Cochabamba, miércoles 20 de marzo de 2019

Memorias del subsuelo

Reseña sobre una de las novelas de Fiodor Dostoyevski, uno de los máximos exponentes de la literatura rusa y del siglo XIX.
| Mauricio Rodríguez Medrano | 24 feb 2019


Creo que el escritor alemán Thomas Mann dijo que leer a Fiódor Dostoyevski se compara con ver por primera vez el mar (o un mar tranquilo después de una tempestad); es una fuerza de la naturaleza.

Tal vez sus novelas más conocidas son Crimen y castigo y Los hermanos Karamázov (esta fue su última novela y debía conformar una trilogía que jamás se llegó a completar; Einstein dijo acerca de ésta: “Aprendí más de Dostoievski que de cualquier otro pensador científico”.

Dostoyevski fue el punto de partida para Virginia Woolf (dijo que sus novelas eran una vorágine que hacían hervir la sangre, “tormentas de arena que giran, una tromba que sopla hierve y te traga. Están compuestas totalmente por el material del que está hecha el alma”) y Faulkner. Para Joyce (dijo en una entrevista: “…es el hombre que más ha hecho por la creación de la prosa moderna”) y Hemingway. Kafka sentía una gran conexión con Dostoievski y le leía fragmentos a su amigo Max Brod.

Llegué a leer a Dostoievski por mi abuelo (¿o tal vez mi madre?) cuando tenía once años. En casa había un libro forrado de verde de la editorial Porrúa: Los hermanos Karamazov. La primera lectura fue trunca y enrevesada, me perdí en el largo prólogo de Rosa María Phillips.

Años después regresé al mismo libro y fue un descubrimiento: odié a Fiódor Pávlovich Karamázov y a su hijo Dmitri. Las decisiones que tomaban. Empaticé con Iván y su ateísmo y había noches que sufría con Alekséi.

Debo reconocer que leer Dostoievski es como si uno sintiera un soplo en el alma y luego llorara al ver el mar (ese mar que no tenemos y que debemos imaginarnos en nuestra tierra rodeada de montañas).

Luego leí Crimen y castigo. Y puedo decir que ni siquiera el mejor David Fincher (el de Los siete pecados capitales o el del Club de la pelea) o Hitchcock se acercan a la construcción de esta novela Thriller.

Hace unos pocos días terminé de leer Memorias del subsuelo (que al igual que la Metamorfosis, de Kafka tiene uno de los mejores inicios de la literatura: “Soy un enfermo. Soy un malvado. Soy un hombre desagradable”.). Es una novela corta y de su primera etapa. Aquí el lector encontrará a un antihéroe (muy parecido al profesor Humbert Humbert de la novela Lolita), que quiere justificar sus acciones: la humillación, la vergüenza, la iracundia.

Toda la novela está construida en base a esta frase que dice el narrador: “Soy un hombre instruido. Podría, pues, no ser supersticioso. Pero lo soy”. Es un personaje lleno de contradicciones, como lo es el ser humano (Dostoievski crea un personaje moderno: no es infalible, no es casi inmortal como lo era Ulises).

“Fue escrita en un momento en el que el autor padecía grandes trastornos emocionales producto del fallecimiento de su esposa María Dmítrievna Isáyeva (15 de abril de 1864), y de la posterior muerte de su hermano Mijaíl, muy querido para él. A estos problemas personales, se agregaban además la clausura de sus revistas por parte de las autoridades y su adicción al juego, que le acarrearían graves problemas financieros”.

Dostoievski lo es todo (como lo son Shakespeare y Cervantes).





Periodista y escritor - zion186@hotmail.com



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