Cochabamba, domingo 16 de junio de 2019
LECTURAS SUTILES

Los adolescentes y “sus malas conductas”

| Miguel RamÍrez ArrÁzola Psicólogo Clínico miki.psico@gmail.com | 24 mar 2019

En la obra de teatro “Despertar de primavera” escrita por Frank Wedekind, uno de los personajes se lamenta con un amigo íntimo de la siguiente manera: “Yo ya he ojeado la enciclopedia Meyer de la A a la Z, sin encontrar nada. ¡Palabras! ¡nada más que palabras!, ¿de qué me sirve un diccionario de la conversación, si no me aclara los problemas más inmediatos de la vida?”. Y es que, en el adolescente, ese diccionario que falla son los referentes de autoridad o todo aquello que en cierto momento le servía de brújula, y cuando el diccionario falla, hay que

inventar; y eso hace el adolescente inventarse maneras de aclarar

y resolver los problemas más inmediatos en su vida.

La adolescencia es un periodo de delicada transición, un tiempo donde se da el pasaje del círculo familiar para poder adentrarse en el círculo social, es por eso que, el adolescente debe inventarse su propia forma de aperturarse a la sociedad.

Pero, la pregunta que se hace todo adulto es ¿por qué mi hijo (o este adolescente) tiene “malas” conductas? Refiriéndose, a hablar “malas” palabras, ser impulsivos, callejeros, contestones, estar pegados al celular, vestirse de manera diferente, encerrarse en su cuarto, etc.

Podríamos nombrar estos actos como invenciones singulares que encuentran para no quedarse atrapados en lo infantil y avanzar al mundo adulto del cual no tienen una clara comprensión. Es, en este momento, donde aparecerán estas conductas de vagar por las calles o también el vagabundeo por el internet; estas permiten -de alguna manera- la posibilidad de separarse del mundo familiar, intentando conocer y comprender aquello que no logra nombrar como propio aún.

La adolescencia inventa o se apropia de jergas o “malas” palabras, las cuales sirven como una forma de relacionarse con sus pares, se apropian de una lengua, pero a su vez rompe con el de los adultos y el de

los niños, de los cuales quieren diferenciarse. El silencio desafiante

con los adultos es igual -en algunos casos- un intento de separación.

La ropa, moda, música, los grupos sociales, son quienes proporcionan una identidad y un ser diferente ante los demás, pero a su vez sirven como elementos de identificación e igualdad con sus pares sociales, siendo el adulto quien constantemente plantea la diferencia a través del “en mis tiempos no era así, en mis tiempos era mejor”.

En la impulsividad del adolescente está la intolerancia al otro en juego, algo no puede ser puesto en palabra y es realizado en acto. El psicoanalista Philipe Lacadee plantea este tipo de conducta, como las relaciones de pantomima. Siendo este el arte de expresarse mediante el gesto sin recurrir al lenguaje; entonces, todo acto impulsivo y “sin sentido” que trae consigo un adolescente, podríamos pensarla desde aquella conducta que es vista a los ojos, pero que habrá que ir descifrando

el mensaje que trae consigo.

Habrá que acompañar al adolescente en el armado de nuevas respues- tas ante los enigmas que traen consigo esta etapa de sus vidas, que lleguen a ser lectores de sus propias historias, apuntando constantemente a asumir su accionar y consecuencia, transmitiendo orden y no juzgando, esto desde la escucha y no desde el castigo.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia Méndez del Carpio (psicóloga), responsable de la columna, al correo electrónico claudiamen@hotmail.com o al teléfono/whatsApp 62620609. Visítanos en Facebook como LECTURAS SUTILES.



TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

MÁS NOTICIAS DE « REVISTA ASí »:

Opinión en Twitter
Opinión en Facebook
Portada Impresa