Cochabamba, martes 21 de mayo de 2019

La apariencia se vuelve un problema para la adopción

Un refugio para animales abandonados, en Nicaragua, cambia moldes y enfrenta la repulsión de algunos vecinos. Ya se mudaron dos veces.
REDACCIÓN/EFE Twitter: @DiarioOpinion | | 16 mar 2019


Caifás, Júnior y Chanel están vivos de milagro. Uno se salvó de morir intoxicado, otro prácticamente regresó de la muerte, y ella sobrevivió a las llantas de un bus.

Los tres se conocieron en un refugio particular en Nicaragua, donde encontraron techo, cariño y comida, después de que nadie los quería.

Quizá no sean sus verdaderos nombres, pero ser llamados así es ganancia para ellos, que hasta su rescate eran animales abandonados.

“Andan desprotegidos en las calles, sufren maltrato y discriminación, pero no pueden gritar para pedir auxilio”, dice Elena Gaitán, una voluntaria de la Organización Nicaragüense Ambiental, que da refugio a perros y gatos no deseados.

A Caifás lo recubrieron de pintura tóxica hasta casi matarlo, Júnior fue abandonado por personas que lo creían muerto, y a Chanel le pasó un autobús encima.

Hay historias peores. A Claquita le quebraron las patas delanteras y luego le echaron agua caliente, Nerón recibió tanto maltrato que perdió una pata, y Costillas resume en su nombre el estado en que fue hallado.

Según la fundadora y directora de la Organización, Ilse Díaz, el refugio cuenta actualmente con 25 perros y 35 gatos, todos abandonados. Aunque son rehabilitados para que la gente los adopte, suelen ser rechazados por su apariencia.

“La mayoría de animales (que) acá tenemos: perros sin un ojo, sin una pata, perros con problemas de piel, perros viejos, a la gente no les gustan esos animales, la gente solo quiere cachorros y perros pequeños”.

Mientras más feo es el perro, más tiempo lleva en el refugio de la organización. Algunos, al ver a una persona, reaccionan con temblores incontenibles. Parece que quieren huir, pero a la vez entregarse, desconfían al mismo tiempo que se acercan.

Los perritos aman tanto, que uno de ellos murió tras varios meses de no ver a su amo, quien lo dejó en el refugio porque se fue al exilio al saber que era seguido por la Policía de Nicaragua tras participar en protestas antigubernamentales, según contó un visitante.

Sin embargo, la repulsión que en general causan llevó a la organización a ser echada en al menos dos ocasiones por los vecinos, creyendo que por tener animales, el lugar es desaseado, por ejemplo, lo que no es cierto.

“Todo es por desconocimiento. La cultura nicaragüense es muy fehaciente de que un perro adoptado no es lo común, o hay mucha cultura del maltrato también”, explicó Pamela Saborío, quien suele llevar a consultas a su perro al refugio.

Mientras tanto, perros y gatos se pasean libres en un refugio en donde, a menos que uno esté en peligro, no conocerá jaula, y estará a buen resguardo de la indigencia y la discriminación.



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