Cochabamba, domingo 21 de julio de 2019

Todo sobre Víctor Hugo

Valoraciones, reseñas, semblanzas y otros comentarios sobre la obra del escritor paceño Víctor Hugo Viscarra, fallecido hace 13 años y en cuyo honor se llevará a cabo el “Coloquio con Víctor Hugo” en la afamada Quinta Chernobyl (Quillacollo), el sábado 26 de enero desde las 10.00 horas de la mañana.
| Walter Gonzales Valdivia Edición y selección | 20 ene 2019

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“Víctor Hugo Viscarra, escritor paceño nacido el 2 de enero de 1958, falleció el miércoles 24 de mayo de 2006, antes de cumplir los cincuenta, como él amenazaba. Si una palabra caracteriza su obra, es la autenticidad, de la que él estaba muy consciente. Y eso es lo que lo hace un escritor ejemplar, más allá de cualquier moda y de vanos éxitos”.

A partir de su eclosión como narrador, a comienzos de los 80, Víctor Hugo Viscarra iniciaría una intensa labor de comunicar sus vivencias del submundo de las ciudades de La Paz y Cochabamba. En ambas, Viscarra combinaría los dos lados de la luna, uno obscuro, tétrico y mágico, y el otro luminoso, romántico, misterioso y alucinante. Se lo conoce por sus relatos de los mínimos recovecos de la hoyada paceña, y no tanto por su transitar por la Llajta, donde formó parte de una cohorte de periodistas, escritores, bolicheros y t’irilleros que influyeron decisivamente en su vocación de escritor de la “vida marginal y callejera”.

A 13 años de su despedida definitiva de esta vida, Víctor Hugo Viscarra se ha convertido en una referencia nacional, cuya voz se identifica con el mundo de los desamparados, solitarios y excluidos, pero también con la reivindicación y redención de estos sectores que, gracias a su pluma, se volvieron notorios, transparentes, míticos.

Hablar de Viscarra, según el escritor Sebastián Antezana, se ha vuelto algo complicado o, por lo menos, algo complejo, pues el escritor paceño se ha convertido en una especie de icono de cierta literatura y cierta forma de ver la vida, practicadas con especial esmero en La Paz.

Como una forma de mantener viva su memoria, exponer y proyectar sus obras al público que aún no ha tenido el placer y el “encanto” de conocerlas, presentamos un resumen de algunos trabajos considerados cardinales de su vida y obra a lo largo de sus 49 años cuando se fue con su “muerte amada”.

Vindicación de los marginados

La sonrisa desapareció de su rostro cuando le cedieron la palabra. Un nudo en la garganta quebró su voz mientras unas lágrimas asomaban a sus ojos. “Gracias a los amigos que no me abandonaron en esta etapa de mi vida, su amistad hizo que continúe escribiendo para reivindicar a los marginados”, afirmó Víctor Hugo Viscarra al hojear un ejemplar de sus relatos reeditados e ilustrados por Editorial Tercera Piel. La Paz, ANF 2005

“Lamento que Víctor Hugo Viscarra adquiera popularidad en los medios de comunicación debido a que ven en él a un personaje antes que al escritor. Pasó lo mismo con Arturo Borda y Jaime Saenz, expresiones de la fascinación del personaje, actitud injusta desde todo punto de vista. La narrativa de Viscarra muestra claramente dos elementos: el carácter biográfico y la estructura de unos cuentos hermosos y propositivos. Lo caótico de su escritura es el desafío para el lector. Hay una anarquía que se sale de toda posibilidad de hacer algo, por lo mismo exige una mayor atención del lector”. Virginia Ayllón, 2005

“No es para sonreír si uno sabe que tiene tres juicios por difamación. Me habían dicho: di tu verdad y espera que te rompamos. Pese a eso, yo seguí. Perdí mis manuscritos en una noche de alcohol pero la memoria funcionó y la edición corregida de este libro está acá. Deseo seguir contribuyendo para reivindicar la dignidad de los marginados, porque ante todo, son seres humanos. Yo soy así, no tengan miedo, no muerdo la mano a quién me extiende la suya”. Víctor Hugo Viscarra, 2005

