Cochabamba, jueves 18 de abril de 2019

Pedro Almodóvar, del Rastro a Hollywood

El español estrena su nueva película “Dolor y gloria”, un filme que muestra el lado más íntimo del cineasta.  
TEXTO: EFE/ ELMUNDO FOTOS: TWIMG.COM | | 24 mar 2019



Quiso "ser mamá" y acabó dirigiendo "Todo sobre mi madre". Pedro Almo-dóvar, nacido en Calzada de Calatrava en 1951, estaba destinado a revolucionar el panorama cultural en España cuando llegó a Madrid con tan solo 17 años. Sus princi-pios, como suele ser habitual en estos casos, fueron duros.

Comenzó ganándose la vida en un puesto del mercado El Rastro y después consiguió un trabajo en la empresa de telecomunicaciones Telefónica. El dinero obtenido con estos primeros empleos le sirvió a aquel joven inquieto para comprar una cámara Super 8 con la que dio sus primeros pasos en el mundo del cine. Once cortometrajes recuerdan aquella etapa.

Y llegó la ´movida´. El cambio de década que sacudió los cimientos de la vida madrileña lanzó a Almodóvar al estrellato contracultural en la música y en el cine. Rompió moldes interpretando con su amigo Fabio McNamara canciones como “Ganga” o “Quiero ser mamá” e hizo de su primer largometraje, "Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón", un símbolo de la época.

La carrera cinematográfica del director manchego fue en ascenso a principios de los años 80 llegando a dirigir una película por año. Pero, aún así, la crítica no siempre estaba del lado del ahora reconocido realizador y su carrera era un cúmulo de altibajos.

ASCENSO EN LA MIRA

Cansado de depender del dinero de otros, Almodóvar creó en 1987, junto a su hermano Agustín, la productora El Deseo, S.A..

El segundo trabajo de esta peculiar empresa familiar supuso la consagración internacional del cineasta : "Mujeres al borde de un ataque de nervios", la película que introdujo por primera vez el Oscar en los sueños de Almodóvar al ser designada candidata al premio a la mejor película extranjera. Ya reconocido, el director continuó ampliando su filmografía con títulos que tan pronto lo acercaban al público como lo alejaban de la crítica y viceversa. De todos modos, lo que nadie podía discutir es que Almodóvar iba madurando película a película.

Y llegó "Todo sobre mi madre". Por fin una cinta con la firma de este singular realizador que barría en taquilla y obtenía halagos en las páginas de la prensa especializada. La calidad del film y la intensa campaña de promoción llevada a cabo por Sony conseguieron llevar a Almodóvar a lo más alto.

Ahora, se estrena "Dolor y Gloria", su vigésimo primer largometraje, que cuenta con Penélope Cruz, Cecilia Roth y Leonardo Sbaraglia en papeles secundarios. Pero el protagonista es Antonio Banderas. Este ha sido el elegido como su "alter ego", un director de cine llamado Salvador Mallo que viste su misma ropa y vive en una casa como la suya, en la misma calle de Madrid donde está el domicilio del cineasta, rodeado de sus propios libros y obras de arte. "No es mi autobiografía pero sí es la película que me representa más íntimamente", dice.

Esta película es la "autoficción" llevada al cine. Ese género literario donde el autor es también el narrador y el personaje principal, pero donde las leyes de la narrativa mandan por encima de todo y al que también se han aproximado otros grandes cineastas como Woody Allen o Federico Fellini.

Un detalle importante sobre esta entrega es que Netflix ha comprado los derechos de la película, eso sí, respetando las ventanas de exhibición. "Querían que la película fuera suya y ofrecieron cantidades ingentes de dinero que mi hermano rechazó", cuenta Agustín.

A diferencia de Alfonso Cuarón, que se rindió a la plataforma de streaming con su aclamada "Roma", que apenas ha pasado por las salas de cine, Almodóvar es un militante de la pantalla grande.

"Estamos en pleno fragor de la batalla, es difícil saber lo que va a ocurrir", reflexiona, "pero yo quiero que las películas se vean en los cines y que duren lo que deban durar; para mi la pantalla doméstica es la segunda visión de una película", finaliza.l

Ser “chica Almodóvar”

Además de su obra, el cineasta es reconocido por crear una tendencia bastante marcada en el cine español: el modelo de actriz denominado “chica Almodóvar”. Si algo seducía de los personajes que encarnaban las actrices de Pedro era representar el antiejemplo de la buena chica. Cada una de ellas ajustaba su credo a las necesidades más perentorias y jus- tificaba sus actos, cualesquiera que fuesen.

Las chicas Almodóvar tenían como hábitat natural la calle y los bares eran su hogar. Habían dejado atrás la estética progre para abrazar un estilo punky, pop o retro, todo menos quedarse ancladas en el uniforme de la chica concienciada de los años setenta. Estas mujeres llenaron de colores el cine español. No eran especialmente guapas, ni distinguidas, ni elegantes. Su sello era la origi-nalidad, la libertad extrema, la sinceridad y la falta de prejuicios.

Con el tiempo la intensidad de estos perso-najes disminuyó, pero quedó marcada como característica principal del director español.



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