Cochabamba, viernes 19 de julio de 2019

Yo, robot

Sobre la obra del escritor estadounidense de origen ruso Isaac Asimov (1920-1992).
| Mauricio Rodríguez Medrano | 16 jun 2019


Primera ley: “Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño”.

Segunda ley: “Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entrasen en conflicto con la primera ley”.

Tercera ley: “Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley”.

Yo, robot es una serie de relatos (al igual que Crónicas marcianas, de Ray Bradbury) escrita por Isaac Asimov en 1950. Tiene un hilo en común: trata sobre la evolución de los robots, cómo fueron en un inicio: máquinas que sólo obedecían, cómo fueron cuando se parecieron a los humanos: máquinas que empezaron a pensar que un creador los había hecho, cómo fueron cuando evolucionaron más que los humanos: destinados a ser mejores.

No tiene nada que ver con la película de 2004, protagonizada por Will Smith (la película está basada en otro libro, Caliban de Isaac Asimov, escrito por Roger MacBride Allen), aunque la película se basa con cierta ligereza en las leyes de la robótica. Apenas como una bruma. Apenas como una referencia.

En Yo, robot (la del buen Asimov) son el pilar para cada uno de sus relatos, como fueron los diez mandamientos para el pueblo judío, como son los derechos humanos para el hombre contemporáneo.

Isaac Asimov fue considerando como uno de los tres grandes escritores de ciencia ficción junto con Robert A. Heinlein (una novela recomendable es Estrella doble) y Arthur C. Clarke (una novela recomendable es 2001: una odisea en el espacio), antes del psicodélico Philip Dick (lean todas sus novelas con la música de los Rolling Stones de fondo).

Lo llamaban el profesor porque en sus relatos el narrador parece que fuera un guía que enseña al lector. Me explico: aunque sean historias futuristas Yo, robot están compuestos por relatos que tienen una estructura de relato policial.

1. Hay un problema o un asesinato o alguien que no sigue una orden. 2. Se busca un culpable y a través del razonamiento se va dando soluciones (como cuando Sherlock o Poirot no tienen que estar en el lugar del crimen, sólo deben conocer los hechos y sacar conclusiones). 3. Al final se devela la verdad.

Tal vez sea esta estructura el mayor problema de este libro: se torna repetitivo. Pero tiene una virtud (la más importante). Yo, robot es un espejo que refleja el actuar del ser humano. Es un espejo que muestra cómo el ser humano se fue liberando de las leyes que lo regían y se hizo poderoso y fue el principio de su caída. Es un espejo del ser humano frente a la religión y la preguntas que desde nuestra infancia (la infancia de la humanidad) tuvimos.

¿Quién es nuestro creador? ¿Somos semejantes a él? ¿Por qué existen leyes que nos fuerzan a realizar ciertas acciones? ¿Somos hacedores de nuestro destino? ¿Podemos vencer a la muerte? ¿Podemos tener el conocimiento absoluto?

Estamos frente a la infancia de los robots, que tal vez algún día se pregunten por sus creadores y busquen sin éxito su origen, porque tal vez nosotros, la humanidad, apenas seremos fósiles esparcidos por el viento en una tierra yerma.

Escritor y periodista - zion186@hotmail.com



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