Cochabamba, jueves 18 de abril de 2019

Día del cine b

Tres aguafiestas desgranan razones para no celebrar el Día del Cine Boliviano, que se conmemora cada 21 de marzo. Hablan de carencias estructurales, de ambiciones institucionales y de chapuceras maneras de hacer cine. Adicionalmente, estas páginas comparten el programa de las II Jornadas de Cine Boliviano, que tendrán lugar esta semana en La Paz.
| Sergio Zapata | 24 mar 2019



La conmemoración del Día del Cine Boliviano este año es un acontecimiento singular, pues se creará una nueva institución, Adecine, a la sazón de la promulgación de una nueva Ley del Cine el pasado diciembre. Sin embargo, mientras el cine producido en Bolivia se desborda, es decir que se torna inaprehensible, inclasificable y de difícil seguimiento; los y las interesadas en liderar Adecine (Agencia del Desarrollo del Cine y Audiovisual Bolivianos) hablan de fundar un nuevo cine boliviano. Cual espectadores en una sala sin proyección y a oscuras, protagonistas de una película de cine b, parecen no haberse enterado de que el nuevo cine boliviano existe desde hace casi dos décadas y está afuera de esa sala. Se produce por fuera de los grupos de poder y los grupos corporativos que pugnan por ser representados en la futura nueva institución.

Este proceso convulso permitió evidenciar la capacidad de generar coaliciones y redes de interés. Efímeras y accidentadas hermandades para sepultar o promover a una persona y no proyectos y, quizás lo mas interesante, como una trama de cine b, un febril entusiasmo antidemocrático frente a todo tipo de compromiso entre pares. El proceso eleccionario demostró el nulo tacto y conocimiento sobre el manejo del aparato público e invita a la sospecha razonable sobre su accionar. Sin embargo, como el cine b sugiere, la vida siempre continúa, en nuestro caso, el cine continuará.

El cine b, por lo general, dibujaba a sus protagonistas como sujetos desinformados, extraviados y carentes, aferrados a sus instintos de supervivencia, por lo que la trama simplemente era ver cómo el villano de ocasión los diezmaba o, en su defecto, estos disputaban a muerte algún placebo. La película de la nueva institucionalidad parece haber iniciado y ofrecerá una deliciosa trama, la cual, como el más renovado cine b, que convoca millones, mezclará zombies, vampiros y extraterrestres.

En 1953 se creó el Instituto Cinematográfico Boliviano, que construyó un imaginario cinematográfico vigente hasta nuestros días. La ley de 1991 creó el ConSejo Nacional del Cine bajo el paraguas de su tiempo (oscuro) neoliberal en toda la región, e identificó al cine como una mercancía, promovió la industrialización y la coproducción. Ahora, en 2019, el nuevo instituto o agencia, ¿de qué lado de la historia se situará?

Crítico de cine - srgzapata@gmail.com



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