Cochabamba, lunes 22 de abril de 2019

I Wish You Were Here

Ofrecemos como adelanto uno de los textos que forman parte de la colección El oro de las estrellas extinguidas (textos huérfanos) del escritor cochabambino Claudio Ferrufino-Coqueugniot, que será publicado en febrero próximo por la editorial 3600.
| Claudio Ferrufino-Coqueugniot | 03 feb 2019

A veces una hermosa canción es un castigo. Porque me lleva al Año Nuevo de 1997. Estaba Pink Floyd y no tú. Vivías en tu casa que no era mía, pero en pensamiento y en cuerpo me pertenecías, esa noche y 22 años de noches sumadas lo serías, hasta hoy, hasta mañana en que un papel será roto, cómo si importaran papeles, leyes.
I wish you were here. But not, you are not, not here not there, anywhere, nowhere, where I could find you. Me escriben hermosas ucranianas, toda pierna, pechos, hasta hijos me dan, me asoman pezones algo oscuros en senos blanquísimos, Calzones rojos y violetas, y cuellos como de diosa griega. Todo ofrecen, algo dan, pero ni rastro de ti, eso ya ni lo entregan el Dante ni Dios.
Vaga Petrus Borel en el desierto. Tengo hambre, dice, tengo hambre y soy caníbal. Así me revuelco, en el Malí ficticio que leo desde una terraza de Odessa, frente al mar negro, el mundo de Anastasias, Ekaterinas, Victorias, Natalias, Olgas, la noche de Odessa donde Luna me besa dulcemente y le acaricio el nacimiento de las nalgas como si fuera el mundo. Ríe, no nos entendemos. Da y Nyet, Sí y No, las palabras básicas del paraíso: redención o pecado cuando en el pecado sobrevivimos los irredentos.
I wish you were here and you are not. Perhaps behind the door, watching the trembling steps of my desire, the hand that does not believe what it touches. No, ofrecen y dan, pero hay un hueco, un agujero negro que traga mi alma, en cuyo fondo habitas, en el imposible, la antimateria, la luz de las estrellas apagadas que brilla. 
¿Por qué y para qué me he sentado esta tarde en una casa que no tengo, ni cama, apenas un cepillo de dientes y un peine, y una canción de los Beatles que ordena: come together y together ya no, ya nunca más, ya ni pronto ni tarde, nunca, jamás, atravesados por los piratas de Peter Pan, en el mundo onírico, lo que queda de pieles que se frotaban y ardían, del sexo maravilloso de cabellos negros que me encegueció.
I wish you were here, porque mañana yo me voy, me atrapan en el juzgado y me hacen firmar documentos que rubrico con tinta fantasma, porque con mi sangre no lo hago. La mía se queda en las paredes, como la del Pascin muriente que gritaba “te amo Lucy”, porque el amor habita en la muerte, es oscuro como el luto de tu entrepierna fantástica, del néctar de las hespérides, de membrillos y naranjas, higos y damascos, granadas que cuelgan cuarteadas en los mercados callejeros de Kiev.
Victoria baila en video para mí, y mueve los pechos con dulzura de hetaira. Los beso, chupo, acaricio en el aire porque esa mujer se desvanece, pierde detrás de la sombra de un hijo fallecido en sábado a las tres de la mañana. Y Aliona y Marina y Yulia. Y Oksana la del vientre perlado que suda, que se escurre hasta los vellos de la perdición. Traición, deslealtad, infidelidad. Uno busca en todo lado la presencia de los seres idos, desaparecidos, Missing in action porque esto resultó una guerra con solo augurios de felicidad.
I wish you were here. Y solo está Katya con piernas largas de veinticuatro años, como si de tomar refresco se tratara. Que me pide dos hijos, hembra y varón. A pesar del verbo, de los descubrimientos y el antifaz quitado, te digo, pues, que quisiera que estuvieses aquí porque desde mañana lunes tampoco estoy yo. Bebo cerveza y la alterno con tragos de ron Zacapa. Un grupo brasilero canta en la noche rusa. Eisenstein camina desnudo por las escalinatas del Potiomkin; le sangra el culo: ha conocido el amor. 
Deseo que estuvieras aquí, cuánto lo deseo, para contarte mis aventuras ficticias, los amores perniciosos y mochos, lo poco que agarré en mis vueltas por el mundo: la sonrisa de Ekaterina 1, los votos matrimoniales de Ekaterina 2. Pero ese mundo trajinado se acerca, llega ya a las fronteras de mi inexistente hogar. Y habrá que hacerle espacio porque en el mausoleo que supuestamente tengo hay lugar para dos.
I wish you were here, and you will never be again.
Escritor



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