“Desde los callejones paceños y cochabambinos, Viscarra supo transformarse en la punta de lanza del grupo de narradores que comenzaron a gestar sus proyectos literarios algunas décadas después de que el cimbronazo político y social de la Revolución del 52 haya quedado empantanado en reformismos tibios. Pero no tan alejados de la dura herencia de los gobiernos militares y los años dulces de la cocaína y el neoliberalismo. Los relatos de otros escritores paceños, como la extensa obra del maldito Jaime Saenz, los cuentos de Adolfo Cárdenas, Wilmer Urrelo y William Camacho encuentran fuerte sintonía con la obra de Viscarra. Relatos urbanos, textos con un manejo erudito del argot callejero y sus códigos; historias autobiográficas donde el humor ácido y la ironía se beben de un saque. Cuentan que, en varios de sus relatos, Viscarra vaticinó su muerte antes de llegar a los cincuenta años (‘Nacionalizo una pistola y me pego un tiro’). El tiro del final se lo dio una cirrosis fulminante, que se lo llevó en mayo de 2006”. Nicolás G. Recoaro, Escritor

“Su tema era el submundo del que fue parte desde siempre y, aunque son muy pocos los que salen de allí, él lo hacía eventualmente porque sentía la necesidad de contar lo que allí se vive. Comunicar con el lenguaje adecuado la realidad que se gesta día a día en los márgenes”. Manuel Vargas Severiche, escritor

El “etnógrafo” de la marginalidad

“Viscarra escribe la realidad y vuelve a la literatura de hace muchos años, cuando no estaba desarrollada la antropología y sociología, y la literatura se encargaba de reflejar la cultura. Él, sin querer, se convirtió en un etnógrafo del margen, privilegiado por ser una persona no privilegiada que vivía en el margen”. Willy Camacho, escritor y director de Editorial 3600, 2019

“Un legado que dejó a través de la experiencia de su vida marginal traducida en la literatura. Él cuenta una parte oscura de la realidad que nunca ha sido escrita y descrita. Viscarra era un auténtico marginal y su aporte es un ver desde adentro. Su literatura corresponde al terreno sociológico”. Humberto Quino, escritor y poeta, 2019.

“Viscarra era un narrador en etapa de estudio. Un personaje de la literatura boliviana que habla del otro lado de la ciudad de La Paz, aquel que no es visible, una urbe de antros, de cantinas, de los alcohólicos y marginados. Lo ubicaría junto a René Bascopé Aspiazu (1951-1984, escritor boliviano), y Jaime Saenz (1921-1986), en alguna de sus obras. Estos escritores son los que exploran territorios poco visibles de La Paz”. Omar Rocha, Escritor, 2019

“Putas, rateros, aparapitas, vagabundos, despechados y solitarios lo acompañaron mientras descubría todos los laberintos más oscuros de La Paz. En las cantinas formó su literatura, en las celdas de la Policía descubrió la indolencia. A veces encontraba en las parroquias de la Max Paredes, San Francisco y Villa Victoria algún sitio para amagar al frío, pero en su mayoría debía soportarlo debajo de un puente o en los puestos de los mercados”. Mauricio Rodríguez, escritor.

“El Bukowski boliviano o Viskarrowski, le llamaban algunos periodistas. El narrador de los márgenes, decían otros. Pero él se definía simplemente como un pobre diablo que esperaba ir al infierno. Porque allí, bromeaba, por lo menos hay calefacción”. Alex Ayala Ugarte, escritor.

“¿Antropólogo?’. ‘Sí. Es que me conozco todos los antros’. ‘Víctor Hugo no abandonaba su sarcasmo ni en las peores depresiones provocadas por el excesivo alcohol. Fue un soldado de los tugurios, de la asquerosa periferia en este hoyo que escupe a esos que no se ataron o no pudieron hacerlo a las normas de una sociedad indiferente con los del alma frágil”. Marco Basualdo, escritor.

