Cochabamba, jueves 18 de abril de 2019

Uyuni: “donde quiera que yo estaré, voy a recordarte”

Capital de la provincia Antonio Quijarro de Potosí, es el centro turístico de la región. Allí, sus pobladores disfrutan juntos de la fiesta del Carnaval, sin importar las diferencias generacionales.
TEXTOS: WILFFORD MIRANDA ALVINO FOTOS: WILFFORD MIRANDA, RAMIRO CASTRO Y VÍCTOR ORTIZ | | 24 mar 2019



En medio de banderines, graderías y un movimiento comercial que aglomera las calles céntricas de Oruro, se encuentra la estación de trenes de la Empresa Ferroviaria Andina S.A. Allí, un grupo de personas que no deben pasar más de 150, se embarcan desde la ciudad minera hasta la Hija Predilecta de Bolivia, Uyuni: a vivir uno de los carnavales más alegres y eufóricos del país, de acuerdo como lo describen sus habitantes. El Expreso Turístico Wara Wara (nombre del tren de F.C.A. que transporta a los pasajeros) parte a las 15:00 en punto.

Minutos después de salir de Oruro, el Lago Poopó luce sus cristalinas aguas llenas de fauna silvestre como flamencos, patos y parihuanas que vuelan hacía los horizontes a medida que el Wara Wara avanza. Un viaje de un total de ocho horas pasando por comunidades como Machacamarca, Challapata, Río Mulato, entre otras poblaciones que aún recuerdan la época de oro de los ferrocarriles con sus maestranzas que daban trabajo a muchas de sus familias.

Hoy, en esos lugares se ven fierros viejos y oxidados que aún, a pesar del tiempo, mantienen esa esencia. A medida que el sol se iba poniendo, el frío se iba sintiendo de a poco. Los paisajes áridos acompañados por las montañas y los cerros típicos del altiplano, dejan postales para el recuerdo de los viajeros embarcados en aquel tren.

Cerca a las 22:00 empiezan a gritar: “¡Ya estamos llegando a Uyuni!”. Seguidamente comparseros de los Yankee Boys (una de las comparsas más antiguas en participar del Carnaval de Uyuni, 74 años) empiezan a interpretar cánticos a medida que el tren ingresa con pitazos a la ciudad.

En el transcurso hasta la estación, los vehículos escuchan los gritos de esta y otras comparsas en el tren. Empiezan a dar bocinazos para aumentar el entusiasmo de personas que han esperado 365 días para retornar a su tierra. Al divisar la estación y con las ventanas abiertas, los Yankee Boys, empiezan a cantar “¡Volveremos siempre en los carnavales!”, las bandas hacen eco en aquel lugar con huayños que amenizan el recibimiento; familiares, fraternos y turistas que esperan en aquel edificio, empiezan a saltar a la luz de reflectores de medios locales.

El ambiente se torna totalmente alegre. El tren se detiene, los residentes entusiastas son recibidos con abrazos por sus familiares y sin descuidar la alegría, con mochilas y maletas se ponen a bailar al son de las bandas de música auspiciadas por sus compañeros de fraternidad. Solo una vez al año, la estación de trenes de Uyuni vive un recibimiento de película que no tiene par.

“Se dice que en los lugares más inhóspitos, viven los habitantes más hospitalarios de este planeta. Pasar un Carnaval en Uyuni es como dejar una huella en ese inmenso mar blanco. La Hija Predilecta de Bolivia, la postergada, la olvidada; prepara su alegría en la víspera, baila, ríe y canta hasta el último día del carnaval y recuerda su alegría 365 días al año”, de esta manera, Luis Rico, cantautor reconocido a nivel nacional, describía al Carnaval de Uyuni en 1995.

Vivir esta fiesta en esta localidad es, sin duda alguna, una experiencia que es meritoria de contar y de ubicar dentro del mapa festivo nacional como uno de los eventos más alegres del país según Felipe Ramírez, fraterno que baila más de 30 años.

Sus fraternidades y comparsas que lucen sus mejores disfraces el sábado y domingo de entrada, dos jornadas que conforman el total de 11 días de fiesta seguidos y que hacen mención en sus habitantes de ser el Carnaval consecutivo más largo de Bolivia, tiñen a Uyuni de gozo y entusiasmo.

Pero, ¿por qué Uyuni merece una mención especial? Tomando en cuenta otras festividades similares como en Santa Cruz, Vallegrande, Tupiza o el gran Carnaval de Oruro donde el folclore en su estado más pintoresco se derrocha. Según sus habitantes, Uyuni es símbolo de alegría, entusiasmo, encuentro e integración generacional, cuatro conceptos que son una de las características de este carnaval único y sin par.

Bailar al ritmo de desenfadados huayños interpretados por bandas de música. La euforia de los danzarines que cantan y ríen con toda energía, hacen que el agua, la espuma y los globos no se sientan con el viento frío que golpea la piel al transitar por las calles anchas de Uyuni.

Fraternidades y comparsas donde el abuelo, el hijo, el nieto y el biznieto comparten el mismo ambiente como en otras donde solo adultos o solo jóvenes disfrutan, son parte del menú que se ofrece en sus diversas agrupaciones. Cada una de estas a su vez cuenta con distintas tradiciones que perduran hasta el día de hoy. Felipe Ramírez, socio de la Súper y Espectacular Comparsa Yankee Boys, participa en los carnavales de Uyuni desde 1963, dos años después de haber salido bachiller. Entró por influencia de sus dos hermanas mayores quienes ya bailaban en aquella agrupación. Lulo, como lo llaman en su comparsa, afirma que esta festividad es básicamente encontrarse con viejas amistades para vivir alegría y ser testigos de las mejoras o descuidos de su ciudad.

“En Uyuni se agrupan comparsas o fraternidades para disfrutar, tanto en la calle como en el local, de lo que son las fiestas del Carnaval. Dejar todos los problemas y preocupaciones afuera durante esos días para disfrutar con alegría, entusiasmo y sobre todo amistad y fraternidad”.

Lo anterior mencionado por Felipe parece ser real. La gente al bailar, no conoce de preocupaciones ni de tristezas, hace parecer que se vive en otro tiempo y espacio alejado de la realidad y los problemas.

Cada agrupación ingresa interpretando su canción distintiva. Se baila cuecas en medio de la gente y al llegar al palco principal, entre gritos de alegría se despiden con una composición que todas las comparsas y fraternidades saben, “Pueblo Heroico de Uyuni”, canción compuesta por Justino Jaldín, reconocido compositor y profesor de música en esa ciudad.

A viva voz, con agua y espuma sobre el cuerpo, los bailarines cantan y bailan mientras la gente aplaude y salta. Una semana después de aquel recibimiento en tren, la mayoría empieza a retornar a sus ciudades. La magia con la que uno es recibido en la estación de trenes desaparece cuando tienes que retornar en bus.

La falta de pasajeros hace inviable que aquel tren que se llena una vez al año, pueda volver a Oruro por el tema de oferta y demanda.

El retorno después de varios días de Carnaval en la Hija Predilecta de Bolivia, es un viaje que te devuelve en tiempo y espacio. Los uyunenses dejan su tierra contando los días hasta el siguiente Carnaval. Y en sus mentes, suena parte de la canción Pueblo Heroico de Uyuni con la cual se tituló este escrito, “Donde quiera que yo estaré, voy a recordarte. ¡Ay Uyuni tierra de amistad, no te olvidaré!”.

El autor es miembro del Laboratorio de Periodismo de la Universidad Católica Boliviana. l



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