Cochabamba, viernes 23 de agosto de 2019

El relato histórico y crítico de Querejazu sobre el arte pictórico nacional

Entrevista al autor del libro Pintura en Bolivia en el siglo XX (BBB) que se presenta, en una segunda edición revisada y ampliada, el próximo jueves 23 en el Centro Cultural Melchor Pinto de Santa Cruz.
| Caio Ruvenal | 19 may 2019

Cecilio Guzmán de Rojas

En 1989, el Banco Hipotecario Nacional, celebrando su centenario, lanzó el libro Pintura boliviana en el siglo XX, publicado por la editorial italiana Jaca Book y escrito por el historiador y crítico de arte Pedro Querejazu. La obra tuvo un alcance mayor al esperado, convirtiéndose en un referente obligatorio sobre la plástica nacional. Se trataba del único estudio especializado sobre pintura, llegando a ser incluido en una lista de las 100 obras más importantes producidas en Bolivia, según una encuesta publicada en el suplemento Tendencias de La Razón, en 2014.

29 años después, tras ser una de las obras más solicitadas, la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB) publica una segunda versión revisada y ampliada, que incluye como novedad la producción artística visual de los últimos 30 años, con el surgimiento del arte contemporáneo, y que, al mismo tiempo, revisita las expresiones culturales del periodo prehispánico. Con la precisión y respaldo bibliográfico de un historiador, Querejazu relata el imaginario social materializado en las artes plásticas desde el periodo precolonial, haciendo énfasis en el siglo pasado y las dos primeras décadas del presente.

En el marco de su labor académica, el autor enseña el sentir de un país bajo la relación artista-obra-espacio-tiempo, exhibiendo de la manera más objetiva posible la producción plástica realizada, dejando al lector una libre interpretación y posteriores estudios sobre el tema. Nuevos lenguajes, la aparición de escenarios propios para su muestra, la convivencia entre lo moderno y tradicional, y el aporte de las mujeres artistas son algunas de las novedades que trae esta segunda versión.

La obra será presentada el jueves 23 de mayo, a las 19:30 horas, en el Centro Cultural Melchor Pinto de Santa Cruz (calle Sucre No. 50); además, el 26 del mismo mes se abrirá una exposición itinerante basada en el libro, en la también cruceña Plaza Manzana Uno (calle Independencia entre Ingavi y Ayacucho), que podrá ser visitada hasta el día 30.

Compartimos una entrevista con Querejazu, en la que se dialoga sobre los cambios para esta edición, el arte contemporáneo como principal actor de esta evolución y el rumbo de la plástica nacional, así como su historia.



-En la introducción, señala que la primera edición, aunque realizada con rigor académico, no pretendía ser un libro de historia, sino una fuente de información general. Ahora, en este segunda versión ampliada, revisada y con un autor más curtido, ¿se puede catalogar a Pintura en Bolivia en el siglo XX como un libro científico?

Sucede que la primera edición fue hecha con la intención de divulgar un material artístico, pero sí se hizo con un rigor académico, con contenido bibliográfico, notas del editor y todo lo que un texto de estas características exige. Se trabajó todo lo académicamente adecuado que se puede. Lo mismo se hizo con esta segunda edición. La única salvedad es que se ha procurado hacer una transacción entre la cantidad de información y las posibilidades del contenido del libro.

-El principal cambio que tiene esta segunda versión es la inclusión del arte contemporáneo durante los últimos 30 años. ¿Esta rama ha eclipsado a las artes plásticas tradicionales o de qué manera los artistas fusionan las disciplinas?

No se ha manejado como un conflicto, sino como un fenómeno que se ha ido modificando y presentándose a lo largo del siglo. El cambio fundamental fue ampliar la mirada histórica en un lapso de tiempo más grande. La primera publicación abarcaba de 1800 a 1986, año en que se cerró la edición del libro que se imprimió en 1989. Había un periodo del final del siglo XX que faltaba por completo. Se extendió la delimitación temporal desde el ámbito prehispánico, haciendo referencia a las pervivencias del arte textil, plumerío y kerus, hasta el 2017, brindando datos de artistas activos en pleno silgo XXI. Se arranca en una historia circular más que lineal hacia el presente.

