Cochabamba, viernes 22 de febrero de 2019

Volver a los fluidos es también político

Otro intercambio de ideas con la artista plástica Alejandra Alarcón
| Ida Peñaranda Veizaga | 10 feb 2019

Alejandra Alarcón/Archivo

“Todas estas que son más chiquititas, son las que hice cuándo Ari había nacido y pues cuando tienes un bebe no tienes casi energía porque das leche todo el día, no duermes…” Nos reímos y observo con otros ojos los cuadros pequeños, que sí, en definitiva tienen trazos diferentes. Estamos en la sala donde se exponen las obras de Los Libros de La Leche. La sensación en mi piel no la puedo explicar, no soy madre y no sé si quiera serlo, pienso en las mujeres de mi entorno, en todo aquello de lo que no hablamos porque a la sociedad le incomoda. El lugar tan alejado que le hemos dado al trabajo de cuidado que implica la vida misma (nuestra vida) de ese trabajo tan importante e invisibilizado y de la complejidad de ser mujer (sea o no madre), pero me da la certeza de la necesidad de hablar de ello desde distintos lugares. Qué privilegio tener una exposición como esta. Así, con miles de sensaciones comienzo el diálogo con Alejandra que nos invita a descender a la galería del CSIP, que hoy se convierte en una metáfora del inframundo, ese lugar perfecto para sentir y dialogar con confianza.

¿Cuál ha sido la obra que más te ha costado crear?

Todas estas las hice en formato chiquitito, si te fijas el dibujo es muy inmediato, en las otras está muy trabajado porque me podía quedar días dibujando, días pintando. Estás son pequeñas, inmediatas, muy cómo me sentía corporalmente. También pasa algo al principio de la maternidad, no piensas tanto, estás más como en el cuerpo y estás son más del cuerpo.

¿Cuál es tu obra favorita?

“El corazón de Perséfone” concentra como varias cosas que estaba trabajando. Me gusta que está como crucificada, sin estar clavada está volando, es como la misma posición de Cristo sin que alguien la haya puesto en esa posición. El corazón está en el útero, no en el pecho y es un corazón que sangra, es un corazón que está vivo, parece óvulos que están fecundados y sangra también como sangra Cristo pero en ciclo con la naturaleza, no en dolor, ni en sufrimiento impuesto por otros

¿Cómo incluiste a Perséfone?

Cuando empecé a trabajar el Libro de La Sangre casi de manera natural, llegué a la granada, como símbolo de la fecundidad, de la sangre, de la perdida de la virginidad. Fue así que me puse a investigar más y llegué a Perséfone. Así es como propongo una nueva relectura del mito. Perséfone no es víctima de Hades, lo masculino; sino más bien, un personaje o entidad activa. Lo seduce, es un acto decidido de la naturaleza en busca de continuidad, en la que la unificación y desborde no respetan las determinaciones culturales.

Perséfone seduce al Hades con la granada que es a su vez su útero corazón, cuando la granada se desgrana o es probada, ella se convierte en él, o él es integrado en un nuevo ser, a través del cual se efectúa la conexión con el inframundo o lo telúrico. Ella es el canal y el portal en donde confluyen las fuerzas de la naturaleza, tanto en la generación de vida como de destrucción.

Lo que quería era unir la relación que existe en la mujer con la muerte vida y la sexualidad. Cómo, a través de la sangre, las mujeres estamos poderosamente ligadas a la vida y a la muerte. Es algo corporal que nos une poderosamente a otros planos. Desde el hecho de sentir la vida dentro nuestro (como cuando estas embarazada), o sangrar cada mes, o perder un bebé, o decidir no tener uno. En todas esas situaciones una parte de ti vive y otra muere.

En mi versión de Perséfone, la diosa del inframundo y la muerte es ella. Ella, al probar la granada, o la sexualidad integra a Hades, integra a la muerte, integra a lo poderoso de la naturaleza, que desde una lectura judeocristiana seria abajo, el infierno, pero desde mi propuesta seria una conexión con las fuerzas telúricas de la tierra, de la naturaleza, de lo indomable, y amoral. En la medida que las mujeres recuperen sus cuerpos, su sangre, su leche, y la decisión sobre ellos, recuperaran también un espacio político que culturalmente ha sido dominado por la cultura (patriarcal).

¿Por qué nuestros fluidos no nos pertenecen?

La cultura patriarcal (y me refiero a ella como un sistema de hombres y mujeres,) a lo largo de los años ha colonizado, domesticado el cuerpo. El control sobre el cuerpo de los otros es un control político, el control del cuerpo femenino también, desde las cesáreas (innecesarias en una gran cantidad de casos), o la prohibición del aborto, la inducción a la leche de fórmula, los métodos anticonceptivos solo enfocados en su mayoría en los cuerpos femeninos y hasta detalles de lo que parecería más insignificante como toda la publicidad sobre productos relacionados a la menstruación que lo único que sugieren es que sea invisible, tenga alas, y no exista. Por eso volver a los fluidos es también político. Todos estos temas son tabúes. Nadie quiere hablar directamente de ellos, y al contrario, se idealiza de manera perversa la maternidad haciendo parecer que es la máxima de las experiencias en una mujer, y si lo es definitivamente, en la medida que sea sostenida por todo un tejido emocional, social, cultural y la mujer no se diluya en un sacrificio de renuncia a sus otros yos.

El 14 de febrero Alejandra nos invita a discutir sobre estos y otros temas en el Conversatorio “Propuesta Indecorosa” a las 19:00 horas, en el Centro de Exposiciones del Centro Simón I Patiño. Abrirá el conversatorio hablándonos sobre la técnica y su relación con el discurso conceptual, sobre los fluidos como identidad y empoderamiento político. La mejor manera de encontrarnos y resistir a un San Valentín lleno de estereotipos sobre nuestro rol “romántico” en esta sociedad, con el que se justifican violencias.

Comunicadora-idaguita@gmail.com



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