Cochabamba, viernes 24 de mayo de 2019

Hay más de 70 LGBT encarcelados en eje de Bolivia, la mayoría por robo

Hay 10 parejas de lesbianas en el penal Obrajes de La Paz. Solo en Palmasola de Santa Cruz contabilizaron 46 personas con diferente orientación sexual y en Cochabamba, siete, según datos de la Defensoría del Pueblo.
| DAYANA FLORES A. Twitter: @DayanaOpinion | 05 may 2019

Dos internos en la cárcel San Sebastián.

Algunos LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales) que están recluidos en cárceles de los departamentos del eje troncal de Bolivia prefieren esconder sus preferencias sexuales. Revelar su “identidad construida” es como una nueva salida del clóset, contaron a OPINIÓN, porque deben enfrentarse a la represión del entorno. Solo 76 presidiarios de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz declararon abiertamente su orientación, de acuerdo con un informe de la Defensoría del Pueblo.

El departamento que aglutina más privados de libertad LGBT es Santa Cruz, con 46 en total. Todos están encarcelados en Palmasola.

En ese recinto penitenciario del oriente no hay un área destinada a la gente LGBT, ni en ningún otro penal de Bolivia.



LA PAZ

Después de ese departamento, La Paz reúne a más personas con esta identidad construida. Hay 23 LGBT.

Según el informe de la Defensoría del Pueblo titulado “Volcar la mirada a las cárceles”, que hace referencia a la situación de vulnerabilidad de las personas privadas de libertad en las ciudades capitales de Bolivia, el grupo más numeroso está conformado por 10 parejas de lesbianas recluidas en la cárcel femenina Obrajes. Esa información fue revelada por las internas.

En Qalauma, un calabozo para adolescentes, jóvenes y mujeres, hay dos internos LGBT.

Si bien en ese recinto tampoco hay un área destinada a esa población, los responsables intentan ubicarla en sectores “tranquilos”. Ese par de reclusos con orientación sexual diferente, por ejemplo, está en la zona llamada Comunidad, donde, supuestamente, está a buen recaudo del maltrato físico.

También hay una mujer transexual (un hombre que alteró hormonal y quirúrgicamente su cuerpo para parecer chica) en el penal San Pedro, que es exclusivamente de hombres.

Esa persona ya fue puesta en libertad, pues la mayoría de la población carcelaria percibía su orientación sexual como una “anormalidad”.

En Chonchocoro, de hombres, y Miraflores, de mujeres, no hay registro de personas LGBT, quizá por temor a ser reprimidas.



COCHABAMBA

En el departamento, solo dos de seis penales tienen a gente LGBT: San Sebastián de Mujeres y el Abra.

Según el reporte de la Defensoría del Pueblo, en el primer reclusorio hay siete mujeres lesbianas, pero “no son discriminadas”.

En el Abra supuestamente también hay, pero no se especificó cuántas, solo que “la relación (con otros privados de libertad) es normal”.

La presidenta de la Red de Personas Trans de Bolivia, Rayza Torriani, dijo que, actualmente, solo hay una mujer transexual en un penal de Sacaba. Sí hubo más reportes, pero todos concluyeron con una liberación.

Desmintió que no haya discriminación. Conoció a “compañeras que lloraban para que las saquen de ahí”.



DIFICULTAD

Para un LGBT es complicado mantener en “secreto” su preferencia sexual, según un privado LGBT recluido que prefirió mantener en reserva su identidad, esto debido a que “tienes a la gente encima”. Literalmente, los presos están codeándose porque no hay ninguna cárcel en Cochabamba en la que no haya hacinamiento.

Inclusive, en situaciones íntimas, como el ingreso a la ducha o el cambiarse de atuendo, están expuestos, pues solo los separa una cortina plástica del resto.



TOLERANCIA

En criterio de un LGBT recluido, las mujeres son más tolerantes, es por eso que las lesbianas, por ejemplo, puede expresar abiertamente su orientación sexual en San Sebastián Mujeres.

Mencionó que en los penales de hombres, no solo tienen de lidiar con gente homofóbica, también con las parejas de ellos, que “piensan que podemos molestar a sus maridos”.



DELITOS

La gente LGBT que ingresa a penales de Cochabamba, generalmente, comete delitos menores, como robos, según Torriani. “Robo celulares o billeteras a los que nosotras llamamos ‘los parroquianos’ (clientes de las mujeres que se prostituyen)”.



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