Cochabamba, martes 20 de agosto de 2019
 [La Lengua Popular ]

La indiferencia de Meursault y el caso de Sergio O.A

Crónica sobre el filosofo francés Albert Camus para la materia Taller de Escritura de la carrera de Filosofía y Letras de la Universidad Católica Boliviana San Pablo.
| Anneliese Siles Escobar Siles Escobar Anneliese | 24 mar 2019



Albert Camus escribió El extraño en 1942, permitiendo el desarrollo de un personaje principal que cuente su propia historia. En un ambiente posmoderno, Camus transforma todo significado, aplicando su estilo literario en el poder que desvía la culpa del protagonista anti-heroico: Meursault.

Meursault es un personaje que domina su diálogo interior, no se somete a su propia psicología para identificar sus sentimientos o motivos, y a su vez, niega el impulso a auto-analizarse y ayudarse a sí mismo. Comprende que la vida no tiene sentido ni propósito, y que el mundo es profundamente indiferente a los seres humanos que hacen lo mejor para vivir. Al final del libro, una vez que Meursault acepta esta filosofía del absurdo, paradójicamente, es capaz de ser feliz. Mientras está en la cárcel, se da cuenta cuan vacío todo es. Meursault es una figura desapegada que contempla y describe todo lo que sucede a su alrededor desde una posición disociada. Es emocionalmente indiferente hacia los demás, hacia su madre y su amante, Marie. Se rehúsa a adherirse al orden moral de la sociedad, y después de asesinar a un hombre sin ningún motivo aparente, es llevado a juicio. Sin embargo, el enfoque del asesinato de Meursault en el juicio, inmediatamente se desvía hacia las actitudes y creencias del protagonista. O al menos, ésta obra es la que se me vino a la mente una vez que supe de Sergio.

Cuando éramos niños, Sergio era el más callado de los primos, siempre que jugábamos en su casa o en la de mi abuela, Sergio se ausentaba y jugaba a solas con algún juguete suyo o una muñeca. En una grabación de mi cumpleaños número 5, Sergio se ve tan triste para ser tan pequeño, un año menor que yo y más pequeño en estatura, apoyado contra el muro del garaje/patio, mirando el suelo. No nos vimos por muchos años porque mi familia tuvo que emigrar. Hasta que retorné a Bolivia y volvimos a reunirnos durante casi todas las vacaciones escolares. Cuando nuestras hermanas se encerraban a jugar a las modas, los dos nos sentábamos en la sala a jugar videojuegos, para entonces, yo tenía 14 años. Durante las fiestas de mayores, en su casa, nos juntábamos todos, yo siempre era el bufón de la fiesta, ahora lo recuerdo y me causa gracia. En ese entonces, me imaginaba a mí misma como un judío en medio de la calle con su familia al lado, viendo cómo los soldados se burlan de él, haciéndolo bailar ridículamente a punta de subfusil. Odiaba y quería mucho a Sergio, porque detrás de esas burlas y esa malicia congénita que llevaba consigo, me enseñaba a jugar videojuegos de terror, a ser competitiva, pero sobre todo me mostraba un silencio que ninguna otra persona en mi familia sabía comprender.

El 17 de Enero de este año, Sergio fue aprehendido por la policía durante la noche, lo llevaron a la cárcel de San Pablo de Quillacollo, con detención preventiva, por ser presunto cómplice del abogado Jhasmany Torrico, y hasta el día de hoy Sergio sigue ahí.

Jhasmany Torrico, como muchos ya conocen la noticia o se enteraron de su caso, provenía de una familia atormentada, las fallidas relaciones amorosas de su mamá, en las cuales tuvo un par de hijos, y luego el nacimiento de Jhasmany cuando su segundo matrimonio ya había llegado a su fin. “Rebelde, inteligente y muy manipulador” así lo describía un diario de la prensa este pasado mes. Completamente opuesto a la vida de Sergio y su personalidad.

Sergio siempre fue tímido, serio, apático y distanciado. Pero cuando jugaba era como muchos otros niños, enérgico, hiperactivo, competitivo y a veces malicioso, hasta el punto en el que llegábamos a competir por quién era el más veloz o el más astuto. Pero ya que yo era una niña delicada y susceptible, siempre me hacía llorar. Con sus padres y hermanas siempre fue bastante reservado, no era el típico hermano mayor que imita la figura paterna, creo que no está de más decir que nunca estuvo tan ahí.

Meursault se me vino a la mente cuando me enteré del arresto de mi primo, esencialmente porque identifiqué la indiferencia innata del protagonista de L’étranger con la suya; ambos atraviesan por condenas que los impiden salir de la prisión, pero sus casos claramente se diferencian. Sin embargo, ambos parecen demostrar el inminente destino que conduce una vida llena de apatía e indiferencia. Meursault por su lado, se caracteriza por ser un hombre aislado dentro de su mente. Al narrar su historia describe la vida que pasa frente a él, y aislado por la gente a su alrededor, es un extraño en su propio lugar, hasta que hubo un momento de su vida que sacudió esta indiferencia, provocando al personaje no sólo afrontar su silencio encerrado en su propia mente, sino lo mucho que esa extrañeza característica en él pudo jugarle en contra frente a la sociedad.

Sergio se graduó con honores de la Universidad Mayor de San Simón, un orgullo para su familia, pese a que abandonó cualquier sueño de músico veinteañero que tenía. Su papá, otro músico de fin de semana, es fiscal del Ministerio Público de Cochabamba, él fue quien se encargó de que su hijo ejerza su carrera como la abogacía parece indicar: ganando “mucha plata” en un bufete conocido. Así fue como Sergio comenzó a trabajar con Jhasmany Torrico, quien por su historial, ya tenía la “experiencia” necesaria en “resolver casos” para sus clientes. Un año más tarde, Jhasmany sigue en la cárcel y Sergio es imputado por asociación criminal, tortura, lesiones graves, secuestro, extorsión y consorcio de policías, jueces y fiscales. Su papá, mi tío, ha sido también arrestado y se encuentra con detención domiciliaria por formar parte del mismo consorcio.

La mañana del viernes 18 de Enero, mi mamá me despertó, como cada vez que me hace adivinar la mala noticia, esta vez contándome lo que le pasó a Sergio, no supe qué decir porque siempre tuve la certeza de que él, indiferente o no a las circunstancias, siempre estuvo bien. Yo a Sergio no le volví a hablar después de esas épocas de chiquillos, sabía que estaban viviendo mejor, sus padres estaban reconciliados, él se estaba dedicando a la música como le gustaba y estaba por entrar a la universidad.

El cuento de Camus lo leí hace años, cuando me dejé llevar por su encanto de escritor, y al rechazar mi plan de basar mi tesis en su pensamiento por verlo muy complicado, volví a toparme con su cuento por el tema de la indiferencia, que académicamente y en lo personal ahora me interesa más. Creo, al fin y al cabo, que las miradas dicen más de lo que la mente piensa, Meursault contemplaba su entorno dentro de sí, se contaba las historias que pasaban a su alrededor y la gente que conocía, pero jamás pudo salir de sí mismo. Sergio también, a su manera, no soy nadie para juzgar su bondad o maldad, pero hay un tipo de ausencia en las personas más indiferentes o apáticas, esa que perturba a nosotros los demás, el estar presente pero tan ausentemente, no sé si me entiendo. ¿O es que ambos cargaban con su propio tipo de felicidad en medio de su silencio?, quizás la gente es la indiferente, quizás no vemos más allá, quizás no nos vemos, o quizás me vi a mí misma en Sergio y en Meursault.

Estudiante- anneliese.350125go@gmail.com



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