-Si hay algo que se le critica a la nueva tendencia de las artes es el descuido de la forma para dar más fuerza al mensaje. Como crítico e historiador, ¿desde qué posición piensa que se debe abordar el arte contemporáneo? ¿Existen parámetros que permitan valorizar lo estético o se le debe prestar mayor atención al discurso?

No he querido participar en ese conflicto. He ido presentado las mentalidades de la época a lo largo del siglo pasado hasta el presente, y cómo esas mentalidades se han ido presentando. El estudio introductorio (en la segunda edición) es mucho más extenso. Los textos de la versión anterior sumaban más o menos 90 páginas, el resto eran 630 laminas. En este caso, el cuerpo tiene 200 paginas y tiene más de 1.000 ilustraciones. Se han multiplicado en términos cuantitativos, como cualitativos.

-En la introducción también indica que no se puede pensar el arte en Bolivia sin sus artistas mujeres. ¿Cuáles han marcado la historia de la plástica nacional?

He querido destacar el rol de las artistas mujeres. Entonces, he marcado énfasis en el género a lo largo del siglo, empezando con Elisa Rocha de Ballivián y pasador por la generación del 52, con María Luisa Pacheco, y sobre todo con la generación de jóvenes emergentes, no con la mayoría de representatividad en los actores, pero sí con gran importancia reflejada en la última parte. El 60 por ciento de las obras escogidas (de la última etapa) fue producido por artistas femeninas.

-Señala a Potosí, Oruro y La Paz como principales centros de producción pictórica. ¿Qué papel jugaría Cochabamba en la construcción de la historiografía pictórica nacional?

Creo que la pregunta es una lectura entre líneas. He tratado de hacer un análisis por regiones, valorizando las características del arte hechas en cada sector, no existe una prioridad. Hay una larga sección dedicada al arte en Cochabamba. La gesta de todos los artistas cochabambinos es importante, tal como está presentada en el libro. No creo que haya un sesgo de regionalismo. Puede presentarse una concentración mayor en las tierras más altas, al haber más artistas y mayor concentración.

-Con la muerte de pintores como Enrique Arnal, Ricardo Peréz Alcalá y Raúl Lara, se ha ido perdiendo una última generación de destacados artistas. ¿Cuáles cree que se han consagrado en este último siglo?

Más que todo se trata de ubicar a los productores en el momento generacional al que pertenecen. Los que mencionas, junto a La Placa, están puestos en el movimiento del 52, aunque seguían realizando obras hasta el siglo XXI.

-Algunos críticos acusan a la plástica de un estancamiento, de vueltas en géneros como el paisajismo, el realismo costumbrista y el indigenismo. ¿Está usted de acuerdo con esta afirmación?

He tratado de soslayar el tema. He expuesto las cosas para que la gente las mire, las lea y las aprecie a su manera. No pretendo asumir el rol de si esto está bueno o este mal.

-Antes, eventos como la Bienal INBO permitían ver a qué caminos se dirigían las corrientes estéticas pictóricas. En la actualidad, ¿qué espacios, centros o actividades permiten ver la tendencia en pintura a nivel nacional?

Siguen activos los salones municipales de arte como el de Cochabamba o el de La Paz, que siguen siendo referencias centrales del arte, pero al mismo tiempo han surgido modernos eventos, como la Bienal Internacional de Artes Visuales de Santa Cruz, la SIART o la BAU. Diría que hay una actividad sumamente intensa que nos permite ver cosas que son importantes y cómo se han transformado, conviviendo con lo tradicional.

Periodista - caio.ruvenal.257@gmail.com



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