Cochabamba, domingo 21 de julio de 2019

Museo o el cine de autor

Sobre el filme mexicano dirigido por Alonso Ruizpalacios, disponible en la plataforma Youtube Originals. 
| Mauricio Rodríguez Medrano | 20 ene 2019

ARCHIVO

Las compañías streaming de internet también hacen cine, con maýusculas. Aunque el festival de Cannes (el 2018) prohibió la participación de películas producidas por estas plataformas en su competición (Okja y The Meyerowitz Stories se presentaron en este festival), Roma (realizada por Netflix) puede que gane un Oscar.

Incluso directores como Martin Scorsese o David Fincher apuestan al streaming. La punta de lanza es Netflix, pero Amazon y Youtube Originals no se quedan atrás. En esta última plataforma se estrenó Museo, de Alonso Ruizpalacios. Es la segunda película del director mexicano (la primera fue Güeros, también recomendable) y con Roma son las dos mejores películas mexicanas del 2018.

Es cine de autor (tiene un cierto aire de las primeras obras de Alejandro Gonzales Iñarritú [Amores perros] y Alfonso Cuarón [Y tu mamá también]). La trama gira entorno a dos personajes: Juan (Gael García Bernal): el autor intelectual, y Wilson (Leonardo Ortizgris): el narrador, cómplice, de la historia. Deciden robar el Museo Nacional de Antropología, en Ciudad de México. Lo hacen en vísperas de la Navidad de 1985.

La película bebe de las fuentes de las novelas de iniciación o aprendizaje: personaje joven (atormentado, sin dirección) que no encaja en su mundo. Recurramos a San Wikipedia (abstenerse los pseudointelectuales): “La temática de esta novela es la evolución y el desarrollo físico, moral, psicológico y social de un personaje, generalmente desde su infancia (o conflictiva adolescencia: esto es de mi cosecha) hasta la madurez”.

Algunos ejemplos de personajes: Rodión Románovich Raskólnikov (de Crimen y Castigo): decide cometer un crimen para demostrar que es más inteligente que la persona promedio y al final descubre que es tan o más estúpido que la persona promedio, Holden Caulfield (de El cazador entre el centeno [dependiendo de la traducción española]): decide escapar de su colegio para visitar a su hermana y ver los patos de Central Park y tiene una crisis existencial.

Juan (de Museo) es un arquetipo de estas novelas. Está cansado de su vida (de su clase social [clase media] y de las mentiras de su clase: en una escena le dice a su sobrino que Papa Noel no existe y su familia se rasga las vestiduras) y está asqueado de su situación (es el eterno estudiante universitario: egresado de la UNAM, pero sin título).

Juan y Wilson son unos ladrones mediocres (y jóvenes mediocres). Roban 150 artefactos mayas. El problema no es el robo (como diría Arjona). El problema es qué hacer con semejante botín: ¿a quién venderlo?, ¿cómo no ser detectado?

La mañana de Navidad Juan y Wilson desayunan juntos. En la televisión un periodista informa acerca del robo. El padre de Juan dice que los ladrones merecerían ser azotados en la plaza central. Juan y Wilson se miran nerviosos. Aquí inicia un viaje para vender las piezas arqueológicas y cambia el tono de la película a una Road Movie.

El director trabaja muy bien los diversos tonos de la película: tragicomedia-película de atraco-Road Movie-Melodrama al estilo Almodóvar-Farsa (es lo que Soren, de Juan Carlos Valdivia debió haber sido o Averno, de Marcos Loayza).

En una de las últimas escenas Juan le dice a Wilson (parafraseo, pero mi IQ es inferior a 100) que cuente la historia del atraco. “Pero no cuentes la verdad”, dice. “Que la mayor parte sea una mentira porque es major”. Es lo que hace grande al cine (y la mejor literatura): nos llena de mentiras y cuando nos enfrentamos a ellas como si miráramos un espejo, el reflejo nos muestra la verdad (¿con mayúsculas?).

Periodista – zion186@hotmail.com



TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

MÁS NOTICIAS DE « RAMONA »:

Opinión en Twitter
Opinión en Facebook
Portada Impresa