Cochabamba, jueves 24 de enero de 2019

Depresión y ansiedad desplazan a la psicosis en consultas psiquiátricas

Hay 400 trastornos mentales que afectan a la población en Cochabamba. Algunas personas todavía creen que hay “posesiones demoníacas” y se vulneran los derechos de las personas con discapacidad. 
| mARÍA LUISA MERCADO WhatsApp: 67465193 | 13 ene 2019





Los trastornos de ansiedad y depresión son la primera causa de consulta y de internación en el Instituto Psiquiátrico San Juan de Dios, informa el director médico Hernán Olivera. En 2013, las psicosis (enfermedades mentales caracterizadas por una desconexión de la realidad) estaban a la cabeza, pero, ahora están en primer lugar los trastornos de ansiedad y depresión. Ha cambiado la prevalencia de enfermedades psiquiátricas que son al menos 400.

“Una persona con ansiedad y depresión no tiene porqué ser privada de sus derechos sexuales y reproductivos”, asegura Olivera.

El 5 por ciento de la población latinoamericana sufre depresión. El psiquiatra destaca que en Bolivia no hay una política que restrinja los derechos sexuales y reproductivos. “No se puede privar a nadie del ejercicio de su sexualidad, es algo natural en el ser humano como la alimentación y el sueño”, añade. Esos derechos que deben ser ejercidos con responsabilidad y, si hay transgresión, pasa a tener una categoría legal, no médica.

Olivera afirma que hay un estigma referido a la enfermedad mental.

La persona con discapacidad mental puede ejercer su sexualidad.

”No nos metemos en los problemas legales que puede tener el paciente”, aclara. La gente cree que el enfermo mental es irrecuperable, que nunca cambiará. Por ello es internado, incluso privado de sus derechos sociales y humanos.

“Es la herencia cultural del remoto pasado. Se necesita política de salud que luche contra el estigma”, porque prevalece la violencia de las comunidades primitivas que todavía creen que la enfermedad mental es una posesión demoníaca.

Un pastor fue hasta el psiquiátrico a ver a su hija para decirle “demonio, sal de este cuerpo” y echarle óleo santo. La hija ve como algo terrible “ser poseída por el demonio”. Otro regó con óleo santo el area de pacientes “para que salga demonio de su cuerpo”.

Olivera señala que al Psiquiátrico llegan pacientes flagelados, porque los creen poseídos y quieren "hacer insoportable la casa del demonio".

Además de azotarlos, los aislan, los abandonan y encierran cuando tienen psicosis y cuando ya no hay ruido, el paciente puede haber muerto o pasado la crisis.

Hoy se puede ver en el Templo de San Juan de Dios pedidos ante el Señor de Mayo que dicen: “Llevátelo, no lo podemos soportar”. Según Olivera, esa es una manera de creer que el trastorno es incurable.

“El retraso mental no es una enfermedad, sino estado patológico que necesita intervención de equipo multidisciplinario. Puede mejorar con ayuda profesionales y, tal vez, el uso de fármacos”, detalla el psiquiatra.

Los niños con retraso mental se distancian de sus pares por falta de cuidados y acciones psicopedagógicas. Ellos son victimizados y el retraso los hace muy vulnerables.

Sufren severas depresiones porque se culpabilizan de las violaciones, creen que las provocaron y aumenta el cuadro depresivo, hasta llegar al suicidio.

Olivera afirma que a veces tienen que lidiar con personas con características muy agresivas de carácter hereditario, ambiental o educativo, que forman una personalidad inestable, ya sea por la migración y/o por familias disfuncionales. Si el varón sale, la madre aglutina a la familia, pero si ella emigra, sus hijos quedan con otros familiares que cometen actos violatorios. Con los abuelos, los hijos andan sueltos, consumen drogas y adoptan una conducta irresponsable.

Olivera observa que, en algunos colegios, no permiten a hombres y mujeres ni tomarse de las manos.

Relata que, en un centro educativo secundario, dibujó el útero, las trompas y ovarios. Preguntó ¿qué es esto? Dijeron “una vaca”, porque nunca vieron ese dibujo y desconocen temas de sexualidad.

El Director del Instituto señala que si una persona tiene algún problema serio respecto a su sexualidad, puede hacerse junta medica para decidir si debe ligarse las trompas o disminuir su impulso sexual.

Hace años, llegó al Psiquiátrico un hombre con retraso mental, muy peligroso, que atacó sexualmente a varias menores y asesinó a algunas. En el Psiquiátrico se debatió sobre el gran peligro de homicidio. Se propuso esterilizar al paciente, castrarlo químicamente, darle hormonas femeninas. Nadie aprobó esa política, lo trasladaron a Sucre. Huyó y volvió a cometer homicidios y regresó al Psiquiátrico. Se usó un fármaco que disminuye el impulso sexual y resultó favorable. En la fiesta de la primavera, ese paciente se sacó la chaqueta para que la reina pase por encima. Bajo el efecto del fármaco, que bajaba el nivel de la líbido, quizás maduró su cerebro para comprender que su conducta sexual era reprochable, concluye Olivera.

Política

Se necesita una política de Salud que luche contra el estigma de las enfermedades mentales y las concepciones primitivas.

Hernán Olivera

Director mÉdico del Instituto Psiquiátrico

Se necesita hospital judiciario en el país

El Instituto Psiquiátrico San Juan de Dios enfrenta serios problemas cuando le remiten presos con problemas psiquiátricos. Hay limitaciones de seguridad. El paciente puede escapar o ser muy agresivo. En todos los países hay un hospital judiciario, pero, ante la carencia, el Estado otorga algunos ítems, a cambio de que internen reclusos.

Hay gran déficit de psiquiatras

En América Latina hay un promedio de 1.6 psiquiatras por cada 100.000 habitantes.

En Bolivia, no hay más de 150 psiquiatras para más de 11 millones de habitantes. El director del Instituto Psiquiátrico San Juan de Dios, Hernán Olivera, afirma que los servicios de salud mental deberían comenzar en la atención primaria de salud.





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