las rasgaduras de los espinos, cuanto porque, su alma de artista, le lleva a sorprender las más escondidas bellezas que la naturaleza avara oculta”, describió Ovidio Urioste a Rodolfo Torrico, en 1924, en un artículo publicado en la revista Arte y Trabajo.

Su vida transcurrió paso a paso, era un caminante inexorable que halló en esa práctica el modo perfecto de conectarse con su entorno natural y social. El Turista, como se conoce hasta hoy a Rodolfo Torrico Zamudio, fue uno de los fotógrafos más destacados del siglo pasado. Su trabajo, que parecía más un hobbie, conserva y preserva la historia del país en diferentes aspectos: naturaleza, sociedad, personajes y conflictos, etc.

La ruta que seguía Torrico empezaba por el valle hasta llegar a las cordilleras. En el trayecto, que le demandaba bastante tiempo, atravesaba todo tipo de climas, pero, lejos de espantarlo, le servía para fortalecer su singular carácter andariego. Las colinas o las copas de los árboles eran su base para capturar con el lente de su máquina fotográfica la realidad de su entorno. Además de su conexión con la naturaleza, también tenía fascinación por el desarrollo urbano y el avance de la modernidad, prueba de ello están sus fotografías de los momentos más importantes de la ciudad y del crecimiento que presentaba cada día.

Su talento, dedicación y entrega a su profesión se refleja en cada toma. La sensibilidad impregna sus retratos y su pasión se convirtió en uno de los mayores registros gráficos del país que permite, en la actualidad, transportarse a aquellos años, como si el tiempo y el espacio se hubieran detenido.



ARTE EN LA SANGRE

El Turista nació dentro de una familia noble de antaño el 29 de agosto de 1890 y murió un 5 de junio de 1955. Fue hijo del médico cirujano Adán Torrico Cortez y de Amalia Zamudio Ribero, hermana de la reconocida escritora Adela Zamudio.

Esta última jugó un papel muy importante en la vida de Rodolfo debido a que, desde los 12 años, se encargó de su crianza puesto que su madre falleció.

“Heredero del culto a la naturaleza profesado por su tía Adela y por el entorno intelectual de la familia Zamudio, donde destaca el poeta Man Cesped, no perdía oportunidad para marcharse, con su cámara fotográfica y su perro, con rumbo desconocido. Esa pasión por la naturaleza hacía que continuamente se embarcara por largos viajes a pie”, describe Wálter Sánchez Canedo en la recopilación que hace sobre la vida del artista gráfico.

Sánchez también cuenta que los primeros fotógrafos de Bolivia llegaron alrededor de 1850, entre ellos, Manuel Ugalde. Ya para el inicio del nuevo siglo en base al Censo de 1900 se constató la presencia de cuatro fotógrafos, dos nacionales y dos extranjeros. Se presume que los dos últimos eran Ingvald Johannessen y su socio Pablo Doffigny, quienes tenían uno de los estudios fotográficos más importantes de la ciudad, además que se encargaban de importar máquinas e implementos fotográficos europeos.

El gran talento del Turi no tardó en llamar la atención y a sus cortos 23 años ya era corresponsal de publicaciones internacionales. Se cree que Torrico Zamudio fue introducido y capacitado en primera instancia por Johannessen y Doffigny, quienes acudían bastante a su hogar debido a que eran amigos de la familia Zamudio.

Su cámara, fiel compañera, fue cambiando a medida que transcurrían los años y mejoraba la tecnología. La marca alemana Goerz lo acompañó de 1910 a 1930. Walter explica que Torrico habría utilizado dos cámaras “una para placas de vidrio de 13 x 18 centímetros y la otra, para placas de 9 x 12.

La primera cámara, excepcionalmente permitía su uso sin trípode, tenía una gran resolución y era preferida por los fotógrafos a nivel internacional; la segunda, más pequeña, era más ágil y por lo tanto más manejable, facilitaba llevar más negativos y, por lo tanto, hacer más fotos”.

No fue hasta el estallido de la Guerra del Chaco que Torrico cambió su cámara Goerz por una Zeiss, que era mucho más liviana y le permitía desplazarse con mayor facilidad, hecho que contribuyó en el desempeño de su trabajo, admirado tiempo después. Haciendo honor a su vocación viajera, en 1932, Rodolfo Torrico pidió al Estado Mayor General del Ejército autorización para ser corresponsal gráfico de la guerra.

Meses después de terminar el enfrentamiento, realizó su exposición sobre la Guerra del Chaco con 120 fotografías en La Paz, Oruro y Cochabamba.

Un aspecto poco conocido del fotógrafo es su participación en deportes como el tenis, la natación y el fútbol. En un artículo Hugo Bilbao hace referencia a que Rodolfo Torrico fue un gran exponente de la natación y los saltos ornamentales. Además, durante su vida deportiva fundó el Club Naciona de Fútbol.



POESÍA GRÁFICA

Su legado fotográfico es uno de los testimonios más reales y exactos de una vida entregada por completo a la profesión del arte.

Torrico se caracterizaba por trabajar los contrastes luminosos lo que resaltaba las siluetas y le daba profundidad a sus capturas.

Aunque se decía que El Turi era un “andante solitario” esa afirmación hace referencia solo a otras personas debido a que, además de su cámara, Rodolfo contaba con otro leal compañero: su perro Lorenzo, con quien guardaba estrecha y amigable relación. Ambos se embarcaban en viajes que duraban meses por todo el país. Además, tiene innumerables fotos al lado de su fiel camarada.

Sánchez destaca un epitafio a su muerte que señala con claridad aquella amistad: “Amó a su patria y con amor de artista captó el paisaje, del nevado al Llano, y como el lobo de Francisco Hermano, fue el leal ´Lorenzo´ para el gran Turista”.

Mediante la Fundación Torrico Zamudio, la familia de Rodolfo se encargó de publicar una parte de todo el amplio repertorio de fotogra-fías que dejó. Hasta el momento se lanzaron cinco libros gráficos que contienen, además de las deslumbrantes imágenes, la descripción de cada una rememorando aquel tiempo echado al olvido.

El primero se presentó en honor al bicentenario del departamento bajo el título “200 fotos, 200 años” en 2010. Ese mismo año se expuso “Cochabamba Memoria Fotográfica 1908-1928”.

El tercer ejemplar es “Viajes por tierra oriental” de 2011. Le siguió en 2013 “Sucre Memoria Fotográfica 1920-1935” que mostraba cómo era antes la Ciudad Blanca. Finalmente, se publicó la tan ansiada recolección de las mejors tomas de la Guerra del Chaco el año 2017.

Rodolfo Torrico Zamudio fue un “viajero pedestre”, “viajero incansable” o “viajero solitario”, cientos de denominaciones sobre un hom- bre que se entregó totalmente a lo que él eligió como manera de vivir y de trascender, congelando en un click el tiempo y espacio eternamente. l

























































































































 



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