Cochabamba, domingo 26 de mayo de 2019

Hallan la razón de comer sin hambre

Se cree que la alimentación hedónica refleja la adaptación de los humanos de cuando las hambrunas eran frecuentes.
WASHINGTON/EFE | | 02 may 2019


Un grupo de científicos estadounidenses encontró el circuito cerebral responsable de que uno siga comiendo a pesar de haber satisfecho sus necesidades energéticas y de no tener hambre, según un estudio publicado en la revista especializada Neuron.

Este descubrimiento, de acuerdo a los investigadores de la Universidad de Carolina del Norte (EEUU), podría ser un nuevo objetivo para los tratamientos "contra la obesidad y los atracones".

"Este circuito parece ser la forma en la que el cerebro te dice que si algo sabe realmente bien, entonces vale la pena el precio que pagues por obtenerlo, así que no te detengas", ilustró el autor principal del estudio, Thomas Kash.

En experimentos de laboratorio, el equipo de Kash halló una red específica de comunicación celular que emana de la región del cerebro que procesa las emociones, motivando a ratones a seguir comiendo alimentos sabrosos aunque sus necesidades energéticas básicas hayan sido satisfechas.

La existencia de este circuito cerebral de mamíferos podría ayudar a explicar por qué los humanos a menudo comen de más en un entorno moderno de comida "abundante y deliciosa", dicen los autores.

El circuito es un subproducto de la evolución, cuando las comidas ricas en calorías eran escasas, por lo que nuestros cerebros fueron diseñados para devorar tantas calorías como fuera posible porque nadie sabía cuándo vendría la próxima "súper comida".

Los científicos en busca de remedios contra la obesidad han pasado décadas investigando y dirigiéndose a las células cerebrales y los circuitos involucrados en la alimentación "homeostática" ordinaria, que se desencadena por el hambre y mantiene nuestro nivel de energía alto.

Se cree que la alimentación hedónica refleja la adaptación prolongada de los humanos de cuando las hambrunas eran frecuentes y percibir los alimentos ricos en calorías y consumirlos cada vez que estaban disponibles supuso una ventaja de supervivencia crucial al acumular energía extra. Seguir ese instinto ahora, en un momento de abundancia, puede llevar a la obesidad, una enfermedad que afecta aproximadamente al 40 por ciento de los adultos en Estados Unidos y que origina afecciones relacionadas, como la diabetes, enfermedades del corazón y cáncer.

Trastorno alimentario para canalizar las emociones

Emociones como la ira o el enfado suelen desencadenar el hambre emocional.

La primera justificación que puede llevar a una persona a ingerir alimentos es la supervivencia (comemos para vivir, ¿no?). Pero, si nos planteamos por qué comemos, y nos paramos a pensar con detenimiento la respuesta, seguro que surgen muchas razones que llevan a una persona a comer más allá de por tener hambre.

Uno de esos motivos guarda una relación muy estrecha con las emociones, se trata del hambre emocional, un trastorno alimentario que utiliza la comida como anestésico de lo que sentimos. “Es decir, se utiliza para gestionar las emociones negativas, pero de manera errónea”, afirma la picóloga Grecia de Jesús, Por ejemplo: una persona se siente emocionalmente vulnerable y pone el foco en algo externo, en este caso, la comida. Cuando tiene un conflicto laboral, familiar o de pareja, si siente frustración, no se le ocurre ir a correr o a nadar, se le ocurre ir a comprar chocolate.

“El hambre emocional es aquella sensación que lleva a comer de forma injustificada. Sin hambre real, sin motivo o situación real. Se trata de un estado de "confusión interna", según el cual el sujeto une la comida a las emociones”, explica África Urbano, psicóloga de la Unidad de Obesidad del Hospital Universitario HM Montepríncipe, en Madrid, según el portal www.Cuídate.es.



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