Cochabamba, lunes 15 de julio de 2019

Salar de Uyuni, el escenario boliviano que se une con el cielo infinito

Este “mar de sal” es uno de los lugares más reconocidos a nivel mundial. Elogiado por muchos, se ha convertido en un espacio ideal para realizar hazañas fuera de serie.  
TEXTO: NGENESPANOL.COM/ REDBULL.COM/ nicole vargas | | 10 mar 2019



Caminar en medio de la nada. A veces sobre un suelo pálido e interminable, a veces sobre las nubes. El blanco infinito bajo los pies solo se interrumpe cuando arremete contra el azul del cielo, en la lejanía de un horizonte inacabable y continuo. Entre tanta inmensidad, la soledad es absoluta y el silencio, total.

El salar de Uyuni es una de las reservas naturales más admiradas a nivel mundial. Y, para orgullo nuestro, está en Bolivia. La historia geológica de este sitio lo ubica dos veces bajo el agua salobre: una hace 40 mil años, cubierto por el lago Minchín de unos 36 mil kilómetros cuadrados, y la otra hace 12 mil años, cuando el derretimiento glaciar formó las aguas del lago Tauka.

Tras miles de años, ambos cuerpos de agua se evaporaron debido a la falta de afluentes y al calor por la actividad volcánica, dejando el Salar de Uyuni, así como el de Coipasa y los lagos Poopó y Uru Uru, como registro de su existencia.

De esta forma, la desecación ayudó a que las capas de sal bajo los antiguos lagos se solidificaran hasta conformar las extensiones blancas en el altiplano boliviano.

Los únicos testigos de este pasado prehistórico son 32 islas que se emplazan a lo largo del territorio salino. Entre ellas, la más visitada se ubica en la zona central, llamada Incahuasi, donde especies endémicas de la región, como vizcachas y más de 16 mil cactus gigantes, habitan las 24 hectáreas de este islote perdido entre la sal.

Desde la cima de la isla, la llanura parece un mar sólido, infinito y liso, diferente de cuando se observa de cerca, ya que algunas partes del salar muestran un patrón peculiar bajo su corteza. El fondo se compone de 11 costras de sal, de 2 a 10 metros de espesor cada una, entre las cuales hay espacios donde se acumula el agua de lluvia, que posteriormente se convierte en salmuera. Así, el calor del sol ocasiona evaporación, que intenta salir hacia la superficie al romper la sal y crear fracturas que se presentan como una serie de hexágonos en el suelo. Esto ocurre por medio de un proceso llamado diaclasa, el cual permite que el vapor escape con mayor facilidad.

Existen unos 100 millones de toneladas de litio bajo los más de 12 mil kilómetros cuadrados de superficie del salar; esto lo convierte en la reserva más grande del mundo, con más del 50 por ciento del total mundial.

Al atardecer, la planicie desértica pareciera estar nevada. Los destellos entre los granos de sal poco a poco se apagan mientras se oculta el sol. Con la oscuridad circundante, el cielo y el horizonte se entrelazan hasta que comienzan a surgir las primeras estrellas.

Al fondo, se contempla el imponente volcán Tunupa junto a las lagunas Colorada, Verde, Amarilla y Celeste, mismas que albergan elegantes flamencos que complementan el paisaje.

Sin duda, este espacio parece extraído de otro planeta y el resto del mundo no quedó indiferente ante la majestuosidad que ofrece. Muchos artistas decidieron convertir al salar en su escenario favorito. Los últimos años, este espacio fue aprovechado por cineastas, músicos y deportistas, entre otros.

MELODÍA UNIVERSAL

Hace dos semanas, los ojos del mundo virtual se volcaron a Uyuni debido a que el francés FKJ (French Kiwi Juice), multiinstrumentista y productor de música electrónica, eligió el salar como pista para transmitir un concierto en vivo por Facebook.

Sin público a su alrededor y con la vista impresionante de la llanura blanquecina llena de agua en el atardecer, FKJ comenzó a tocar pasadas las 17:30.

Tras unos minutos de iniciar la sesión, más de siete mil usuarios de todo el mundo se conectaron para escuchar su música.

Pocos días antes del suceso, el artista anunció el show en sus redes sociales y manifestó que se sentía emocionado.

El evento fue organizado por Cercle, una empresa que suele realizar conciertos en destinos insólitos e increíbles del planeta como el Palacio de Fontainebleau, la isla de Tahití, el teatro romano de Orange y el observatorio de la torre Montparnasse.

Esta vez el blanco manto del salar fue elegido como una más de las locaciones. "FKJ está acostumbrado a girar alrededor del mundo con su natural y sofisticada elegancia mostrando su música en los mejores espacios, pero tocar en el salar de Uyuni será un momento único en su vida como artista", señaló una publicación oficial antes del evento.

Durante el show de casi una hora y media, el mundo disfrutó de la fusión perfecta: buena música y un paisaje de ensueño.

Si bien este es el espectáculo más reciente realizado en Uyuni, el salar ya fue escenario de otros tantos acontecimientos importantes.

PISTA PERFECTA

Hace 20 años, Jaakko Ojanen, oriundo de Finlandia, llegó como un turista cualquiera a Uyuni. Conoció los hoteles de sal, se hospedó en uno e interactuó con los trabajadores que lo habían construido. Fue un viaje inolvidable.

