Cochabamba, lunes 22 de abril de 2019

Ni un monumento menos

Una de las joyas arquitectónicas y pictóricas que tiene Bolivia está en riesgo, producto de las fuertes lluvias. Más que un llamado de auxilio, este es un texto que llama a la conciencia y la acción.
| Tatiana Suarez Patiño | 10 feb 2019

Tatiana Suarez

Esta es la segunda nota que escribo un enero gris, y la escribo igual de triste y llorosa como en aquel 22 de enero de 2017, cuando denuncié que por falta de un Plan de Preservación del Casco Histórico Paceño se vino abajo la fachada de la casa patrimonial que está(ba) al lado del Palacio de Gobierno, en plena plaza Murillo, esquina Bolívar. Por cierto, sigue igual o peor desde que cayó: cubrieron el cadáver del monumento con un plástico y están dejando que se pudra ahí, bajo el sol y la lluvia de los andes, a vista y paciencia de los paceños que, acostumbrados a este tipo de tragedias, ya ni se asustan cuando ven un muerto.

Enero nunca es poco, aunque febrero sea loco. Enero llora torrencialmente, y las lluvias nos recuerdan que nunca estamos listos para nada y amenazan con tirar abajo otro monumento, y como si parcas fueran tanto la rabia del cielo como el descuido patrimonial se quieren llevar a la flor del altiplano, la hija más hermosa que tuvo el barroco cuando se casó con el mestizo: Curahuara de Carangas, la fantasía de los dioses, la Capilla Sixtina de los Andes, así la llaman.

La iglesia de Curahuara de Carangas fue declarada como monumento nacional el 17 de noviembre de 1960, es uno de los 14 monumentos históricos más importantes de la Época Virreinal. Podría enumerar una a una todas las cosas valiosas que tiene y las razones por las que está dentro de la lista, pero ningún periódico me publicaría páginas de páginas de elementos arquitectónicos, artísticos, históricos, religiosos y espirituales. No es poco lo que se puede perder.

Nelson Contreras, el alcalde de Curahuara, junto con los mallkus y pobladores mostraron su preocupación por el descuido de la capilla en varias ocasiones. Aquellas misivas envidadas al Ministerio de Cultura y a la Gobernación, en abril de 2018, exigían un proyecto de restauración, pero no tuvieron más respuesta que el arribo al lugar de dos ingenieros que no traían palabras de aliento ni soluciones a tiempo.

Desde el momento de su construcción, en 1587, hasta su conclusión en 1608, estos materiales están resistiendo el inevitable desgaste de la materia, 432 años han estado soportando, y es natural que sin los cuidados suficientes uno de sus contrafuertes se haya venido abajo, desestabilizando el equilibrio de la construcción; se lee menos dramático de lo que se ve en la foto publicada en la prensa este jueves 31 de enero de 2019.

Hasta marzo se siente muy fuerte el peso de las lluvias, aún faltan dos meses y Ania Hurtado, secretaria y guía turística del templo, en la entrevista que tuvo con La Razón, afirmó que los otros siete contrafuertes laterales corren la misma suerte, es decir que, si no se realiza un trabajo a la brevedad posible, es posible que veamos como día a día un pedazo de nuestra historia se deshace en el olvido por temas administrativos. Si en teoría las leyes eran para ordenar, ofrecer justicia y designar el orden de competencias, derechos y obligaciones de todos los que viven en sociedad, déjenme decirles que aquí fallaron, aquí las leyes y su ausencia complican todo.

Mientras se vacía el cielo una vez más, con las gotas caerán las excusas leguleyas: “es que se trata de un bien privado”, “es que, sin el permiso del Ministerio, de la Gobernación, del mallku, de los de las directiva…etc., no se puede hacer nada”, “no es prioritario”, “no hay presupuesto”… gotas que se hacen granizo a estas alturas.

Pero yo aquí no quiero ser pájaro de mal agüero, de negro voy, pero chiguanco no soy. Yo solo quiero desahogarme y proponer soluciones, nada más.

Ahora que va a comenzar el año escolar, tanto el municipio de La Paz, El Alto y Oruro (y todos los que se quieran unir), podrían prestar sus servicios de buses para llevar a los estudiantes de los colegios, esto para que puedan conocer su patrimonio y que los 20 bolivianos de cada entrada se vayan a un fondo destinado a la reconstrucción del contrafuerte, que ese dinero sirva para estabilizar en algo la estructura hasta que se desarrolle un Proyecto Integral de Restauración

Con esta actividad no solo se le muestra a la juventud su herencia cultural en caso de que un siniestro pasara, sino que se establece una relación de corresponsabilidad entre los municipios y la sociedad civil, en la que ambos se hacen cargo de su historia y de la memoria del país, sin depender necesariamente del Estado para solucionar estos temas.

Esto es cuestión de organizarse y de asumir responsabilidades, es necesario también instaurar en los colegios y en sociedad la educación patrimonial, porque esta evitará que la gente piense que es responsabilidad solamente de la iglesia hacerse cargo de este recinto, cuando esta construcción no es solo una extensión de la institución religiosa, sino que es un espacio que resguarda identidad y desarrollo cultural, no es solo un edificio religioso, es un hito cultural de ingeniería, arquitectura, arte, ciencia, creatividad e innovación que refleja un momento constitutivo de este presente.

Como las emergencias son eso, sorpresas inesperadas, se entiende que no estén presupuestadas ni planificadas, pero existen otras formas de conseguir dinero inmediato, y es generando un Plan de Responsabilidad Social, y que las empresas privadas también cooperen con la conservación de la historia. Lo primero es poder instaurar un Programa de Mecenazgo, y que una empresa pueda hacerse cargo del trabajo de cubiertas, otra de la pintura mural, otra de la estructura y así asegurar la existencia de este bien cultural por mucho más tiempo. Esto sería un sueño, pues así dejaríamos de esperar por las donaciones de otros países para conservar nuestra historia.

La intención de esta nota no es señalar quién tienen la culpa o no de esta dejadez, sino la de hacer sonar una alarma, una advertencia de peligro, exijo que nuestras autoridades se saquen el color político por una vez y se pinten de bolivianos. Aquí no se trata de tirarse al muerto, se trata de evitar que la Iglesia de Curahuara de Carangas muera.

Se preserva lo que se ama, o se debería. La iglesia de Curahuara de Carangas es es un miembro de nuestra familia, es un ancestro que necesita de nuestro cuidado y amor para seguir narrando historias. Gracias a su fortaleza, la cultura de nuestro país podrá seguir vigente otros cuatro siglos más, pero para ello necesita de nosotros. El 2011 fue su última restauración, pero las restauraciones no son eternas, y sin un Plan de Conservación Preventiva no se puede garantizar su estabilidad por mucho tiempo… estos planes no deberían ser opcionales, sino reglamentarios.

Y si aun así los argumentos y las soluciones presentadas no son suficientes para realizar la intervención a tiempo para salvaguardar este monumento, solo queda recordarles a todos que el patrón de la iglesia es el Tata Santiago, Santiago de Carangas, y no sé qué tan contento pueda estar el santo más poderoso cuando note que su iglesia más bella ha caído. Luego cómo se las arreglarán con él, yo no sé.

Lo digo siempre que escribo, esta no es una batalla entre nosotros, es contra el tiempo. Las únicas balas que tengo son mis textos y mi mano de obra calificada. Ofrezco ambos. ¿Tú qué aportarás para esta batalla?

Restauradora y conservadora - restauraciones.supay@gmail.com



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