Cochabamba, martes 16 de julio de 2019

Nicole Kidman en un inteligente tejido narrativo

Un policial que antes de inclinarse por la acción y el tiro fácil, apuesta por un drama de calidad. Esa es la nueva propuesta de la directora Karyn Kusama. Destroyer se proyecta en los cines cochabambinos. 
| Santiago Jurado Cine en la Sombra | 10 mar 2019



Estamos ante una cinta de una inteligencia narrativa que activa las alarmas, porque se frena allí donde otros aceleran. Las secuencias lentas estimulan la sensación de tristeza, e invitan al espectador a empatizar con las misma sensación de abandono que sufre Erin Bell (Nicole Kidman), en una película que no cuenta nada pero que atrapa la mirada del escéptico. El cebo no se encuentran en el corazón de la trama, sino en la expectativa del que hay detrás de cada secuencia, por séquito la fotografía de atardeceres: foto de postal de Beach California.

La película escuece a los ojos. Es la evolución natural de Blue Ruin pero con Kidman entrada en cólera.

Hablar de Destroyer es, necesariamente, hablar de Nicole Kidman, por consiguiente, la película en conjunto queda en segundo plano. Y esto, debería ser un problema para cualquier guionista o director que pretende contar una historia e incluso hacerlo bien. No es el caso.

Kidman es Erin Bell, una inspectora de policía con el pasado más oscuro de toda la filmografía de películas policíacas; se hace evidente al ver su presencia en pantalla caminando hacia el cuerpo sin vida del primer asesinado. Kidman cojea levemente cuando camina, mostrando un claro desequilibrio corporal, su rostro aparenta veinte años más, raquítica, chupada en el corte pomular, arrugada, ojos hundidos, ojeras… Es evidente su adicción a la droga dura y al apego a un pasado aterrador.

La trama se mueve en torno a dos ejes capitales: el robo a un banco —en el cual Erin Bell está infiltrada— y las consecuencias derivadas que afectan en la relación con su hija adolescente, a la que intenta alejar de la mala vida. Esa es la estructura formal, sin embargo, su directora (Karyn Kusama) fuerza al espectador a profundizar en la siniestra vida de Erin; una especie de yonkie salvadora (de sí misma). Es verdad que en Destroyer vemos a Kidman tirotear a unos cuantos criminales, pero cuidado porque no es una película de acción, es un drama que intenta casarse con un thriller, pero la boda nunca llega a celebrarse.

Es verdad que hay inteligencia narrativa que hace avanzar la intriga, pero al mismo tiempo se destruye a sí misma. Su lentitud provoca cierta frustración, el clímax no es suficiente aunque el final es coherente y sentimentalmente a la altura del contenido. Es una película ambivalente, también valiente y honesta que pone sobre pedestal a dos mujeres apasionadas.

Periodista





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