La experiencia fue tal que, años más tarde, empezó a trabajar en proyectos de patinaje que fueran diferentes y lo primero que se le vino a la cabeza fue hacerlo en el salar de Uyuni.

Al principio, las dudas invadían su mente, pero, después de hacer un estudio, evidenció que su idea podría ser factible.

El proyecto era arriesgado y necesitaba personas capacitadas que trabajaran con él, así que le pidió ayuda a su amigo Tino Arena, un skater (patinador) profesional y constructor de parques de patinaje. Le contó el sueño que tenía y fue una oferta tan atractiva e interesante que no pudo rechazar.

Lo que siguió fue un largo viaje de 42 horas con cuatro escalas diferentes, que los condujo hasta Uyuni, en octubre del año pasado. Lo único que tenían era sus monopatines, un equipo de cámaras, las herramientas de Tino y algunos euros en efectivo. Su travesía a lo desconocido había iniciado.

Al llegar a uno de los hoteles que hay en la localidad de Uyuni, comenzaron a buscar a los constructores de ladrillos de sal para explicarles lo que querían hacer. Aunque al principio les costó ganarse su confianza, al final se hicieron buenos amigos.

La idea principal era lograr una pista totalmente blanca, pero se toparon con que, si escarbas un poco, la sal se vuelve más oscura, así que solo tallaron pocos centímetros. Además, tuvieron que lidiar con otros problemas —vientos fuertes y frío extremo por las noches— derivados de construir un parque de patinaje a 3.500 metros sobre el nivel del mar.

Después de un arduo trabajo en busca de cumplir el anhelo de Jaakko, el proyecto denominado “Patinaje en el desierto blanco de Bolivia” se convirtió en realidad con una pista totalmente novedosa y única. Además, sirvió para promocionar este atractivo ante el mundo.

“Esperamos que esta historia anime a la gente a salir de su zona de confort y enfrentarse a situaciones desconocidas. No estaba seguro de que pudiésemos realizar esta aventura, pero tenía confianza en mí y en mi equipo. Esto es lo que necesitas: ¡compromiso, trabajo, creatividad y resistencia!”, dice Ojanen en la página oficial de RedBull.

Pero el salar de Uyuni no solo fue elegido por músicos y deportistas; directores y productores de cine encontraron en este magnífico lugar el escenario perfecto.

LUZ, CÁMARA Y SAL

De todos los lugares turísticos que ofrece Bolivia, el salar es uno de los más asombrosos. Su amplia extensión rústica cautiva a propios y extraños.

De la mente de George Lucas, creador de personajes icónicos como Darth Vader, nacieron parajes fantásticos e inusuales, capaces de existir solo en la imaginación. Sin embargo, muchos de ellos, aunque parezcan provenientes de una galaxia distante, fueron recreados en paisajes y locaciones propias del planeta Tierra.

Para la película “Star Wars VIII: Los últimos Jedi”, lugares como Dubrovnik, Croacia, y Skellig Michael, en Irlanda, se convirtieron en Canto Bight y Ahch-To, respectivamente, dos planetas por los cuales los protagonistas se desenvolvieron a medida que transcurría la historia. Pero Latinoamérica no se quedó atrás, ya que el tercer cuerpo celeste del universo creado por Lucas se ubicó en Bolivia. El salar de Uyuni se convirtió en Crait, uno de los mundos que jugó un rol clave en la cinta.

De acuerdo con varias fuentes, Rian Johnson, director del filme, quiso representar este planeta en una ubicación real, así como recrearon a Scarif, un mundo que cobró vida en las paradisiacas Maldivas en “Rogue One: Una historia de Star Wars”.

Después de que una serie de fotos sobre las grabaciones de esta película se filtraran, se especuló que estaban rondando en el Salar de Bonneville, en Utah, Estados Unidos. Pero, luego la producción dio a conocer que utilizaron ambos sitios.

Después de que pasara todo el estruendo público nacional al hacerse conocido que Bolivia había sido escogida para tan legendaria película, varias de las personas que evidenciaron, de alguna forma, las grabaciones, comenzaron a revelar algunos detalles. Según contaron los administradores de los distintos hoteles de sal que funcionan en el salar de Uyuni, cerca de 20 personas del equipo de Johnson permanecieron en el lugar durante casi tres semanas.

La producción mantuvo mucho secretismo durante su estadía, al punto de que cada uno llevaba la llave de su habitación. Lo mismo pasó con las naves y diseños a escala que crearon en el lugar. Una vez que finalizó su uso, todas terminaron en la basura. Pero, como recuerdo, dejaron algunas estatuillas de la saga hechas de sal.

Si bien esta es una de las películas más recientes en ser filmadas en territorio salino, este ya fue escenario de otras cintas más. Los forajidos Butch Cassidy y Sundance Kid ya recorrieron el salar en “Blackthorn”, protagonizada por el fallecido Sam Shepard.

La película mexicana "Antes que se tire la sal" es un trabajo que destaca los misterios del salar boliviano y fue rodada ahí mismo.

Además, inspiró videoclips, spots y documentales. Sin duda, el salar de Uyuni es un lugar totalmente fuera de serie, el escenario perfecto para tocar el cielo y caminar por las nubes. l



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