Cochabamba, domingo 21 de julio de 2019
LECTURAS SUTILES

El Silencio

| Diego Álvarez Psicoanalista, Buenos Aires-Argentina at.diegoalvarez@gmail.com | 16 jun 2019

Silencio

Si hay dos inventos propios e originales de la humanidad como especie, son sin dudas: la línea recta y el silencio.

Ninguno de los dos existe en la naturaleza: ambos son constructos. De hecho, debemos figurarlos para poder visualizarlos y obtener una imagen mental de ellos.

Pero sin este procedimiento abstracto, es imposible hallarlos en el universo.

La recta une dos puntos en el espacio; tanto la idea de la recta, como vector, así como los dos puntos cualesquiera, son arbitrarios, per se.

Solo porque pensamos la existencia de esos dos puntos y de una línea que los une a ambos, es que tenemos una idea de lo que es una línea recta.

El silencio tampoco existe. Si existie- ra, podríamos pensarlo como ausen-cia de ruido (que no es lo mismo)… y que sí hallamos en la naturaleza pero vaya paradoja, no existe sin un oído que lo decodifique. Por lo tanto, en tanto tal, el ruido tampoco existe.

Si aceptamos la teoría clásica de la física que presenta al sonido en forma de ondas, entendemos que esta, la onda en sí, es inaudible: viaja a una velocidad por el espacio y su rozamiento con el vacio, en condiciones ideales, no debería de por sí, causar otra vibración.

Esa misma onda, vibrando en otras frecuencias, es luz. Y el silencio de la luz ¿serían, entonces, los colores que no podemos ver? ¿Eso sería el equi-valente del silencio, para la mirada? Dejemos esa pregunta para otra investigación y sigamos con el tema del ruido y el silencio.

La pregunta es… ¿Por qué, entonces, nos hace ruido el silencio? ¿Por qué el sonido, una voz, por ejemplo a veces, no dice nada?

¿Qué escuchamos cuando no hay sonido? ¿Que nos resuena, en tanto memoria acústica? Entonces, los sonidos ¿son solo recuerdos?

La palabra vacía dice nada, eso nos lo enseña el Psicoanálisis. La palabra plena, sí. Incluso cuando calla. No es lo mismo que el silencio. Pero casi.

El silencio no es ausencia de palabras y aún menos de mensaje. Y no es lo mismo callar que silenciar.

“Palabra y silencio son dos caras de la misma moneda: el secreto de la palabra es el silencio y el secreto del silencio es la palabra”, porque tan interpretables son los silencios como las palabras.

Pensar en el silencio excluye la posibilidad de sonidos que, sin embargo, resuenan todos juntos en nuestro inconsciente: allí donde conviven (casi) todos los significantes, resuenan juntos todos y… de ellos tenemos un murmullo, permanente.

Pensémoslo así: de cada vivencia,

tenemos un recuerdo. Y ese recuerdo ha dejado una marca, una huella mnémica en el inconsciente. De aquella tarde caminando juntos con esa pareja de la adolescencia, hemos registrado millones de datos sensibles, empíricos, de cada episodio vivido y el amor se encargó de mezclarlo todo. Pero basta recordar el olor de aquella hierba, los gritos y las risas de los niños en una plaza y se nos disparan cantidades de asociaciones entre recuerdos. Cada uno, resuena, nos parece verlo (Y oírlo) todo de nuevo.

¿Dónde está el silencio, entonces?

¿Que nos “hace ruido”, entonces?

¿Qué escuchamos cuando no lo hacemos?

¿Qué?





NOTA: Para cualquier consulta o comentario contactarse con la responsable de esta columna, Claudia Méndez Del Carpio (psicóloga), al correo electrónico claudiamen@hotmail.com

o al celular/ WhatsApp 62620609.

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