Cochabamba, martes 21 de mayo de 2019

Jamás llegarán a viejos

Una crítica del documental sobre la Primera Guerra Mundial, dirigido por Peter Jackson, más conocido por la trilogía de El señor de los anillos. Se trata de un filme atípico en la carrera del cineasta neozelandés, que se exhibe en los cines Norte, Center y Prime de Cochabamba.
| Ricardo Bedoya Páginas del Diario de Satán | 03 mar 2019


Ha entrado en cartelera, casi en forma clandestina, No llegarán a viejos (They Shall Not Grow Old), una película de Peter Jackson.

Es un ambicioso trabajo de recopilación de películas filmadas en el frente occidental durante la Primera Guerra Mundial. Jackson organiza el material siguiendo un orden cronológico. Desde el estallido de la Gran Guerra hasta su culminación. Le importan sobre todo los combatientes. Su intervención en el material documental privilegia la fuerza de los rostros, las miradas de los soldados a las cámaras de manivela, sus momentos de tensión y de relajamiento, la posición de sus cuerpos en los espacios estrechos y malolientes de las trincheras.

Lo más fascinante de esta película es apreciar el poder testimonial del cine y la capacidad de las primeras máquinas para registrar la profundidad del campo visual y crear escenografías naturales de un verismo excepcional. Pero también para captar los gestos colectivos y las escenas de grupo, encontrando en ellas el gesto singular o el ademán que quiebra la pose ante un aparato que muchos soldados no sabían distinguían de una cámara fotográfica.

Sin duda, las imágenes son formidables, pero es lícito preguntarse si Jackson debió colorizar parte del material, alterar su cadencia o velocidad de proyección e incluir una banda sonora que incluye expresiones verbales, ruidos, murmullos, detonaciones, entre otros componentes de un paisaje sonoro construido para el efecto. Es decir, preguntarse si Jackson debió hacer lo que ha hecho.

Sin duda, puede argumentarse que esa puesta al día tecnológica -impresionante en su calidad y acabado- le da otra dimensión al trabajo de recuperación y lo dirige a un público mayor, acaso no muy dispuesto a ver un largometraje documental silente y en el blanco y negro, carente de grises, propio de la época.

Es una opción, qué duda cabe. Pero discutible. “Jamás llegarán a viejos” es una película que, a partir de una restauración de origen, transforma buena parte del material original. Lo altera, lo interviene, lo modifica, lo torna espectacular.

Sin ser purista ni intransigente (algunos dirán que Jackson traiciona el material fílmico de origen), debo decir que hubiera preferido ver esas maravillosas y dramáticas imágenes de la Gran Guerra restauradas con la mayor fidelidad y calidad posibles.



Crítico de cine



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