Relatos sobre su muerte

“Víctor Hugo Viscarra no murió en su ley, como quería: solo y como un perro, pero libre, tomando el último trago. No pudo decirle nada al alcohol —que tanto le dio y tanto le quitó— en sus últimos suspiros. No pudo brindar ni tan siquiera con una gota de alcohol adulterado. Porque dijo adiós desde una cama de hospital, no en una cantina. Porque mientras sufría su estómago maltrecho sólo admitía las cucharaditas de sopa que la escritora Vicky Ayllón le daba a la boca con la paciencia de un editor de textos”.

“Viscarra solía decir a sus amigos más cercanos que no pasaría de los cincuenta. Que si lo hacía, ‘nacionalizaría un revólver para pegarse un tiro’. Pero no hizo falta. El cuadro clínico que lo llevó a la tumba resultó más contundente que un disparo: reumatismo, neumonía crónica, alteraciones digestivas y cirrosis galopante. Se fue un miércoles, a las diez de la mañana del 24 de mayo de 2006, a los cuarenta y nueve años”. Álex Ayala Ugarte, escritor.

“Murió el 24 de mayo del 2006, a los 49 años, en la cama de un hospital, lejos de un antro. Se lo llevó no un disparo sino una cirrosis fulminante. Refieren los reporteros que cubrieron su entierro que solo un puñado de amigos lo acompañó en el Cementerio General de La Paz, donde reposa en una humilde tumba pero ahora que es una leyenda -marginal pero leyenda- los que lo visitan no le llevan flores, sino una botella de licor”. Freddy Zarate, escritor.

“Fueron once meses y tres semanas exactas alejado del desenfreno del alcohol. Pero días antes de ser homenajeado en la feria del libro paceña versión 2004, volvió a caer en las garras de su mejor amigo o peor enemigo. ‘Me pidieron catar un preparado y desde ahí no la he parado. Si en algo habían tenido razón los idiotas de los A.A. (Alcohólicos Anónimos) es que cuando uno reincide es mucho peor, dijo aquella noche en que fue tratado a lo grande en uno de aquellos fríos galpones de la feria”. Marco Basualdo, escritor.

“—Ya estoy demasiado mayor para amargame— nos dijo. Ya nunca más volvería a escuchar su voz. Dos semanas más tarde, ingresó al hospital Arco Iris. Otras dos después murió”, Alex Ayala Ugarte, escritor.

El día de su entierro, Virginia Ayllón, según Ayala, brindó a su salud con los alcohólicos que seguían la comitiva fúnebre.

—¡Viva La Guerra! —gritó alzando un botellín de cerveza en honor al boliche donde una vez se emborracharon juntos.

—¡Ya, mierda, así como pateaste la vida patea ahora la muerte! —dijo después. Y la tierra se tragó a Viscarra con la misma velocidad con la que él vaciaba los vasos una y otra vez cuando estaban llenos.

La última entrevista

“Pierdo la noción del tiempo y algunas noches, víctima de los insomnios prolongados que hacen fechorías en mi cerebro. Se acelera, se me escapa todo lo negativo y me asusto. A veces lloro, pero como estoy sin compañía nadie se entera. La hora avanza y espero a la amanecida para huir del antro en el que me encuentre en ese momento. Entonces, me pongo más tranquilo. Cuando me siento ya muy mal, tengo mi propio tratamiento: primer día, puro líquido, agua, mates o refrescos; después, cosas suaves, como sopa; y luego me meto lo que venga: pollo, res o lo que sea. Soy como un perro, sin ayuda me curo, yo solito”. Entrevista con Álex Ayala Ugarte, escritor.

“En la última entrevista que dio, pocos meses antes de su muerte, Viscarra decía: ‘El mío es un trabajo contraliterario. Hay muchos que se sienten ofendidos con mi literatura. Con mi libro Borracho estaba, pero me acuerdo he tenido tres juicios por difamación. Pero como no tengo un lugar fijo donde vivir, no pasó nada. Además, todos los que me homenajean son unos hipócritas que viven en la porquería. El Apocalipsis dice que vendrá y el Juicio Final, y habrá gente que se irá al infierno por sus actos, pero yo digo: me da igual, porque he vivido toda mi vida en un infierno”. Nicolás García Recoaro, escritor.

Periodista - nerstor.joaquinfe@gmail.com



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