Cochabamba, domingo 17 de febrero de 2019

Roma o la creación ficcional

Sobre la película del mexicano Alfonso Cuarón y la crítica boliviana de ella.
| Mauricio Rodríguez Medrano | 30 dic 2018



Leí varias críticas bolivianas sobre Roma, de Cuarón. La mayoría se refieren a que la película no capta la realidad. Para eso está la sociología (¿está la sociología?). También a que en el filme no se representa a la empleada doméstica (para los que gustan de los estereotipos universales).

Esto me hizo recuerdo de un comentario que dio un escritor sobre la novela Soundtrack, de Camila Urioste (más que todo fue mala leche porque su amigo no ganó el premio). Dijo (parafraseo y quito lo soez) que la novela apenas era una porción de lo que es ser paceño y que si la autora quería hacer una mejor novela debía hablar sobre lo que es el alteño y los bares y la verdadera naturaleza de quienes viven en La Paz.

Dicho esto, creo que es necesario hablar sobre la ficción.

1. Toda creación ficcional es Madame Bovary

Cuando Flaubert dijo que él era Madame Bovary resumió en esas palabras lo que es toda obra de arte: una experiencia personal.

No podría criticar a Mark Twain cuando en Huckleberry Finn el narrador se comporta como un racista del sur de Estados Unidos. Tampoco podría esperar que su novela fuera antirracista o anticolonizadora o feminista o que tocase temas sobre el norte de los Estados Unidos y desacreditarla por esa razón.

Peor aún: tampoco podría decir que El nacimiento de una nación, de Griffith fuera una pésima obra de arte porque era racista en esencia.

Otra cosa es que vea esa película con recelo desde la actualidad, al igual que veo con recelo los documentales nazis de Riefenstahl.

Eso no quita la maestría de quienes hicieron la obra de arte, aunque parezca políticamente incorrecto.

Huckleberry Finn, al igual que Roma, es una experiencia personal transformada en arte (una usa la palabra como medio la otra la imagen).

2. Toda creación ficcional es un mundo con sus propias reglas

Para los naturalistas que creen que hacer arte es copiar la realidad y hacer panfletos sociológicos: toda obra de arte es un mundo con sus propias reglas, muy diferente a la realidad. El escritor, cineasta, pintor, escultor es un disconforme de la realidad y por eso la destruye y la transforma.

Es erróneo decir que Roma no representa a las clases sociales o a la empleada doméstica latinoamericana. Para eso Cuarón mejor escribía un tratado sociológico sobre la empleada doméstica en los años ochenta. O Camila Urioste escribía un tratado antropológico sobre la esencia del paceño-alteño en los años noventa.

Ellos crearon un mundo con sus reglas: en el de Cuarón la empleada doméstica es callada, a apenas un fantasma, la base de una familia que está en descomposición; en el de Camila su mundo está lleno de pérdidas (es un mundo fragmentario) y de personajes que no tienen un norte, acompañado de fondo con la música de Lou Kass u Octavia.

La crítica debería ser enfocada sobre la coherencia de ese mundo, sobre la capacidad del autor de utilizar de mejor manera las herramientas (Cuarón con la dirección, el uso de planos, secuencias, escenas y el desarrollo de personajes; Urioste con su capacidad de narradora, el uso de palabras, oraciones, escenas y el desarrollo de personajes).

Pero a la crítica (ahora generalizo) le falta mucho aprender.

Escritor – zion186@hotmail.com



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