Cochabamba, sábado 20 de abril de 2019

¡Absalón, Absalón!

Sobre una de las novelas cumbres del escritor estadounidense William Faulkner.
| Mauricio Rodríguez Medrano | 27 ene 2019


Faulkner (William para quienes no lo conocen) tenía deudas y estuvo recluido una temporada en un centro de rehabilitación de alcoholismo. Era 1935. La única novela que se vendía bien (y la que más odiaba) era Santuario. La necesidad (o la desesperación) lo llevó a escribir ¡Absalón, Absalón! (considerada obra maestra junto a El ruido y la furia, Mientras agonizo y Luz de agosto).

La versión que reseñaré de ¡Absalón, Absalón! será de la editorial Cátedra (la más recomendable por la edición y la guía). El prólogo lo hace Eugenia Díaz, que además traduce la obra, respetando la versión original en inglés publicada por Penguin Random House de 1936.

Eugenia Díaz respeta las no-reglas de puntuación de Faulkner (que se sentía avergonzado de no tener una educación formal al respecto). Gabriel García Márquez decía que si se comparaba la escritura con la carpintería (símil rudimentario) a Faulkner le sobraban tornillos y clavos y patas a la hora de construir una mesa. Aun así, era (es) una escritura que nos sumerge a un mar helado y oscuro (¿lleno de cadáveres?) y nos enfrenta a nosotros mismos (¿como un espejo?, ¿como una espada?).

Sugerencia: leer las obras de Faulkner en voz alta.

Para quienes no estén habituados a la escritura de Faulkner: empiecen por Santuario. Luego lean Luz de agosto. Digan en voz baja (como un mantra) Yoknapatawpha. Y luego lean Mientras agonizo. Sartoris, El ruido y la furia y ¡Absalón, Absalón! pueden dejarlo para el final, luego de leer sus cuentos.

Sugerencia: tener en cuenta que Faulkner utiliza diferentes narradores (pueden estar diferenciados por cada capítulo o con cursivas o paréntesis o guiones).

¡Absalón, Absalón! es la historia de una maldición (estoy seguro que Gabriel García Márquez la usó casi como Biblia para la trama de «Cien años de soledad»). Es la historia de cómo Thomas Stupen funda una plantación (el Ciento de Stupen) en Yoknapatawpha y su intento de establecer una dinastía.

Es la historia de Thomas Stupen desde su génesis hasta su destrucción. Está contada a través de cuatro narradores que se alternan entre capítulos o hacen acotaciones mientras uno de ellos cuenta (Quentin Compson es uno de los narradores, además es uno de los personajes principales de la novela El ruido y la furia).

Para resumir al estilo hollywoodense (digamos de Universal): Thomas Stupen tiene dos hijos de una misma mujer. Tiene un hijo de una mujer de raíces española y negra y por esa razón decide negarlo. Tiene un hijo (con deficiencias mentales) con una negra (craso error en el Sur de Estados Unidos a inicios del siglo XX). El hijo negado (Charles Bon) enamora a la hija. La embaraza. El hermanastro lo asesina por orden de su padre. El padre muere a manos de su ayudante (muy al estilo de alguna película de terror gore de clase B). El hermano asesino se recluye en la hacienda del padre durante más de 70 años. Muere y su cuerpo se descompone en el catre de su padre. La casa es cuidada por la negra y su hijo (con deficiencias mentales).

Ninguno tendrá una segunda oportunidad sobre la faz de la tierra mientras la casa arde hasta desaparecer (quien inicia el fuego es la negra y su hijo escapa y aúlla mirando la luna y desaparece sobre esa tierra maldita).

A Faulkner le dieron el premio Nobel en 1950. En 1936 tenía y estaba desesperado.

Periodista – zion186@hotmail.com



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