Cochabamba, jueves 21 de marzo de 2019
Nido del cuervo

La religión ideal del poeta Hölderlin

| Ana Cecilia Ballerstaedt | 30 dic 2018

Sobre la religión titula el breve texto de Friedrich Hölderlin, poeta de origen alemán que vivió entre los siglos XVII y XVIII. Contemporáneo del lírico Goethe y el estudioso platónico Schleiermacher, Hölderlin no se queda atrás en el tratamiento de temas filosóficos, tan en boga por aquel entonces, sino que animado por una curiosidad teológica, se embarca en pos de una reflexión en torno al fenómeno religioso. La religión es para el poeta una conexión, y en su establecimiento se muestra lo infinito. Es decir, el relacionamiento efectivo de dos o más elementos entre sí hace visible, patentiza, la noción de infinitud. Sin ser lo infinito, la religión representa la conectividad en la que aquél se manifiesta. Así como el agua, por ejemplo, es conductora de electricidad sin ser ella misma algo propiamente eléctrico, la religión es el canal que permite a lo infinito, al cual aspira, desplegarse, sin que esto implique que entre ambos exista algún tipo de identidad compartida u homónima.

Afianzado entonces el nexo que emparenta a los elementos, es decir, que los conecta, se muestra, por fin, el anhelado infinito, y, con ello, el advenimiento de la religión. La sólida creación de un lazo que nos aproxime a la infinitud evidencia, en efecto, su sentido. Así, es en la creación de una relación de este tipo que podemos afirmar, recién, que tenemos algún entendimiento de lo infinito e inmortal, pues en aquel instante éste se hace presente ante nosotros. La religión, por tanto, no es infinita, sino que es la fabricación de una conexión que parte de lo finito, la vida natural, biológica y animal del humano, hacia lo espiritual, plano que supera el mecanicismo asociado a la cotidianidad existencial, que de algún modo representa eso que denominamos infinito. “Vida efectiva” o “vida sin más” ha llamado Hölderlin a la primera; “vida del espíritu” a la segunda. Reunidas ambas por el poder cohesivo de la religión, manifiestan en esta simbiosis lo infinito, como un espejo en el que éste es capaz de reflejarse y mostrarse sin inconvenientes. Su unificación representa, en algún sentido, la contextualización de la infinitud en lo que es finito, gracias a la cual somos capaces de aprehenderla.

Sin embargo, no basta esta síntesis conectiva entre uno y otro para intuir o sentir satisfactoriamente lo infinito, sino que es forzoso que una de las partes de esta fusión decaiga para que el proceso sea completado con éxito. La vida efectiva es la que debe, en este caso, sacrificarse para el cumplimiento de esta finalidad. Hölderlin nos hablará, pues, de una “detención de la vida efectiva”, que nos habilitaría a entrar al estadio espiritual y superior. La invención del lazo que permita acoplar la vida corriente a la del espíritu supone entonces la atenuación de la primera de ellas. Crear conectividad implica amedrentar la atmósfera de iniciación, desde donde se establece el vínculo. Disminuido el origen, apocado y adormilado, resulta el material adecuado para una óptima conexión, que se repliegue más allá de su punto de partida (la vida corriente o la vida sin más). Hölderlin describe el proceso como una repetición de aquella porción de la vida efectiva por la cual experimentamos algún tipo de placer; pero de modo que este repetir sea ejecutado no ya en el contexto cotidiano existencial donde se originó, sino dentro de la atmósfera de la vida del espíritu. De esta manera, se observa que el apocamiento de la vida ordinaria no supone una destrucción o un olvido, sino una suerte de traslación, que si bien modifica o mitiga su esencia, no la relega ni excluye, sino que la conserva en la atmósfera de una realidad paralela y ligeramente distinta. Hölderlin propone, sencillamente, la reinvención de la vida natural dentro del plano de lo espiritual, sin duda más elevado y hermoso. Esta reelaboración o recreación supone la estructuración de un nuevo orden, que sea capaz de amoldarse a su nuevo terreno sin alterar su originalidad, sino conservándola en lo posible. Esta es, sin duda, la idea de la religión que el poeta nos quiere transmitir, la noción de un emprendimiento creativo, que trabaje sobre el material de la vida misma, ordinaria y normal, en cuya innovación se establezca una conexión infinita.

Filósofa - acballerstaedt@gmail.com



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