Cochabamba, jueves 20 de junio de 2019

FAO pide normas claras, cuidarse del contrabando y de los “negociantes”

El representante en Bolivia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Theodor Friedrich, asegura que se puede mitigar daños. Dice que la producción orgánica es casi impensable.
| BETTY CONDORI ROJAS Twitter: @becor2002 | 19 may 2019

Los alimentos orgánicos tienen cada vez más consumidores, pero hay menos. Es un tipo de agricultura promueve productos libres de pesticidas, hormonas y conservantes.

El representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura en Bolivia, FAO, Theodor Friedrich, detalla una cadena de errores que han conducido a la degradación de la tierra, a la contaminación del suelo, agua, aire, además de la afectación a la salud por el uso descontrolado de los plaguicidas.

Freidrich está en Bolivia desde febrero de 2018. Sus últimas intervenciones respecto a lo “nocivo del biocombustible” despertó diversas reacciones principalmente del Gobierno que calificó sus declaraciones como “injerencia política”.

Para Freidrich, todo empieza con el ingreso de agroquímicos por contrabando. Llegan de países vecinos como Argentina y Brasil, entre otros, y se comercializan en ferias provinciales. La venta es descontrolada y los comerciantes hasta fraccionan los tóxicos en botellas de gaseosas para vender al raleo; los productores mezclan los químicos sin conocimiento ni entrenamiento en busca de soluciones arbitrarias al problema de plagas.

Observa que las “empresas importadoras de productos agroquímicos actúan sin ninguna responsabilidad ni control para evitar excesos de los agricultores. El Gobierno deja a la voluntad de las empresas trabajos que deberían ser obligatorios como la recolección de los envases utilizados o la destrucción de los mismos”.

“El Gobierno no puede confiar solo las empresas de agroquímicos cuyo propósito es el negocio, obtener ganancias y eludir cualquier gasto en la recolección de envases vacíos o coordinar la destrucción de plaguicidas obsoletos”.

Recomienda controles y supervisiones.

Considera que el país debería tener laboratorios que permitan medir contínuamente el grado de contaminación de los suelos.

Explica que Bolivia está atrasada en la eliminación de productos absoletos. Hay químicos que han salido de circulación en el mundo en 2000, pero que en el país recién fueron retirados de la lista en 2015, como el Eudosultán y el monocrotophos. “La prohibición es una cosa y la fiscalización es otra”.



ADIÓS A LO ORGÁNICO

La FAO ha apuntado a la agricultura orgánica, “pero no se puede promover lo natural en suelos degradados, de medio ambiente comprometido y con alta deforestación”.



ASESORÍA

La FAO ofrece asesoría técnica para el manejo adecuado en las fumigaciones, para la destrucción de tóxicos absoletos, también puede ayudar -dice- a conseguir recursos del Fondo Mundial de Medio Ambiente.

Plantea reestructurar el Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria, Senasag, instancia llamada a realizar el control de agroquímicos. “He visto que los funcionarios tienen voluntad, pero carecen de infraestructura. No cuentan con vehículos propios y trasladan el tóxico hasta en transporte público, no hay almacenes seguros y no saben qué condiciones se necesita para desechar los productos obsoletos”.

Asegura que: “Bolivia tiene muchos retos, la voluntad está, pero hay que movilizar a los decisores políticos del Gobierno y que en los últimos 10 años no han mantenido contacto con la FAO por el tema de plaguicidas”.



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